EXCUSAS PARA EXPOLIAR
Siempre hay excusas para continuar el expolio de lo natural. La Revolución Industrial inauguró una era de imperialismo ecológico que dependía de las fuerzas del subsuelo (la expansión industrial e imperial de ciertos países depende de la apropiación de recursos y sumideros de otros). Hace unos años, la digitalización dominaba el argumentario. Conocimos los conflictos del coltán y se miró hacia otro lado.
Luego nos intentaron vender que la transición ecológica necesitaba arrasar territorios: unos para extraer tierras raras (minería) y otros para instalar las renovables. Ahora son la IA, los centros de datos y las macrogranjas. La primera ha disparado el número, tamaño y consumo de los segundos y, si algo destaca, es la opacidad para impedir evaluar su verdadero impacto en la vida de las personas y en los ecosistemas.
Los centros de datos —denominados bucólicamente la
nube— devoran ingentes cantidades de electricidad —alcanzando ya el consumo de países enteros— y
extraen millones de litros de agua para
la refrigeración por evaporación de sus servidores, desecando acuíferos locales
y compitiendo directamente con el suministro de las comunidades. Una cosa está
clara: cuando dicen que gastarán poca agua, es porque gastarán mucha energía; y
viceversa. Por su parte, las macrogranjas, además de maltratar animales a nivel
industrial y de acaparar agua, también contaminan con nitratos los acuíferos y
con peste el ambiente.
Repitamos: siempre hay excusas para continuar el expolio
de lo natural.
Se buscan zonas de sacrificio. Cuando se trata de arrasar territorios, ni siquiera las zonas protegidas están a salvo. Allí donde hay pobreza, prolifera la corrupción y las empresas se aprovechan para medrar y destrozar. El ejemplo más evidente es África. Durante siglos, el extractivismo practicado por los gobiernos y las corporaciones occidentales ha ido empobreciendo más y más a la población local. Nunca se ha pretendido pagar sueldos dignos por los minerales críticos (como el coltán), por los diamantes, por los combustibles fósiles, por los metales preciosos (oro y platino), por los trofeos de caza, ni por el café, el cacao o el pescado.
A esto hay que sumar
cinco factores demoledores: la hipocresía
cristiana, la moderna invasión
de racistas, las asfixiantes deudas externas, los conflictos
militares alimentados con armas de los países ricos y, ahora,
tampoco podemos olvidar el aumento
de las temperaturas globales, que en este continente es, si cabe,
aún más dramático. África emite menos del 4% de los gases de efecto invernadero
mundiales, pero sufre las consecuencias más duras: desertificación,
hambrunas, entre otras.
Con esta situación, no podemos extrañarnos de que muchos
jóvenes africanos se jueguen la vida para llegar a Europa. Prefieren malvivir
en Europa con la esperanza de progresar, que vivir desesperados en sus países
de origen. Prefieren atravesar el mayor cementerio del mundo —el mar
Mediterráneo— antes que ahogarse en la desesperanza.
A toda esta situación —que se ha ido agravando durante
décadas—, contribuyen ahora dos personajes oscuros: un Trump necio y vengativo; y
su amigo Mohamed VI,
rey dictador de Marruecos, un sátrapa que prefiere ver morir a su pueblo antes
que vender uno de sus múltiples palacios; un tirano apodado «el rey ausente»
porque pasa más tiempo en Francia que los franceses; un déspota que encontró
excusas para expoliar al pueblo saharaui y también las encuentra para exprimir
al pueblo marroquí. Siempre hay excusas.
Lo dejo aquí porque tengo que ir a comprarme un smartphone nuevo,
ya que el que tengo tiene ya un año y se ha quedado vintage.
https://blogsostenible.wordpress.com/2026/08/13/excusas-para-expoliar/

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