20.3.26

Gaia sería como un organismo multicelular y nosotros seríamos sus células

TEORÍA GAIA: Ante el colapso de la civilización

¿Cómo hacer una crónica? Esa fue la pregunta que venía a mi cabeza cuando entraba por la puerta del Ateneo Libertario La Idea, para escuchar la conferencia de Carlos de Castro titulada «La teoría Gaia y el pensamiento sistémico ante el colapso de la civilización».Voy a comenzar con la definición de colapso. Existen tres posibles colapsos.

1. El colapso de la civilización

El primero de ellos es el de la civilización. Aquellas que se han venido a llamar civilizaciones a lo largo de la Historia han durado un tiempo finito, entre 300 y 3.000 años. Un colapso no es una desaparición suave, sino rápida en términos históricos. Si colapsa nuestra civilización, la población desciende significativamente.

También se producen desequilibrios económicos e incluso la desaparición de sistemas económicos (el capitalismo en nuestro caso). Un colapso rápido en el contexto actual sería de unos 50, 100 o 150 años y la probabilidad de que este acontezca es cada vez más alta a medida que nos adentramos en el futuro.

Desde un punto de vista sistémico, la certeza del colapso de esta civilización es absoluta, en la medida en la que un científico puede tener una certeza absoluta, es decir, no se trata de un 100% de seguridad. Esta civilización está destinada a colapsar o incluso podría decirse que ya está colapsando, aunque tampoco es un acontecimiento que ocurra de golpe: es una cuestión de décadas. ¿Qué indicadores tenemos para afirmar esto? Que todas las entradas y salidas de nuestro funcionamiento como civilización ocurren desde y hacia la biosfera y ahí tenemos problemas muy graves, incluso más de lo esperado por los científicos según pasa el tiempo. Con las salidas, por ejemplo, tenemos el problema del cambio climático. Estamos quemando petróleo, gas, carbón, emitimos CO2 y la atmósfera reacciona cambiando el clima. Generamos muchísima contaminación. También tenemos problemas con las entradas, por ejemplo escasez de ciertos materiales. Vivimos en un planeta con recursos finitos y cuestiones como la escasez de petróleo ya están provocando guerras.

El más importante de los factores ambientales es la pérdida masiva de seres vivos, de biodiversidad. Las tasas de extinción que causa nuestra civilización son del orden de una Sexta Extinción Masiva. Y si siguen creciendo en las próximas décadas, podemos acabar con todo lo que está vivo en un plazo entre 50 y 200 años. Aunque sería más probable que se acabase la civilización antes de que se produjese esa completa extinción, debido a la interdependencia que tenemos con la biosfera. En las cinco extinciones masivas anteriores los animales terrestres de más de 25 kg no sobrevivieron. Respecto a esto, tenemos que luchar contra ese mito del progreso tecnológico infinito, por el cual los sucesos del pasado no tendrían nada que ver con nosotros debido a lo especiales que nos creemos los seres humanos.

Cualquier ingeniero te dirá que cabe hacer una transición energética, pero que no se puede hacer de un día para otro. Aun así, esa es la pretensión actualmente. Si tomas la única variable del cambio climático puedes intentar buscar una solución dentro de las estructuras socioeconómicas actuales. Pero existen otras 300 variables más, así que queda fuera de lo posible buscar una solución dentro del mismo sistema.

El informe de Meadows y Randers Los límites del crecimiento, ya tiene más de 50 años. En este primer informe presentaron un modelo informático, World3, y en sus pasadas estándar  (escenario que mantiene las tendencias del pasado) llegan a la conclusión de que a lo largo de este siglo XXI colapsaría la producción industrial, la población humana, etc. Es tan sencillo como entender que en un planeta finito no puedes crecer exponencialmente siempre, que llega un punto en el que tienes que decrecer. En World3 introdujeron otros escenarios distintos que rompían las tendencias, pero ninguno de estos escenarios se ha venido cumpliendo porque las estructuras socioeconómicas tienen una gran inercia al cambio. Desde estas estructuras se negaron los hechos por mera cuestión de fe. Hoy en día se han hecho modelos y escenarios con variables más actuales y las salidas siguen siendo las mismas. No hemos superado aquel modelo, se han añadido más capas, pero lo básico ya estaba en aquel informe.

Otra capa importante es la cosmovisión y los mitos fundantes de esta civilización, que aún tienen más inercia para poder transformarse. Por ejemplo, el sistema patriarcal lleva denunciándose siglos y aún seguimos en él. Históricamente ha sido una involución porque ha habido sociedades con menos machismo del que tenemos ahora. La mentira es creer que no funcionamos por mitos y que somos totalmente racionales, científicos. Yo no sé cuál va a ser el futuro, pero sí sé qué futuros no van a ser posibles: el colapso de la civilización es inevitable porque no hay tiempo para mover todas esas capas. Pero hay que intentar no hundirse del todo y eso es lo que hay que proponer. Este primer colapso, el colapso de nuestra civilización, tiene una posibilidad superior al 95% de ocurrir.

2. El colapso de nuestra especie

Otro colapso posible es que colapse el Homo, el ser humano. No se sabe cuán probable es este colapso. De todos los Homo que había, ya solo queda uno, así que ya hemos sobrevivido menos de los que, de media, sobrevive una especie. El Homo sapiens lleva 300.000 años existiendo, que está muy por debajo de la esperanza de vida promedio de una especie, que es de 10.000.000 de años. En 1851, 20 años antes que los trabajos de Charles Darwin (que pretendían demostrar científicamente que las mujeres eran inferiores a los hombres), se traduce al español Cosmos, de Alexander von Humboldt, quien tras sus viajes a América hizo un compendio de todo lo que había estado investigando y escribiendo. En el prefacio a la edición española, el culto traductor explica que la ciencia ya ha demostrado que eso de la raza no tiene sentido, que todos tenemos las mismas capacidades y que sus diferencias dependen de la sociedad. Pasan las décadas y oímos:

El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto. La bella rosa estadounidense solo puede alcanzar su máximo exponente si eliminamos los capullos que crecen a su alrededor. Esto no es una tendencia maligna de los negocios, es más bien solo la elaboración de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios.

Esto lo dijo Rockefeller, la persona más rica del mundo, en 1930, en una conferencia a escolares. En 1942 Hitler afirma que "si la naturaleza es cruel, ¿por qué no lo vamos a ser nosotros". Y en los años 20 de este siglo, oímos «¡Libertad, carajo!». Lo que está claro es que los discursos son cada vez más simples. A partir de Darwin se produce una involución de la ciencia de la que aún no nos hemos librado. Para explicar los mitos antropocéntricos y la permanencia de la vida, desde la ciencia se ha recurrido a la diosa Fortuna: sea por Dios o por fortuna, somos así de especiales y por eso estamos aquí solos en este universo enorme. Pero esa no es una actitud científica.

Por el contrario, hay una teoría científica que puede explicar la permanencia y aumento de complejidad de la vida: la Teoría Gaia.

3. El colapso de Gaia

Un tercer posible colapso es el colapso de Gaia, el menos probable de todos. Las posibilidades de este colapso son muy bajas (aunque no cero), ya que Gaia es muy resistente y, ante la mayoría de los escenarios de colapso de nuestra civilización y de nuestra especie, es muy probable que sobrevivan algunos seres vivos que permitirían a Gaia recomponerse o curarse a partir de ellos.

Hay distintas concepciones de Gaia. La Gaia de Lovelock, de Margulis y de científicos que han trabajado con ella es la que llamo la Gaia cibernética: Gaia como un mecanismo complejo. La Hipótesis de Lovelock y Margulis es que todos los seres vivos nos hemos puesto de acuerdo para generar un entorno, una tecnología que le permite a la vida mantenerse a lo largo del tiempo. Los neodarwinistas se oponen a esta concepción, creen que no puede ser así porque somos egoístas por naturaleza, y por tanto no tiene sentido que nos hayamos puesto de acuerdo. Lovelock y Margulis se fueron deshaciendo de esta inspiración, manteniendo cierta ambivalencia, pero con lo que se quedaron al final fue con la idea de coevolución: los seres vivos coevolucionan con su entorno, es decir, entorno y seres vivos coevolucionan para dar lugar a una biosfera habitable para toda la vida. La biosfera, dicen, es como un avión de pasajeros que va con piloto automático, y ese piloto automático sería Gaia. Pero el problema es: ¿quién ha diseñado ese piloto automático o cómo se ha producido? ¿Qué ha podido pasar para que la temperatura esté más o menos regulada, la salinidad de los océanos sea óptima, y la impresionante cantidad de cosas reguladas que existen?

¿A dónde puede llevar toda esta visión cuando se analiza el papel del ser humano dentro de un sistema así? Lovelock y Margulis van a denunciar los problemas ecológicos, son gente preocupada por la marcha ambiental de nuestra civilización con Gaia. Como si estuviésemos aporreando el piloto automático, nuestra civilización es un pasajero grillado que puede destruir el avión. La idea, pues, es hacerlo mejor y dejar de aporrearlo, pero no solo eso, sino ir más allá.

Pero fijémonos en qué dice de estos asuntos el científico ruso Vladimir Vernadski. En los años 20, 30 y 40 del siglo pasado es el primer científico en popularizar el término biosfera. Antecede a Lovelock, por tanto. Vernadski empieza a hablar de la noosfera: para él sobre la biosfera está la noosfera, de forma que los seres humanos somos ese emergente superior, cayendo en un antropocentrismo importante. Y ¿qué futuro ve para nuestra relación con la biosfera? Él habla de humanismo global, la humanidad a través de la cienciocracia y la tecnología nuclear, vaticinando un control tecnológico de la biosfera.

Lovelock en 1975, tras la presentación de la Hipótesis Gaia, publica un artículo donde escribe que el futuro de la humanidad es convertirse en el Sistema Nervioso Central de Gaia. Por su parte Margulis y su hijo Dorion Sagan afirman 20 años más tarde que la diversidad tecnológica humana compensa o incluso mejora la pérdida de diversidad biológica. Cuando se desvían de Gaia y van al papel que hay que asignar al ser humano en ese sistema u organismo, caen también, pues, en antropocentrismos. Lovelock acaba diciendo que ni siquiera el ser humano será el que controle Gaia, sino la IA. Posteriormente, Timothy Lenton y Bruno Latour publican un artículo con el título de "Gaia 2.0". Se trata de una metáfora informática: Gaia como sistema mecánico y los seres humanos como los grandes tecnólogos que podemos superar ese sistema. Por un lado, mantener el piloto automático —esfuerzo ecologista, sí— pero con la idea de sustituirlo por uno más robusto hecho por humanos. Todos estos autores, aunque quieran evitar el desastre y lo visualicen, siguen manteniéndose en los mismos mitos. Son formas de ver el mundo que no rompen en realidad con los mitos fundantes que nos llevan al colapso.

El climatólogo más famoso, James Hansen, y sus colaboradores, denunciaban el año pasado el rumbo desastroso del clima, un problema urgentísimo, con tipping points ya sobrepasados y señalaban que nuestros hijos tendrán que vivir con las consecuencias de nuestros actos. Aun así, manifiestan una nostalgia del pasado por no haber desarrollado más la energía nuclear, y por añadidura plantean la geoingeniería. Reinciden, por tanto, en el mito del control y de la capacidad tecnológica para usar a Gaia a nuestro antojo, algo así como hacer al aporreador ingeniero para que conduzca al avión. Seguimos dando vueltas a lo mismo desde hace más de un siglo.

Pero existe otra concepción de Gaia: la llamada Gaia orgánica, defendida por muy pocos científicos, y cuyo estudio académico directo tan solo estoy realizando yo. La idea de Gaia orgánica es que el conjunto de seres vivos hemos formado un organismo. La biosfera sería la casa de Gaia hecha por ella. La Teoría Gaia orgánica explicaría los procesos que llevan a Gaia. Vivimos en un ente, del que somos parte, como una célula más. La mayoría de las culturas humanas, tanto de facto, como en su comportamiento, como en sus creencias, han entendido que hay un todo alrededor del que formamos parte, y que se ha entendido muchas veces como una deidad.

Gaia sería como un organismo multicelular y nosotros seríamos sus células. Algunas consecuencias de esta visión que aspiro a que sea científica: no solo seríamos interdependientes y tendríamos antecedentes comunes con las otras especies, sino que es un paso más allá. Se reduce nuestro ego, pero a la vez formas parte de algo mayor que tiene entidad per se. El conjunto es lo que tiene también su valor: yo soy más que la suma de mis células. ¿Cuál es la cosmovisión que puede surgir de aquí? Lo primero es sentir que reconectamos con otras experiencias y cosmovisiones con las que se puede dialogar. Quizás nos ayuda a generar nuevas cosmovisiones y mitos que ayuden a una transición que no cometa los errores que ha cometido esta civilización. Y quizás surja una simbiogénesis, entre nuestras culturas y otras nuevas culturas hacia otra forma de sociedad. Para ello tenemos que deshacernos de tres mitos fundacionales de nuestra civilización: 1) el antropocentrismo; 2) el mito del progreso infinito, sobre todo tecnológico; y 3) el sentimiento de cultura extraña que se siente ajena en su propio organismo.

Una opción interesante consistiría en fundar una suerte de religión de base racional científica a través de esta simbiogénesis. Por ejemplo, aquí en España, las propuestas de Simbioética de Jorge Riechmann, o la mesorreligión que propone Ferran Puig Vilar en su próximo libro  Derrumbe y regeneración. Una religión laica que nace del deseo de ser uno con todo lo que vive, como propone Santiago Beruete en su reciente libro Filosíntesis. Podemos buscar reducir las posibilidades de extinción humana y, en vez de vernos como un pasajero un poco extraño y especial, vernos como células, lo que aumenta la dignidad de los demás seres vivos y de Gaia sin tener que rebajar la nuestra. Vernos a nosotros mismos con el privilegio de estar conociendo todo esto, incluso como células privilegiadas, que cuentan además con otros privilegios, como ser conscientes de que podemos amar. Pero siempre sin creerse dioses, y con la razón uniéndose más armónicamente con los aspectos más emocionales y espirituales del ser humano.


Ronda de preguntas

Has hablado de la Gaia de Lovelock como sistema y, por otro lado, de Gaia como organismo. ¿Pero un organismo no es un sistema?

Sí, pero es algo más, es un organismo que tiene propósitos que le pertenecen a sí mismo, cosa que no ocurre con objetos inertes. Debemos pensar en la tecnología que ha producido Gaia. ¿Qué es más tecnológico que haber creado una casa que te permite vivir durante cuatro mil millones de años? Eso es lo que ha hecho Gaia, su tecnología no tiene comparación con la nuestra. Es una entidad que tiene propósitos.

Si tenemos la posibilidad de destruir a Gaia, ¿no cabría la posibilidad, hipotéticamente, de reconstruirla?

Quizás sí, en 100.000 años. Ahora estamos muy lejos, tenemos que cambiar la cosmovisión y aceptar que de momento somos aporreadores. Otra analogía es que el sistema que hemos construido es un tumor, que se ha salido del sistema y que está creciendo sin control.

Thanatia, el planeta al que nos dirigimos, con cuatro grados más de temperatura, a pesar de todo, continuaría vivo, incluso con una extinción masiva, porque habría líquenes, pequeños organismos, y la vida volvería a evolucionar de una manera distinta a la nuestra. Sentirte parte de algo ayuda a pensar que algo va a continuar. Estamos en duelo y esa Gaia orgánica ayuda a la aceptación para seguir luchando y moviéndonos en esta dirección de defensa de Gaia. Gaia, yo siempre la he visto cerca del anarquismo, basada en esa cooperación y simbiogénesis, ¿tú también ves esta relación?

Los anarquistas ven conexión entre su ideología política y Gaia. Efectivamente, el anarquismo es quizás la teoría política más congruente con la teoría Gaia, pero eso no significa que sea la única vía política que haya, aunque sí puede ser una pista de cómo funciona Gaia, sin jerarquías entre sus células por ejemplo, si pretendemos la sostenibilidad. En Gaia, eso sí, hay una jerarquía, en la que Gaia es ese organismo superior. Pero es un mutualismo jerárquico, porque Gaia necesita a sus células y nosotros a ella, de forma parecida a la ausencia de jerarquía entre mis células, que no mandan más unas que otras, pero sí hay una jerarquía entre mis células y yo.

Has dicho que Gaia y todos los seres vivos tienen propósitos. ¿Eso significa que son conscientes de esos propósitos?

No, al menos al modo humano. Los elefantes son autoconscientes, pero el antropocentrismo no nos ha dejado verlo durante mucho tiempo. En los seres vivos vemos propósitos por todos lados, es el lenguaje constante de los biólogos cuando describen por ejemplo a una cigüeña llevando unas ramas en el pico. El miedo al propósito, a lo teleológico en la ciencia, proviene históricamente en Europa de la identificación de teleología del universo desde la teología cristiana y el debate y contraposición de ciencia y religión a la hora de explicar la realidad que observamos. Hay mucha evidencia de la existencia de propósitos en los seres vivos. ¿Para qué tiene semillas la manzana de un manzano? Y así muchos ejemplos más. Es negar demasiadas observaciones por un prejuicio. ¿Querer explicarlo todo desde los átomos —entonces solo necesitamos físicos cuánticos en la ciencia— o navaja de Ockham?

¿Qué proporción del caos energético mencionado está motivado por la industria armamentística?

Hay unas estructuras de poder que comparten la cosmovisión que he descrito. Quizás lo que hay que ver es por qué es tan complicado, si todos sabemos que las guerras no son buenas, parar las guerras que hoy en día están yendo a más. La energía nuclear es un recurso continuo para el ideal de progreso. Pero el uranio es finito. No hay uranio para que esa energía pueda sustituir a los combustibles fósiles. Estamos perdiendo recursos en inversiones militares que podríamos estar usando para ser más sostenibles. Pero el problema es formar parte de este sistema, la lucha no ha mejorado a pesar del pacifismo debido a que el sistema sigue siendo el mismo.

¿La teoría que propones no conecta con la espiritualidad oriental más que con la occidental, por ejemplo, el budismo o el taoísmo?

Sí, aunque también tenemos casos en Occidente (Epicuro) y otros sitios, como la Pachamama y otras culturas que podemos recuperar en diálogo con nuestro esquema científico. El aporte para Occidente es que ahora tenemos una base científica, que además es una buena metodología para el conocimiento que en Occidente respetamos aún.

https://www.15-15-15.org/webzine/2026/03/18/teoria-gaia-y-pensamiento-sistemico-ante-el-colapso-de-la-civilizacion-cronica-de-una-presentacion-de-carlos-de-castro/  

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