DE LA INDIGNACIÓN A LA
RABIA
Y DE LA RABIA A LA ORGANIZACIÓN Y AL CAMBIO
Han pasado ya muchos años desde que aquellos “indignados”
ocupasen las principales plazas del Estado español para protestar contra un
sistema que aplastaba al pueblo, fue un momento de catarsis para los
movimientos y plataformas sociales del momento, que creían estar propiciando
una auténtica ruptura con el régimen que les apresaba.
Aquella indignación terminó diluyéndose, trayendo consigo la desmovilización de las masas y, lo que es peor, la desafección de las mismas, dando pie a unas bases políticas acomodadas en el mero disgusto, crítica y, como mucho, la movilización controlada y acotada para no incomodar a las élites.
Esta desazón en las luchas y actividades políticas de los
movimientos sociales se extendió paulatinamente hasta hacerse algo generalizado
entre toda la población, que no es capaz de vislumbrar horizontes más allá de
pequeños cambios o concesiones en el sistema actual, y todos ellos venidos con
mucha demora y sin ningún tipo de presión social para lograrlos.
Todavía es peor cuando pensamos en la influencia que han
tenido las redes sociales en la politización y actuación política: no existe
con carácter general una voluntad de formarse e informarse en las posiciones e
ideas de cada uno, sino que se consume y asume lo que nos pueden contar en
vídeos de un minuto; y ante cualquier situación de auténtica barbaridad toda la
respuesta que se conoce es la indignación, canalizada a través de las redes
sociales en forma de stories que se borran a las 24 horas, reposteo de reels o
tiktoks, incluso, con suerte, alguna publicación.
Pero eso no sirve de nada, solo alimenta el regodeo en la
inacción, potencia esa sensación de incapacidad ante la enormidad de un sistema
que nos ahoga y nos violenta hasta la deshumanización. Nos queda el sabor
amargo de no tener ningún tipo de poder ni agencia frente a los gigantes, que
tan solo nos queda alimentarnos de las migajas que caigan con suerte de sus
menús.
Hoy vengo a decir que es posible y que será una realidad un
mundo lejos de este sistema de opresión. Pero para ello hemos de no solo
indignarnos, sino de convertir ese pesimismo o angustia en rabia, y que esta
sirva de combustible para una lucha política, que pasa irremediablemente por
una organización de las clases oprimidas.
Hay a quien todos estos conceptos le pueden parecer
radicales, extremistas, incluso peligrosos, pero a esas personas les digo que
si se paran a pensar en todo cuanto les rodea, en todo cuanto leen o escuchan y
que luego alimenta sus discursos, verán que lo que sienten es lo mismo que yo
he expuesto.
Por ejemplo, tendemos a pensar que la culpa de todo lo que
está pasando ahora es en exclusiva de Trump y Netanyahu, y que cuando ellos
desaparezcan volverán los tiempos de paz. Es obvio que ellos son los ejecutores
de las barbaries que acontecen estos días, pero pensemos que el genocidio en
Gaza lleva sucediendo décadas, mucho antes de que Netanyahu llegase al poder,
pensemos también que desde 1945 hasta ahora de los cerca de 250 conflictos
bélicos que ha habido, EEUU participó en más de 200.
Es un profundo error tratar la crisis geopolítica que
atravesamos como una cuestión de individuos “locos”, cuando no es más que la
consecuencia última de un sistema que se dirige constantemente al conflicto, a
la violencia y a la destrucción del otro.
El capitalismo es la guerra, y el imperialismo es su último
vehículo para hacerla.
No caigamos tampoco en el error de pensar que el
imperialismo es únicamente la invasión de países por parte de las grandes
potencias militares, no, también es el hecho de que la mayoría de las
industrias del mundo estén en manos de un grupo reducido de empresas,
controlando todos los mercados, dirigiendo la competencia, la demanda y los
precios, eso que tanto duele al ciudadano de a pie.
Imperialismo es que en tu barrio encuentres los mismos
restaurantes, las mismas tiendas y los mismos alojamientos turísticos del resto
de barrios del planeta. Imperialismo es también que no puedas comprar una vivienda
o no puedas permitirte un alquiler porque el mercado inmobiliario está
controlado por grandes fondos de inversión. Imperialismo es que cada vez sea
más caro vivir porque a unos Estados con una gran fuerza militar les apetece
invadir y exterminar a la población de otros Estados.
A ti que me has leído hasta aquí, sé que todo esto te
indigna, que te llena de rabia, te pido que no te quedes ahí, no te conformes
con una storie o un post en Instagram, organízate en tu
barrio, sal a las calles y trabaja en ese futuro que todos deseamos.
https://www.elsaltodiario.com/opinion/indignacion-rabia-rabia-organizacion-organizacion-al-cambio

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