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14.5.26

Primar lo que compartimos sobre lo que nos separa es siempre la mejor solución

EL NAUFRAGIO DE LAS CIVILIZACIONES

En esta obra -deliciosamente escrita, como todas las de Maaluf– el escritor libanés, afincado en Francia desde los años setenta del siglo pasado, realiza una especie de autobiografía que se convierte en una historia del mundo desde la fecha de nacimiento del autor (1949) hasta la actualidad. 

En el libro se nota la calidad literaria del gran novelista, la perspicacia del periodista, la fuerza del observador de primera mano y la reflexividad del pensador con fondo. A la par,  pienso que lastra el análisis de nuestra época que hace  Maaluf el peso excesivo de la experiencia personal del autor a la hora de identificar y valorar los factores determinantes de la actual crisis de civilización. 

20.3.26

Gaia sería como un organismo multicelular y nosotros seríamos sus células

TEORÍA GAIA: Ante el colapso de la civilización

¿Cómo hacer una crónica? Esa fue la pregunta que venía a mi cabeza cuando entraba por la puerta del Ateneo Libertario La Idea, para escuchar la conferencia de Carlos de Castro titulada «La teoría Gaia y el pensamiento sistémico ante el colapso de la civilización».Voy a comenzar con la definición de colapso. Existen tres posibles colapsos.

1. El colapso de la civilización

El primero de ellos es el de la civilización. Aquellas que se han venido a llamar civilizaciones a lo largo de la Historia han durado un tiempo finito, entre 300 y 3.000 años. Un colapso no es una desaparición suave, sino rápida en términos históricos. Si colapsa nuestra civilización, la población desciende significativamente.

13.3.26

Hemos de reconsiderar casi todo lo que nos han enseñado y hemos dado como cierto

 PSICÓPATAS AL PODER                        

LA SELECCIÓN NATURAL DEL CAPITALISMO

Cuando trato de entender la situación de distopia en la que estamos -el nivel de maldad, idiotez, crueldad, mentira, incultura, deslealtad, distorsión de la realidad con la que nos envuelven cada día nuestros "líderes democráticos" y "medios de información"- siempre termino pensando en que no podría ser de otra manera en un sistema que lo único que privilegia, el único valor que respeta es el dinero y el poder.

Y leyendo el texto de Favio Vighi sobre el caso Epstein, hay un párrafo que lo resume todo muy bien. Dice Vighi: "Lo primero que hay que destacar es que no se trata solo de «los archivos de Epstein», sino del rastro de una civilización que se ha reproducido sistemáticamente a través de formas organizadas de violencia. El capitalismo y el abuso sexual se rigen por la misma lógica depredadora: la capacidad de deshumanizar a los demás y explotar su vulnerabilidad para obtener beneficios.

11.2.26

La crisis de natalidad es una alarma silenciosa que nos dice que falta futuro habitable

 ¿QUIÉN SE ATREVE A TRAER VIDA? 

HIJOS DE LOS HOMBRES: Espejo moral de una época fatigada y sin red

Hay películas que no se limitan a contar una historia: te colocan delante un espejo y te obligan a mirar lo que preferirías no ver. Hijos de los hombres   hace eso con una potencia peculiar. No va solo de un mundo sin infancia, sino que va de algo más incómodo: de una civilización que, al dejar de imaginar un futuro, se vuelve administradora del miedo. Un mundo que sigue funcionando —hay pantallas, burocracias, transportes, propaganda— pero ya no sabe para qué. La vida continúa, sí, pero sin promesa y cuando la promesa desaparece, lo humano se encoge.

La escena del nacimiento (y todo lo que sucede alrededor de ese hecho imposible) es todo un golpe emocional. Lo es, pero su fuerza no es sentimental: es antropológica. En mitad del ruido, del control, de la violencia y de la desconfianza, el bebé irrumpe como un acontecimiento que desarma el guion del mundo. Durante unos segundos, la guerra se suspende. Las armas bajan. La mirada cambia, como si el cuerpo recordara, antes que la mente, que una vida nueva no es un dato: es un sentido.

1.2.26

Hemos de recordar que el conocimiento verdadero no destruye. Cultiva, conecta, cuida

SABIDURÍA DEL AGUA                          

Lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros hemos olvidado)

Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar en el presente: satélites,  inteligencia artificial, rascacielos de cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado, algo nos hace detenernos.

Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad  nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.

23.10.25

Allí donde se cuida, la vida se eleva. Allí donde se abandona, la sociedad se degrada

EL CUIDADO COMO BIEN SAGRADO

GRATITUD, SACRIFICIO Y DIGNIDAD FRENTE AL UTILITARISMO

En un programa televisivo se hablaba sobre inmigración y un representante político pronunció una frase que pretendía ser pragmática y terminó siendo reveladora: «sin inmigrantes, ¿quién va a limpiar el culo a los abuelos?». La expresión se instaló en la opinión pública como un eco incómodo, porque no era solo un desliz verbal, sino el síntoma de un imaginario cultural. 

Reducía el cuidado de los mayores a una tarea servil, casi indigna, que se delega a quien ocupa el último escalón social. Hablaba más de nosotros como sociedad que del propio político. Revelaba el vaciamiento de sentido con el que tratamos la fragilidad, la vejez, la dependencia.

Y sin embargo, cuidar no es un residuo social ni un castigo biográfico, sino un acto radicalmente humano. Luigina Mortari, en Filosofía del cuidado, insiste en que «la existencia humana se mantiene en pie porque está sostenida por el cuidado». No se trata de una actividad secundaria, sino de la condición de posibilidad de la vida misma. 

7.10.24

Aprender a soportar los inconvenientes de la vida en sociedad, sus ruidos y sobresaltos

HACIA UNA CIVILIZACIÓN DE SOCIOPATAS

Recuerdo que durante la pandemia me había asomado a la ventana para contemplar el atardecer cuando descubrí a un hombre solitario que caminaba cabizbajo, sumido en un recogimiento absoluto. Sus pasos inaudibles hacían que más que caminar, pareciera que flotara. De pronto, un grito chirrió con furia en medio del silencio. Alguien, además de mí, había descubierto al hombre deambulando por la calle desierta.

El tipo ni siquiera se inmutó. Impasible, continuó su noctámbulo paseo con la mirada fija en el suelo. Y otro alarido sonó una octava más alta, desafinando horriblemente: “¡Hijo de puta, nos pones en peligro a todos! ¡Vuelve a tu casa, hijo de puta!”, gritaba una mujer desde la ventana de un feo bloque de apartamentos. Y continuó gritando una interminable lista de improperios, insultos y amenazas, hasta que el hombre desapareció de su vista.

5.8.24

Espero que no tengamos que llegar a ese extremo para salir de nuestra burbuja

NUESTRA CIVILIZACIÓN SE ACABA

DISFRUTA DEL ESPECTÁCULO

El sociólogo estadounidense Robert Nisbet (1913-1996) publicó en 1980 una de las obras menos conocidas y sin embargo más abrumadoras e inquietantes sobre la civilización occidental:  Historia de la idea de progreso. La tesis de fondo de este libro es que, a través de todos los grandes intelectuales, filósofos y religiosos, desde la antigüedad hasta el presente, se ha manifestado aun en formas aparentemente antagónicas la misma idea de progreso. Esta idea habría sido compartida porque no sólo apela al progreso económico y científico, sino también a la superación humana, a esa aspiración innata del hombre a la mejora tanto material como espiritual y moral.

En la parte final de Historia de la idea de progreso, sin embargo, Nisbet se torna pesimista y anticipa las tendencias que habrán de llevarnos a una época de agitación y desconcierto en la que todo lo que era sólido parecerá desmoronarse.

10.7.24

Despertar de las narrativas dominantes nos permitirá una forma más natural de existir

UNA CIVILIZACIÓN PROFUNDAMENTE ANTINATURAL

Si la elite no controlara la narrativa, viviríamos en un mundo diferente

No hay nada natural en lo que estamos viviendo. En cómo están las cosas. En la forma en que vivimos. Si esto fuera la forma natural y saludable de existir de la humanidad, no necesitaría montañas de propaganda para mantenerse.

Sin las copiosas cantidades de narrativas mentales con las que nos alimenta el poder, nunca a nadie se le ocurriría que es una buena idea o normal, alimentar guerras en el otro lado del planeta, o apoyar genocidios, o militarizar el globo con cientos de puestos militares o fomentar sistemas que permiten a unas pocas personas tener demasiado mientras que otros no tienen nada, o destruir la biosfera de la que dependemos para la supervivencia en aras de los beneficios de los accionistas. Nunca se nos ocurriría aceptar estas cosas si no viviéramos nuestras vidas saturados de un bombardeo incesante de narrativas que nos explican que debemos aceptarlas.