NOSTALGIA
¿LA FELICIDAD MÁS
TRISTE QUE EXISTE?
Recordamos aquel verano en la piscina, pero nos olvidamos de
la soledad que sentíamos en ocasiones cuando nuestros amigos estaban fuera. No
olvidamos lo que nos hizo sentir aquel viaje, pero sí que dejamos a un lado el
estrés que supuso llegar al aeropuerto con media hora para facturar. Es el
truco de la nostalgia, una
contradicción emocional que nos habita de forma inevitable.
La historiadora y socióloga Stephanie Coontz lo entendía así: «la gente tiende a romantizar el pasado como una forma de lidiar con la complejidad del presente». Y es que sí, la nostalgia nos hace imaginar un pasado maquillado. Es como si la memoria estuviera editada; es decir, el cerebro ensalza los mejores momentos y elimina todo el ruido porque solo busca una cosa: consuelo.
La nostalgia nos convence de que hay momentos en los que
fuimos tan felices que deberíamos volver, pero en realidad esos momentos ya no
existen. Momentos que tuvimos, disfrutamos y se fueron, y que lo único que nos
queda es seguir construyendo otros que nos hagan sentir tan bien que nos hagan
querer volver a ellos.
Es raro, ¿no? A fin de cuentas, tener nostalgia en sí no es
malo. Significa que te han pasado cosas
muy buenas y que las echas de menos. En un mundo que parece cada vez más
dividido, poseer una historia que merece ser recordada es un privilegio. Por
eso, sentir ese pellizco al recordar otros tiempos mejores es la prueba
de que estás viviendo una vida que vale la pena recordar. No te engañes: es una
gran suerte anhelar tus propios recuerdos.
Tu vida, un revival
¿Por qué es tan fácil dejarse seducir por la nostalgia? En
primer lugar, porque la cultura nos invita a ello: reboots de series y
películas icónicas de los noventa, conciertos de grupos con décadas a las
espaldas que agotan las entradas en minutos, trends que rememoran lo
mejor de cada época… Históricamente la
nostalgia ha sido considerada como una forma de depresión, pero la
neurociencia moderna la ha catalogado como una herramienta de regulación
emocional. No es casualidad que, por ejemplo, la estética Y2K (los años
2000) domine en todos los ámbitos. Estamos viviendo un revival
constante.
Krystine Batcho, profesora de psicología en Le Moyne College,
lleva décadas investigando la nostalgia. Concretamente, desde los años noventa,
y asegura que en los últimos años ha
asistido a una explosión de la investigación sobre la nostalgia porque la
ciencia quiere saber qué es eso que tiene que la hace tan adictiva.
Ella misma desarrolló el Inventario
de la Nostalgia, una encuesta de más de 600 participantes de entre 4 y
80 años diseñada para medir la intensidad de la nostalgia asociada a diferentes
aspectos del pasado. Les preguntó cuánto echaban de menos 20 aspectos de su
pasado, como la familia, las amistades, juguetes, la forma de ser de la gente o
la falta de preocupaciones, puntuándolos del 1 al 5.
Y descubrió bastantes cosas:
- La nostalgia no aumenta progresivamente
con la edad, sino que alcanza su punto máximo entre los 18 y 21
años.
- No hay diferencias de género:
hombres y mujeres viven la nostalgia de forma similar.
- Lo que se añora cambia con la edad:
la nostalgia por los juguetes, las mascotas y las vacaciones disminuye con
los años; la asociada a la música, en cambio, aumenta, mientras que la
añoranza de la familia se intensifica a partir de los 50.
- Las personas más nostálgicas valoraban
el pasado de manera más positiva, lo cual no significaba
necesariamente que estuvieran más insatisfechas con el presente ni fueran
más negativas sobre el futuro.
Esto nos demuestra que, por aquel entonces, la nostalgia dependía fundamentalmente de
considerar que el pasado había sido mejor, no necesariamente de pensar
que el presente (o el futuro) eran malos. La ciencia ahora, por el contrario,
cuenta otra historia: los estudios más recientes reflejan que, actualmente, la
nostalgia contrarresta el sinsentido que experimentan las personas frente a las
amenazas existenciales como la geopolítica convulsa, el cambio climático, el
aumento del coste de vida, etcétera.
Como el arte o el cine, la nostalgia (bien gestionada) es una forma de encontrar inspiración y
esperanza, incluso de «aumentar nuestro deseo de perseguir metas
importantes en la vida y confiar en que podemos lograrlas». Siempre que sepamos
el lugar que ocupa en nuestras vidas.
Por eso, la profesora Svetlana Boym, autora de El futuro
de la nostalgia, distinguía entre dos tipos: la nostalgia restauradora,
aquella que idealiza el pasado, incluso con celos, y desea recrearlo, lo que
deja a las personas atrapadas en el pasado de una manera potencialmente dañina;
y, por otro lado, la nostalgia reflexiva, que saborea el pasado con pleno
conciencia de que ya pasó y no puede recuperarse. Seguramente, en el futuro,
los jóvenes recuerden con nostalgia los Sonny Angels colgados de la mochila,
las pulseras intercambiadas en los conciertos o los primeros matcha con
sus amigos. Igual que nosotros recordamos los tatuajes de las bolsas de chuches
o el Discman.
Y, ojalá, puedan
servirse de esos recuerdos no para intentar volver atrás, sino para construir
un futuro mejor.
María del Mar Durán
https://igluu.es/nostalgia-la-felicidad-mas-triste-que-existe/

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