COVID-19, ENSAYO HACIA EL
DECRECIMIENTO
Es un buen momento para
repensar la producción y el consumo, quién y qué nos sostiene, que nos hace
felices y qué se puede aprender de todo esto.
Estos días parece que lo miramos todo con extrañeza: las cosas que hacemos
ahora, pero también las que hacíamos antes. Hemos salido de nosotras mismas, de
nuestros hábitos, de nuestros temas de conversación, de nuestros espacios
comunes en pueblos y ciudades. Y, sin embargo, desde esta mirada medio foránea
es desde donde nos podemos pensar. Quién y qué nos sostiene? ¿Qué nos hace
felices? ¿Qué se puede aprender de todo ello?
Mirar de lejos
Para olvidar que las paredes se nos caen encima, hacemos una lista de lo
que siempre hemos querido hacer en casa. El tiempo se ha hecho profundo como un
agujero y ahora cabe dentro todo lo que antes no cabía. Un tiempo al ritmo de
la vida, que toma la forma de las cosas pequeñas: los juegos de mesa, cocinar
con calma, cuidar las plantas, coser el agujero de un pantalón, reproducir en
bucle la canción favorita y bailar como si se acabara el mundo, llamarnos y
charlar durante horas, limpiar aquellas manchas de la pared, que hace años que
nos miran; leer cada noche (sin dormirnos extenuadas en la tercera página).
Tiempo para aburrirnos, y, también, para dejar salir el miedo, la angustia, la
desesperanza. Tiempo para organizarnos y tomar impulso colectivo para parar los
golpes que vendrán y los que ya están viniendo. Tiempo para preguntarnos qué
clase de vida llevábamos, que no nos dejaba tiempo para todo esto.