SABIDURÍA DEL AGUA
Lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros
hemos olvidado)
Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar
en el presente: satélites, inteligencia artificial, rascacielos de
cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado,
algo nos hace detenernos.
Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.
¿Quiénes son los verdaderamente avanzados?
Observamos las antiguas
civilizaciones de Caral, Sumeria, Egipto, Harappa, los Olmecas, los
Anasazi, los Celtas o los Minoicos y nos enfrentamos a un espejo incómodo pero
revelador: fueron pueblos que vivieron en profunda armonía con la naturaleza,
frente a una civilización moderna que ha hecho del desequilibrio su norma.
Estas culturas, a pesar de haber surgido en entornos
climáticos difíciles (desiertos, selvas, montañas, islas volcánicas), no impusieron su voluntad sobre la Tierra,
sino que aprendieron a escucharla, leerla y fluir con ella.
- Su gestión
del agua no era extractiva, sino ritual y cooperativa: desde
los canales sagrados de Caral hasta las cisternas de Dholavira o los pozos
urbanos de Harappa, el agua era vista como fuente de vida y
equilibrio, no como recurso ilimitado para explotar.
- Su
agricultura era regenerativa, local y sabia: sin monocultivos, sin
pesticidas, sin devastación masiva del suelo. Cultivaban con la luna,
rotaban los cultivos, respetaban el descanso de la tierra. La
productividad no se medía en toneladas, sino en sostenibilidad
multigeneracional.
- Sus
construcciones estaban integradas en el paisaje: ciudades de adobe que
respiraban con el clima, terrazas que evitaban la erosión, palacios con
ventilación natural, drenajes que imitaban el curso del agua. La
arquitectura no se alzaba contra la naturaleza, sino que se tejía con
ella.
En cambio, la civilización actual es tecnológicamente
brillante pero espiritualmente desarraigada; ha olvidado esa danza antigua con
el entorno. Nuestra relación con
la naturaleza se ha vuelto instrumental, industrial y destructiva:
- Construimos
megaciudades que devoran suelo
fértil.
- Contaminamos ríos y
construimos represas sin alma.
- Industrializamos
la agricultura hasta
el punto de envenenar la tierra que nos da de comer.
- Hemos
sustituido el calendario solar
por el de las bolsas de valores.
¿A qué precio? Todo esto se paga con crisis hídrica,
colapso de suelos, pérdida de biodiversidad, enfermedades crónicas, ansiedad
colectiva, cambio climático, etc.
Y, sin embargo, esas culturas del pasado —que llamamos
«primitivas»— nos dejaron un mapa diferente. Un mapa basado en el equilibrio,
la observación, la reverencia y la reciprocidad.
Ellos no hablaron de «desarrollo sostenible». Vivieron
sosteniblemente. No necesitaban
salvar el planeta, porque nunca lo pusieron en peligro.
El agua: de diosa a mercancía
Para las culturas ancestrales, el agua no era
simplemente un recurso. Era vida, madre, deidad, ritmo del mundo.
Desde el Nilo en Egipto hasta los canales de la civilización
Caral en Perú, pasando por los pozos de Harappa y los acueductos subterráneos
de los Nazca, el agua se entendía como algo que se respeta, se honra y se
distribuye con sabiduría.
En cambio, el mundo moderno ha convertido el agua en una
mercancía: se compra, se desperdicia, se contamina y se sobreexplota. Hoy, el
agua fluye al ritmo del dinero, no del ciclo natural.
¿Más antiguos o más avanzados?
Las culturas de la antigüedad desarrollaron sistemas
hidráulicos tan ingeniosos y sostenibles que, muchas veces, superan en eficiencia
ecológica a los de nuestra era. A continuación, veamos algunos de los logros
hidráulicos más sorprendentes de la historia antigua.
Egipcios (Egipto, ~3000 a.C.)
- No
represaban el Nilo. Lo seguían, lo escuchaban.
- Usaban
nilómetros para medir las crecidas y planificar cosechas.
- Sus
canales de irrigación respetaban el cauce natural del río.
La ingeniería iba de la mano del cosmos, no en contra de él.
Harappa y Dholavira (India, ~2600 a.C.)
- Diseñaron
ciudades enteras con sistemas de drenaje pluvial subterráneos.
- Cada
casa tenía su propio pozo de agua limpia.
- Construyeron
depósitos escalonados para recolectar agua de lluvia.
¿Moderno? Sí. ¿Contaminante? No. Más de 4000 años antes que
los sistemas urbanos actuales.
Minoicos (Creta, ~2000 a.C.)
- Tenían
tuberías presurizadas de cerámica, baños con desagüe y agua corriente.
- Colectaban
agua de lluvia desde los techos hacia cisternas internas.
Su sistema de plomería era más higiénico y ecológico que el
de muchas ciudades del siglo XXI.
Anasazi (EE.UU., ~1000 d.C.)
- Vivían
en el desierto y captaban agua de lluvia en cisternas.
- Usaban
diques de piedra y zanjas para evitar la erosión.
- Practicaban
agricultura de secano sin agotar el suelo.
Con técnicas que hoy llamamos «resiliencia hídrica»,
vivieron siglos sin colapsar su ecosistema.
Nazca (Perú, ~500 d.C.)
- Crearon
los puquios, acueductos en espiral que traían agua subterránea del
desierto.
- No
necesitaban bombas ni motores. Solo gravedad, piedra, aire y precisión.
A día de hoy, varios puquios siguen funcionando. ¿Cuánto duran
nuestras infraestructuras modernas sin mantenimiento?
¿Qué hacemos hoy? Comparemos
♦ Civilizaciones antiguas:
- Uso
del agua: moderado y cíclico.
- Infraestructura:
adaptada al entorno.
- Contaminación:
casi inexistente.
- Relación
con el agua: sagrada/espiritual.
- Durabilidad
de sistemas: algunos siguen funcionando hoy.
- Agricultura:
rotación, policultivo, respeto a la tierra y su biodiversidad.
♦ Civilización actual:
- Uso
del agua: excesivo y lineal.
- Infraestructura:
invasiva, cara y contaminante.
- Contaminación:
masiva, industrial y continua.
- Relación
con el agua: técnica y comercial.
- Durabilidad
de sistemas: requieren mantenimiento constante.
- Agricultura:
monocultivos con agroquímicos y sobreexplotación de recursos.
La ecología como legado, no como moda
Como decíamos, estas culturas no hablaban de sostenibilidad. La vivían. No necesitaban tratados climáticos ni cumbres de
emergencia, porque sabían —de forma orgánica y colectiva— que si destruyes la
fuente, no hay futuro que salvar.
Hoy, a pesar de nuestra tecnología, inteligencia artificial
y satélites, hemos olvidado lo más básico:
- El agua no se domina, se comprende.
- La tierra no se explota, se honra.
- El entorno no es recurso, es hogar.
Las civilizaciones antiguas, lejos de ser primitivas, fueron
profundamente sofisticadas en su relación con el planeta. Y en ese espejo,
vemos más que el pasado: vemos una guía hacia el futuro.
¿Y si el verdadero avance… es volver a recordar?
Quizás no necesitamos inventar tanto como creemos. Tal vez
solo debamos escuchar lo que ya sabían los sabios del agua: que el conocimiento
verdadero no destruye. Cultiva. Conecta. Cuida.
Margarita Arnal Moscardó
Escritora y novelista espiritual
https://blogsostenible.wordpress.com/2026/02/01/sabiduria-del-agua-en-las-primeras-civilizaciones/

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