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5.8.24

Espero que no tengamos que llegar a ese extremo para salir de nuestra burbuja

NUESTRA CIVILIZACIÓN SE ACABA

DISFRUTA DEL ESPECTÁCULO

El sociólogo estadounidense Robert Nisbet (1913-1996) publicó en 1980 una de las obras menos conocidas y sin embargo más abrumadoras e inquietantes sobre la civilización occidental:  Historia de la idea de progreso. La tesis de fondo de este libro es que, a través de todos los grandes intelectuales, filósofos y religiosos, desde la antigüedad hasta el presente, se ha manifestado aun en formas aparentemente antagónicas la misma idea de progreso. Esta idea habría sido compartida porque no sólo apela al progreso económico y científico, sino también a la superación humana, a esa aspiración innata del hombre a la mejora tanto material como espiritual y moral.

En la parte final de Historia de la idea de progreso, sin embargo, Nisbet se torna pesimista y anticipa las tendencias que habrán de llevarnos a una época de agitación y desconcierto en la que todo lo que era sólido parecerá desmoronarse.

9.12.22

El ser humano del siglo XXI vive sin ninguna preocupación más que sólo existir

 ANÁLISIS DEL FIN DE LA HISTORIA 

FUKUYAMA NO SE EQUIVOCÓ EN SU ANÁLISIS SOBRE EL FIN DE LA HISTORIA

Aunque polémico en su momento, el análisis de Francis Fukuyama sobre el triunfo del capitalismo y el liberalismo se reveló acertado en al menos este aspecto

Cuando Francis Fukuyama publicó en 1989 su artículo ¿El fin de la historia?, numerosas personas de muy diversos ámbitos criticaron su postura, en algunos casos acusándola de conservadora cuando no de francamente equivocada. 

¿Cómo podía ser, en efecto, que algo tan humano como la historia pudiera llegar a su final?  ¿Cómo podía un joven politólogo de Harvard atreverse a declarar el término de la marcha histórica de la humanidad? Y peor aún, ¿cómo podía hacerlo de tal modo que si la historia había llegado a su fin, era porque en la batalla ideológica habían triunfado el liberalismo y el  capitalismo?

En buena medida, el enojo en contra de Fukuyama se debía a ese último aspaviento. Para quienes, en la época, creían todavía en la viabilidad del socialismo como modelo de organización social a gran escala, sonaba intolerable que un académico proclamara triunfador contundente al capitalismo, sin ninguna posibilidad de alternativa.

12.11.19

El capitalismo tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la crueldad, pero no el tedio

ELOGIO DEL ABURRIMIENTO
El capitalismo prohíbe básicamente dos cosas. Una es el regalo. La otra el aburrimiento.

Cuenta Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa, monja y feminista mexicana del siglo XVII, que en una ocasión la abadesa del convento de los Jerónimos, a cuya regla estaba sometida, le prohibió leer y escribir y la mandó castigada a la cocina. Allí entre los fogones Juana Inés estudiaba y escribía con la mente; es decir, pensaba. Del huevo y de la manteca, del membrillo y del azúcar, mientras cortaba y amasaba y freía, sacaba una consideración, una reflexión, un hilo interminable de conjeturas, y esto hasta el punto de llegar a afirmar con desafiante ironía en su conocida carta a sor Filotea: “Si Aristóteles hubiera cocinado, habría pensado más y mejor”.

Si a Juana Inés, en lugar de a la cocina, la hubiesen mandado a Disneylandia, donde se hubiese aburrido menos, quizás habría dejado de leer, estudiar y pensar sin ninguna prohibición.