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18.11.25

Nos pueden robar pero no cierren los bares pues estamos encantados de ser esclavos

ESPAÑA, PAÍS SIN HUEVOS                    

Resulta triste comprobar como los españoles siguen siendo los borregos del panem et circenses que diría Juvenal, pan y circo para las víctimas de la LOGSE.  

El otro día mi estimado amigo Colin Rivas, que ha vivido en EE.UU. e Inglaterra durante décadas, y que reside actualmente en el extranjero, publicó un vídeo desde una gasolinera española calificando a los españoles como subnormales tras escuchar a varios compatriotas hablar sobre la adquisición de esa peligrosa baliza que la DGT quiere imponer para vaciar nuestros bolsillos por enésima vez.

21.8.24

No hablo de disidencia cobarde, pero sí recuerdo el daño del silencio de los buenos

LA INVERSIÓN DE VALORES           

La sociedad es frívola, utilitarista, inculta, vulgar e insensible al Mal

Hace tiempo que los diseñadores de esta aldea global, especie de aprisco humano durmiente, con más miedo que esperanza, vienen lanzando perlas de futuro; no tan de frente en los espacios de noticias y tertulias, pero muy a las claras en espectáculos lúdicos relacionados con el ocio y la fiesta.

Estas consignas simbólicas suelen pasar inadvertidas para el gran público, demasiado dependiente de los efectos especiales y las luces de colores; en definitiva, del ruido acústico, visual y mental. Pero esto no es inocuo; todo lo contrario.

Estos estímulos son disparos directos al subconsciente de quienes participan o contemplan pasivamente en un estado cuasi hipnótico, que a su vez se van integrando en el inconsciente colectivo.

5.8.24

Espero que no tengamos que llegar a ese extremo para salir de nuestra burbuja

NUESTRA CIVILIZACIÓN SE ACABA

DISFRUTA DEL ESPECTÁCULO

El sociólogo estadounidense Robert Nisbet (1913-1996) publicó en 1980 una de las obras menos conocidas y sin embargo más abrumadoras e inquietantes sobre la civilización occidental:  Historia de la idea de progreso. La tesis de fondo de este libro es que, a través de todos los grandes intelectuales, filósofos y religiosos, desde la antigüedad hasta el presente, se ha manifestado aun en formas aparentemente antagónicas la misma idea de progreso. Esta idea habría sido compartida porque no sólo apela al progreso económico y científico, sino también a la superación humana, a esa aspiración innata del hombre a la mejora tanto material como espiritual y moral.

En la parte final de Historia de la idea de progreso, sin embargo, Nisbet se torna pesimista y anticipa las tendencias que habrán de llevarnos a una época de agitación y desconcierto en la que todo lo que era sólido parecerá desmoronarse.

18.3.24

La cobardía y el miedo terminan por convertirnos en un “ladrillo” más de este tinglado

RADIOGRAFÍA (El jornal nº20)       

En principio, la mayor parte de la sociedad, de esa masa anónima, nos esforzamos y sacrificamos por hacer las cosas bien, por ser mejores padres, por nuestra pareja, algunos hasta llegan a ampliar este radio de acción implicándose en causas ajenas, lejos del interés personal.

Cierto es también que muchas veces pasamos por circunstancias complicadas y seguro que personalmente conocemos o hemos oído hablar de situaciones y casos donde el conflicto se advertía a kilómetros, de circunstancias que situarían a cualquiera entre la espada y la pared; en estas últimas décadas estamos presenciando la decadencia y caída de una civilización, es lógico que se produzcan todo tipo de situaciones insólitas y grotescas, cada vez más y más complicadas de gestionar por lo absurdo y anormal de su naturaleza.

19.6.23

¿No será que el sentimiento auténtico consiste en aceptar la imperfección del otro?

AMAR, SENTIR, LLORAR, SUFRIR     

Los seres humanos somos por naturaleza cobardes. Muchas de las cosas que hacemos tienen como finalidad mantenernos a salvo. Nuestros instintos están programados para eludir el peligro, para escapar y sobrevivir. Sólo cuando no hay más remedio afrontamos el peligro. Y no precisamente con gallardía. Sin embargo, juzgar nuestra cobardía con dureza es injusto porque es una herencia del pasado, cuando lejos de dominar la naturaleza éramos una presa más.

Afortunadamente, las cosas han cambiado mucho y para bien; mejor dicho, las hemos cambiado nosotros. En la actualidad, más allá del umbral mínimo de peligro que toda sociedad, por civilizada que sea, ha de sobrellevar, vivimos en el mundo más seguro de todos los que han existido a lo largo de la historia de la humanidad.

9.9.22

Ha arribat un moment que ja no caldrà ni que ”ens abaixem els pantalons”

© A LES ALTURES VAN BEN EMBALATS                   

I als de la plebs sembla que ja ens està bé...

Des de que hem entrat al Setembre (un mes molt grat als que remenen les cireres per a fer les seves entremaliadures) s’han anat succeint una colla de fets que coincideixen sospitosament...  Quina una de grossa en deuen estar preparant?

El Vaticà (amo de la City de Londres) ordena retirar tots els seus fons escampats arreu i el seu cap dóna a entendre que vol plegar (o el fan plegar...)

Al Regne Unit, canvien el cap de govern la mateixa setmana que canvien de rei, per la mort (¿?) de la fins ara reina.

El mateix dia el Banc Central Europeu apuja exageradament el preu dels diners per escanyar encara més l’economia ja prou malmesa intencionadament i al “poble” no paren de dir-li que les coses aniran cada cop més maldades en tots els sentits.

30.3.22

Ser honestos y demostrar ser dignos de la libertad que otros defienden por nosotros

 LOS MEDIOS Y LA HIPOCRESÍA        

LA ADMIRACIÓN POR EL VALOR DE LOS OTROS

Desde que levantó un cartel contra la guerra en la televisión rusa, la periodista Marina Ovsyannikova ha sido venerada por nuestro emotivo panorama mediático como una luchadora desesperada por la libertad y la democracia. 

A la opinión pública le encanta cuando en tiempos de crisis y en otros países personas individuales impotentes pero valientes se levantan y protestan contra la corriente dominante allí. Evidentemente, necesitamos esos iconos, y nos entregamos a expresiones de solidaridad e impotencia compasiva y derramamos lágrimas sinceras ante la injusticia y la falta de libertad en el gran mundo de ahí fuera.

No hay nada que nos guste más que dar voz a los oprimidos o desfavorecidos que están lejos. Al fin y al cabo, no nos cuesta casi nada y, además, tiene un efecto positivo en nuestro propio estado emocional. Y estoy seguro de que muchos periodistas se sentirán un poco como en aquella época, cuando ellos mismos seguían siendo de alguna manera opositores y «estaban en contra».