TEORÍA GAIA: Ante el colapso de la civilización
¿Cómo hacer una crónica? Esa fue la pregunta que venía a mi cabeza cuando entraba por la puerta del Ateneo Libertario La Idea, para escuchar la conferencia de Carlos de Castro titulada «La teoría Gaia y el pensamiento sistémico ante el colapso de la civilización».Voy a comenzar con la definición de colapso. Existen tres posibles colapsos.1. El colapso de la civilización
El primero de ellos es el de la civilización. Aquellas que se han venido a llamar civilizaciones a lo largo de la Historia han durado un tiempo finito, entre 300 y 3.000 años. Un colapso no es una desaparición suave, sino rápida en términos históricos. Si colapsa nuestra civilización, la población desciende significativamente.
También se producen desequilibrios económicos e incluso la desaparición de sistemas económicos (el capitalismo en nuestro caso). Un colapso rápido en el contexto actual sería de unos 50, 100 o 150 años y la probabilidad de que este acontezca es cada vez más alta a medida que nos adentramos en el futuro.Desde un punto de vista sistémico, la certeza del colapso de
esta civilización es absoluta, en la medida en la que un científico
puede tener una certeza absoluta, es decir, no se trata de un 100% de
seguridad. Esta civilización está destinada a colapsar o incluso podría decirse
que ya está colapsando, aunque tampoco es un acontecimiento que ocurra de
golpe: es una cuestión de décadas. ¿Qué indicadores tenemos para afirmar esto?
Que todas las entradas y salidas de nuestro funcionamiento como civilización
ocurren desde y hacia la biosfera y ahí tenemos problemas muy graves, incluso
más de lo esperado por los científicos según pasa el tiempo. Con las salidas,
por ejemplo, tenemos el problema del cambio climático. Estamos quemando
petróleo, gas, carbón, emitimos CO2 y la atmósfera reacciona
cambiando el clima. Generamos muchísima contaminación. También tenemos
problemas con las entradas, por ejemplo escasez de ciertos materiales. Vivimos
en un planeta con recursos finitos y cuestiones como la escasez de petróleo ya
están provocando guerras.
El más importante de los factores ambientales es la pérdida
masiva de seres vivos, de biodiversidad. Las tasas de extinción que causa
nuestra civilización son del orden de una Sexta Extinción Masiva. Y si siguen
creciendo en las próximas décadas, podemos acabar con todo lo que está vivo en
un plazo entre 50 y 200 años. Aunque sería más probable que se acabase la
civilización antes de que se produjese esa completa extinción, debido a la
interdependencia que tenemos con la biosfera. En las cinco extinciones masivas
anteriores los animales terrestres de más de 25 kg no sobrevivieron. Respecto a
esto, tenemos que luchar contra ese mito del progreso tecnológico infinito, por
el cual los sucesos del pasado no tendrían nada que ver con nosotros debido a
lo especiales que nos creemos los seres humanos.
Cualquier ingeniero te dirá que cabe hacer una transición
energética, pero que no se puede hacer de un día para otro. Aun así, esa es la
pretensión actualmente. Si tomas la única variable del cambio climático puedes
intentar buscar una solución dentro de las estructuras socioeconómicas
actuales. Pero existen otras 300 variables más, así que queda fuera de lo
posible buscar una solución dentro del mismo sistema.
El informe de Meadows y Randers Los
límites del crecimiento, ya tiene más de 50 años. En este primer
informe presentaron un modelo informático, World3, y en sus pasadas estándar
(escenario que mantiene las tendencias del pasado) llegan a la conclusión de
que a lo largo de este siglo XXI colapsaría la producción industrial, la
población humana, etc. Es tan sencillo como entender que en un planeta finito
no puedes crecer exponencialmente siempre, que llega un punto en el que tienes
que decrecer. En World3 introdujeron otros escenarios distintos que rompían las
tendencias, pero ninguno de estos escenarios se ha venido cumpliendo porque las
estructuras socioeconómicas tienen una gran inercia al cambio. Desde estas
estructuras se negaron los hechos por mera cuestión de fe. Hoy en día se han
hecho modelos y escenarios con variables más actuales y las salidas siguen
siendo las mismas. No hemos superado aquel modelo, se han añadido más capas,
pero lo básico ya estaba en aquel informe.
Otra capa importante es la cosmovisión y los mitos fundantes
de esta civilización, que aún tienen más inercia para poder transformarse. Por
ejemplo, el sistema patriarcal lleva denunciándose siglos y aún seguimos en él.
Históricamente ha sido una involución porque ha habido sociedades con menos
machismo del que tenemos ahora. La mentira es creer que no funcionamos por
mitos y que somos totalmente racionales, científicos. Yo no sé cuál va a ser el
futuro, pero sí sé qué futuros no van a ser posibles: el colapso de la civilización
es inevitable porque no hay tiempo para mover todas esas capas. Pero hay que
intentar no hundirse del todo y eso es lo que hay que proponer. Este primer
colapso, el colapso de nuestra civilización, tiene una posibilidad superior al
95% de ocurrir.
2. El colapso de nuestra especie
Otro colapso posible es que colapse el Homo, el
ser humano. No se sabe cuán probable es este colapso. De todos los Homo que
había, ya solo queda uno, así que ya hemos sobrevivido menos de los que, de
media, sobrevive una especie. El Homo sapiens lleva 300.000
años existiendo, que está muy por debajo de la esperanza de vida promedio de
una especie, que es de 10.000.000 de años. En 1851, 20 años antes que los
trabajos de Charles Darwin (que pretendían demostrar científicamente que las
mujeres eran inferiores a los hombres), se traduce al español Cosmos,
de Alexander von Humboldt, quien tras sus viajes a América hizo un compendio de
todo lo que había estado investigando y escribiendo. En el prefacio a la
edición española, el culto traductor explica que la ciencia ya ha demostrado
que eso de la raza no tiene sentido, que todos tenemos las mismas capacidades y
que sus diferencias dependen de la sociedad. Pasan las décadas y oímos:
El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia
del más apto. La bella rosa estadounidense solo puede alcanzar su máximo
exponente si eliminamos los capullos que crecen a su alrededor. Esto no es una
tendencia maligna de los negocios, es más bien solo la elaboración de una ley
de la naturaleza y de una ley de Dios.
Esto lo dijo Rockefeller, la persona más rica del mundo, en
1930, en una conferencia a escolares. En 1942 Hitler afirma que "si la
naturaleza es cruel, ¿por qué no lo vamos a ser nosotros". Y en los años
20 de este siglo, oímos «¡Libertad, carajo!». Lo que está claro es que los
discursos son cada vez más simples. A partir de Darwin se produce una
involución de la ciencia de la que aún no nos hemos librado. Para explicar los
mitos antropocéntricos y la permanencia de la vida, desde la ciencia se ha
recurrido a la diosa Fortuna: sea por Dios o por fortuna, somos así de
especiales y por eso estamos aquí solos en este universo enorme. Pero esa no es
una actitud científica.
Por el contrario, hay una teoría científica que puede
explicar la permanencia y aumento de complejidad de la vida: la Teoría Gaia.
3. El colapso de Gaia
Un tercer posible colapso es el colapso de Gaia, el menos
probable de todos. Las posibilidades de este colapso son muy bajas (aunque no
cero), ya que Gaia es muy resistente y, ante la mayoría de los escenarios de
colapso de nuestra civilización y de nuestra especie, es muy probable que
sobrevivan algunos seres vivos que permitirían a Gaia recomponerse o curarse a
partir de ellos.
Hay distintas concepciones de Gaia. La Gaia de Lovelock, de
Margulis y de científicos que han trabajado con ella es la que llamo la Gaia
cibernética: Gaia como un mecanismo complejo. La Hipótesis de Lovelock y
Margulis es que todos los seres vivos nos hemos puesto de acuerdo para generar
un entorno, una tecnología que le permite a la vida mantenerse a lo largo del
tiempo. Los neodarwinistas se oponen a esta concepción, creen que no puede ser
así porque somos egoístas por naturaleza, y por tanto no tiene sentido que nos
hayamos puesto de acuerdo. Lovelock y Margulis se fueron deshaciendo de esta
inspiración, manteniendo cierta ambivalencia, pero con lo que se quedaron al
final fue con la idea de coevolución: los seres vivos coevolucionan
con su entorno, es decir, entorno y seres vivos coevolucionan para dar lugar a
una biosfera habitable para toda la vida. La biosfera, dicen, es como un avión
de pasajeros que va con piloto automático, y ese piloto automático sería Gaia.
Pero el problema es: ¿quién ha diseñado ese piloto automático o cómo se ha producido?
¿Qué ha podido pasar para que la temperatura esté más o menos regulada, la
salinidad de los océanos sea óptima, y la impresionante cantidad de cosas
reguladas que existen?
¿A dónde puede llevar toda esta visión cuando se analiza el
papel del ser humano dentro de un sistema así? Lovelock y Margulis van a
denunciar los problemas ecológicos, son gente preocupada por la marcha
ambiental de nuestra civilización con Gaia. Como si estuviésemos aporreando el
piloto automático, nuestra civilización es un pasajero grillado que
puede destruir el avión. La idea, pues, es hacerlo mejor y dejar de aporrearlo,
pero no solo eso, sino ir más allá.
Pero fijémonos en qué dice de estos asuntos el científico
ruso Vladimir Vernadski. En los años 20, 30 y 40 del siglo pasado es el primer
científico en popularizar el término biosfera. Antecede a Lovelock,
por tanto. Vernadski empieza a hablar de la noosfera: para él sobre
la biosfera está la noosfera, de forma que los seres humanos somos ese emergente superior,
cayendo en un antropocentrismo importante. Y ¿qué futuro ve para nuestra
relación con la biosfera? Él habla de humanismo global, la
humanidad a través de la cienciocracia y la tecnología
nuclear, vaticinando un control tecnológico de la biosfera.
Lovelock en 1975, tras la presentación de la Hipótesis Gaia,
publica un artículo donde escribe que el futuro de la humanidad es convertirse
en el Sistema Nervioso Central de Gaia. Por su parte Margulis y su hijo Dorion
Sagan afirman 20 años más tarde que la diversidad tecnológica humana compensa o
incluso mejora la pérdida de diversidad biológica. Cuando se desvían de Gaia y
van al papel que hay que asignar al ser humano en ese sistema u organismo, caen
también, pues, en antropocentrismos. Lovelock acaba diciendo que ni siquiera el
ser humano será el que controle Gaia, sino la IA. Posteriormente, Timothy
Lenton y Bruno Latour publican un artículo con el título de "Gaia
2.0". Se trata de una metáfora informática: Gaia como sistema mecánico y
los seres humanos como los grandes tecnólogos que podemos superar ese sistema.
Por un lado, mantener el piloto automático —esfuerzo ecologista, sí— pero con
la idea de sustituirlo por uno más robusto hecho por humanos. Todos estos
autores, aunque quieran evitar el desastre y lo visualicen, siguen
manteniéndose en los mismos mitos. Son formas de ver el mundo que no rompen en
realidad con los mitos fundantes que nos llevan al colapso.
El climatólogo más famoso, James Hansen, y sus
colaboradores, denunciaban el año pasado el rumbo desastroso del clima, un
problema urgentísimo, con tipping points ya sobrepasados y
señalaban que nuestros hijos tendrán que vivir con las consecuencias de
nuestros actos. Aun así, manifiestan una nostalgia del pasado por no haber
desarrollado más la energía nuclear, y por añadidura plantean la geoingeniería.
Reinciden, por tanto, en el mito del control y de la capacidad tecnológica para
usar a Gaia a nuestro antojo, algo así como hacer al aporreador ingeniero para
que conduzca al avión. Seguimos dando vueltas a lo mismo desde hace más de un
siglo.
Pero existe otra concepción de Gaia: la llamada Gaia
orgánica, defendida por muy pocos científicos, y cuyo estudio académico
directo tan solo estoy realizando yo. La idea de Gaia orgánica es
que el conjunto de seres vivos hemos formado un organismo. La biosfera sería la
casa de Gaia hecha por ella. La Teoría Gaia orgánica explicaría los procesos
que llevan a Gaia. Vivimos en un ente, del que somos parte, como una célula
más. La mayoría de las culturas humanas, tanto de facto, como en su
comportamiento, como en sus creencias, han entendido que hay un todo alrededor
del que formamos parte, y que se ha entendido muchas veces como una deidad.
Gaia sería como un organismo multicelular y nosotros seríamos
sus células. Algunas consecuencias de esta visión que aspiro a que sea
científica: no solo seríamos interdependientes y tendríamos antecedentes
comunes con las otras especies, sino que es un paso más allá. Se reduce nuestro
ego, pero a la vez formas parte de algo mayor que tiene entidad per se.
El conjunto es lo que tiene también su valor: yo soy más que la suma de mis
células. ¿Cuál es la cosmovisión que puede surgir de aquí? Lo primero es sentir
que reconectamos con otras experiencias y cosmovisiones con las que se puede
dialogar. Quizás nos ayuda a generar nuevas cosmovisiones y mitos que ayuden a
una transición que no cometa los errores que ha cometido esta civilización. Y
quizás surja una simbiogénesis, entre nuestras culturas y otras nuevas culturas
hacia otra forma de sociedad. Para ello tenemos que deshacernos de tres mitos
fundacionales de nuestra civilización: 1) el antropocentrismo; 2) el mito del
progreso infinito, sobre todo tecnológico; y 3) el sentimiento de cultura
extraña que se siente ajena en su propio organismo.
Una opción interesante consistiría en fundar una suerte de
religión de base racional científica a través de esta simbiogénesis. Por
ejemplo, aquí en España, las propuestas de Simbioética de
Jorge Riechmann, o la mesorreligión que
propone Ferran Puig Vilar en su próximo libro Derrumbe y
regeneración. Una religión laica que nace del deseo de ser uno con todo lo
que vive, como propone Santiago Beruete en su reciente libro Filosíntesis.
Podemos buscar reducir las posibilidades de extinción humana y, en vez de
vernos como un pasajero un poco extraño y especial, vernos como células, lo que
aumenta la dignidad de los demás seres vivos y de Gaia sin tener que rebajar la
nuestra. Vernos a nosotros mismos con el privilegio de estar conociendo todo
esto, incluso como células privilegiadas, que cuentan además con otros
privilegios, como ser conscientes de que podemos amar. Pero siempre sin creerse
dioses, y con la razón uniéndose más armónicamente con los aspectos más
emocionales y espirituales del ser humano.
Ronda de preguntas
Has hablado de la Gaia de Lovelock como sistema y, por
otro lado, de Gaia como organismo. ¿Pero un organismo no es un sistema?
Sí, pero es algo más, es un organismo que tiene propósitos
que le pertenecen a sí mismo, cosa que no ocurre con objetos inertes. Debemos
pensar en la tecnología que ha producido Gaia. ¿Qué es más tecnológico que
haber creado una casa que te permite vivir durante cuatro mil millones de años?
Eso es lo que ha hecho Gaia, su tecnología no tiene comparación con la nuestra.
Es una entidad que tiene propósitos.
Si tenemos la posibilidad de destruir a Gaia, ¿no cabría
la posibilidad, hipotéticamente, de reconstruirla?
Quizás sí, en 100.000 años. Ahora estamos muy lejos, tenemos
que cambiar la cosmovisión y aceptar que de momento somos aporreadores. Otra
analogía es que el sistema que hemos construido es un tumor, que se ha salido
del sistema y que está creciendo sin control.
Thanatia, el planeta al que nos dirigimos, con cuatro
grados más de temperatura, a pesar de todo, continuaría vivo, incluso con una
extinción masiva, porque habría líquenes, pequeños organismos, y la vida
volvería a evolucionar de una manera distinta a la nuestra. Sentirte parte de
algo ayuda a pensar que algo va a continuar. Estamos en duelo y esa Gaia
orgánica ayuda a la aceptación para seguir luchando y moviéndonos en esta
dirección de defensa de Gaia. Gaia, yo siempre la he visto cerca del
anarquismo, basada en esa cooperación y simbiogénesis, ¿tú también ves esta
relación?
Los anarquistas ven conexión entre su ideología política y
Gaia. Efectivamente, el anarquismo es quizás la teoría política más congruente
con la teoría Gaia, pero eso no significa que sea la única vía política que
haya, aunque sí puede ser una pista de cómo funciona Gaia, sin jerarquías entre
sus células por ejemplo, si pretendemos la sostenibilidad. En Gaia, eso sí, hay
una jerarquía, en la que Gaia es ese organismo superior. Pero es un mutualismo
jerárquico, porque Gaia necesita a sus células y nosotros a ella, de forma
parecida a la ausencia de jerarquía entre mis células, que no mandan más unas
que otras, pero sí hay una jerarquía entre mis células y yo.
Has dicho que Gaia y todos los seres vivos tienen
propósitos. ¿Eso significa que son conscientes de esos propósitos?
No, al menos al modo humano. Los elefantes son
autoconscientes, pero el antropocentrismo no nos ha dejado verlo durante mucho
tiempo. En los seres vivos vemos propósitos por todos lados, es el lenguaje
constante de los biólogos cuando describen por ejemplo a una cigüeña llevando
unas ramas en el pico. El miedo al propósito, a lo teleológico en la ciencia,
proviene históricamente en Europa de la identificación de teleología del
universo desde la teología cristiana y el debate y contraposición de ciencia y
religión a la hora de explicar la realidad que observamos. Hay mucha evidencia
de la existencia de propósitos en los seres vivos. ¿Para qué tiene semillas la
manzana de un manzano? Y así muchos ejemplos más. Es negar demasiadas
observaciones por un prejuicio. ¿Querer explicarlo todo desde los átomos
—entonces solo necesitamos físicos cuánticos en la ciencia— o navaja de Ockham?
¿Qué proporción del caos energético mencionado
está motivado por la industria armamentística?
Hay unas estructuras de poder que comparten la cosmovisión
que he descrito. Quizás lo que hay que ver es por qué es tan complicado, si
todos sabemos que las guerras no son buenas, parar las guerras que hoy en día
están yendo a más. La energía nuclear es un recurso continuo para el ideal de
progreso. Pero el uranio es finito. No hay uranio para que esa energía pueda
sustituir a los combustibles fósiles. Estamos perdiendo recursos en inversiones
militares que podríamos estar usando para ser más sostenibles. Pero el problema
es formar parte de este sistema, la lucha no ha mejorado a pesar del pacifismo
debido a que el sistema sigue siendo el mismo.
¿La teoría que propones no conecta con la espiritualidad
oriental más que con la occidental, por ejemplo, el budismo o el taoísmo?
Sí, aunque también tenemos casos en Occidente (Epicuro) y
otros sitios, como la Pachamama y otras culturas que podemos recuperar en
diálogo con nuestro esquema científico. El aporte para Occidente es que ahora
tenemos una base científica, que además es una buena metodología para el
conocimiento que en Occidente respetamos aún.

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