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| ANALISIS |
LA UNIÓN DE LA GENTE SENSATA
LLÁMALE EQUIS, IZQUIERDAS O DERECHAS
No hace mucho se reunieron dos de los políticos más
brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen.
Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de
mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero
a Emilio Delgado (diputado
en la Asamblea de Madrid) y a Gabriel
Rufián (diputado en el Congreso).
Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.
Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc.
Con
respecto a la naturaleza,
si ya el PP era un partido peligroso demostrado sobradamente con sus nuevos
socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el
medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que
sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.
Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos
que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y
no para cada votante en particular.
¿Qué pedimos a un partido político digno?
A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o
ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos
es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta.
Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar
en el programa y en la boca de cualquier partido decente:
Principios básicos:
- Se
debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por
delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales
deben estar siempre en segundo plano.
- Para
garantizar una democracia
sana, se deben rechazar todas las formas de dictadura y todos los
golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer
un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
- El
punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de
Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo
(como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
- Un
gobierno digno debe respetar
la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una
televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las
manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los
casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
- Un
gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos.
Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares
de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto,
avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier
forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben
condenarse por despreciar la legalidad internacional.
- También
pedimos a nuestros políticos respeto por
todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes
con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será
una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.
Justicia social y modelo económico:
- Maximizar
el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir
en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
- Activar
políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos
y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales,
estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
- Evitar desahucios y ofrecer
alternativas.
- Ayudas controladas a los
desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en
IRPF, en luz, agua…).
- Aumentar
los salarios más
bajos (el SMI).
- También,
por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva
con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos
beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa»,
seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que
defienden.
- En
definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que
beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales
(delincuencia, fraude, explotación laboral…).
- Un
gobierno ideal debe apoyar lo
público, con especial interés en la educación y la sanidad. La
importancia de esto la vemos cada día. Pero durante la pandemia fue aún
más evidente. Hubo lecciones
que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un
gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para
medir la salud de una democracia.
- Los impuestos deben servir para
sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean
justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor
delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en
particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates
puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan.
- Reducir la jornada laboral es
un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están
ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras). Es preciso
reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y,
por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a
una minoría.
- Deben
defenderse los derechos
civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión,
matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad
entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la
aporofobia, etc.
Ciencia, medioambiente y bienestar animal:
- Las
decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben
ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
- Una
ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones
pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
- Un medioambiente sano no es
solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución
Española. Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes
dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por
tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y
que no respete lo que dice la ciencia.
- Defender
los derechos de los
animales es también elemental para la dignidad del ser humano.
Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es
posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 %
de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año?
Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y
siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales
en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se
han cerrado numerosas plazas.
Si un partido político o una coalición aboga por todo (o
casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos
otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.
Pepe Galindo

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