LA ETERNA JUVENTUD
EL CARO Y LARGO
CAMINO HACIA LA ETERNA JUVENTUD
La inmortalidad nos da miedo, seguramente con razón. La
búsqueda de la eterna juventud y la improbable victoria sobre la
muerte han sido tratados con frecuencia por el cine y la literatura, por
lo general para alertarnos de los riesgos que conlleva. Muchos venderían su
alma al diablo o a la ciencia en busca de un sueño que parece imposible, pero
¿y si fuera realizable? Algunas de las personas más ricas y poderosas del
planeta, «del Kremlin a Silicon Valley», se aferran a esa esperanza e invierten
fortunas en investigación para tratar de revertir el proceso del
envejecimiento.
Cuestiones morales aparte, esta mezcla sin precedentes de trabajo y recursos empieza a dar frutos. En unos pocos días, The New York Times publicó dos extensos artículos sobre la cuestión. Primero fue Mark O’Conell quien describe en este enlace las fabulosas inversiones de los más poderosos, en una carrera espectacular contra el tiempo.
El pronóstico del
autor no es demasiado optimista: «Bryan Johnson morirá. Peter
Thiel morirá. Sam Altman morirá. Xi
Jinping morirá. Donald Trump morirá. Vladimir
Putin morirá. Y tú también, y yo también, y todos los que ahora viven y
los que aún no han nacido. Ni uno solo de nosotros se salvará: ni por órganos
impresos en 3D, ni por superinteligencia artificial, ni por transfusiones de
plasma de nuestros queridos y complacientes hijos adolescentes».
Poco después, sin embargo, podíamos leer a Susan
Dominus en la misma cabecera. El tono ensayístico y filosófico era
sustituido por otro más cercano al periodismo y la divulgación científica, lo
que no quiere decir que su disparo sea más certero, necesariamente. El título
de su artículo: El rejuvenecimiento
celular tiene el potencial de revertir el envejecimiento da una idea
bastante precisa del contenido
En esta segunda aproximación a la misma idea, sobresale como
protagonista el farmacéutico español Juan Carlos Izpisúa
Belmonte (Albacete, 1960), una estrella en Estados Unidos y un
investigador discutido en nuestro país. En 2014 dimitió como director
del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB). Veamos qué cuenta de
su trabajo actual Susan Dominus, cuyo apellido parece otra invención de algún
guionista, como casi todo en esta historia.
Susan Dominus empieza por explicar en qué consiste el
envejecimiento natural, por qué nacemos jóvenes y vamos enseguida a peor.
Entender cómo funciona un proceso tan obvio y a la vez tan complejo es la clave
para intentar revertirlo. Después de duplicar la vida de una lombriz alterando
un único gen y de conseguir que ratones canosos recuperaran su negro pelaje,
los científicos ya hacen pruebas con cerdos. Todos sabemos que no se detendrán
ahí.
El pasado mes de marzo dieron un salto mayúsculo y empezaron
los primeros ensayos de seguridad para probar en humanos la terapia
de rejuvenecimiento. Los primeros objetivos parecen inocentes e incluso
altruistas: revertir enfermedades oculares y curar el glaucoma. Es solo el
principio, según el artículo, que no esconde el dinero que se mueve detrás de
todo gran esfuerzo: hablamos de un mercado de dos billones de dólares.
Algunos de los inversores son figuras de Silicon Valley como Peter Thiel, Larry Ellison y Sam Altman. Todos los actores consideran demostrado que el rejuvenecimiento celular es un hecho. Las dudas son otras: «¿Funcionará en humanos? ¿Se limitará su uso a intervenciones específicas para curar enfermedades concretas? ¿O podría llegar a ser lo bastante seguro como para permitir el rejuvenecimiento de todo el cuerpo, para ayudar a los seres humanos a parecer y sentirse más jóvenes, para evitar que envejezcan?».
En la
empresa biotecnológica Altos Labs creen tener algunas de las respuestas,
sufragadas por multimillonarios tan conocidos como Jeff Bezos e
inversores más invisibles, como Yuri Milner, científico israelí de origen
soviético que estudió en Estados Unidos y alardea de su filantropía.
Hay una serie, no demasiado buena, que emite ahora Disney+,
en la que varios multimillonarios se reúnen con un científico al que han pagado
para que les inyecte el elixir de la eterna juventud, lo que por supuesto
tendrá consecuencias devastadoras. En The Beauty, al igual que en
el artículo, hablan de este plan para vencer a la naturaleza como el Proyecto
Manhattan de la ciencia de la longevidad. Jugar con los nombres también tiene
sus riesgos.
Uno de los magnates pregunta quién más conoce el invento y el científico responde: «Solo los que están en esta sala». Con Altos Labs ocurre algo parecido, aunque tienen página web, en la que desde el principio anuncian con grandes letras: «Nuestra misión es recuperar la salud y la resistencia de las células mediante su rejuvenecimiento, con el fin de revertir las enfermedades, las lesiones y las discapacidades que pueden surgir a lo largo de la vida».
No
todo es transparente, sin embargo. «Se han ganado la reputación de ser una caja
negra. No comparten lo que hacen», escribe Dominus, quien pese a todo es
invitada a visitar sus instalaciones en California.
Embriones de monos y humanos
Allí conoce a Juan Carlos Izpisúa, quien desencadenó un
debate ético en 2019 cuando colaboró con científicos chinos para crear lo que
se conoce como quimera:
embriones que eran en parte monos y en parte humanos. Cabe añadir que
destruyeron a los que sobrevivieron después de 20 días, pero la semilla había
sido plantada. El cicerone español, expobre y exfutbolista, guía a la reportera
por sus dominios y, sin duda, la seduce intelectualmente.
Izpisúa descubrió hace una década cómo rejuvenecer ratones mediante la manipulación de su ADN. El premio Nobel japonés Shinya Yamanaka había dado antes con la clave, pero la aplicación práctica de sus teorías la desarrolló el español. Este siempre creyó que no era tan arriesgado aplicarlo en humanos, como comprobó después de décadas de investigación en España y en el Instituto Salk de Estudios Biológicos.
Descubrió el modo de exponer a los ratones a
los «factores Yamanaka», pero sin llegar a fundirlos con esa sobredosis de
juventud. Él ideó un tratamiento intermitente, parecido a una terapia de fin de
semana: lo activaba durante dos días y lo desactivaba otros cinco. El éxito fue
tan llamativo, los ratones lucían tan radiantes, que algunos de los técnicos
del laboratorio supusieron que los animalillos habían sido reemplazados.
«Nuestro estudio demuestra que el envejecimiento no tiene
por qué avanzar en una sola dirección», declaró a la prensa. «Con una
modulación cuidadosa, el envejecimiento podría revertirse». Casi nadie en los
mentideros científicos lo tomó en serio, pero llamó la atención del dinero y
fue reclutado en Altos a golpe de talonario, junto con otro
español, Manuel Serrano. Este último es experto en oncología molecular y
biología celular, y es conocido por sus contribuciones en el campo de la
reprogramación celular en vivo, donde el mayor riesgo, de nuevo, es pasarse de
frenada y formar teratomas (tumores benignos).
La eterna juventud, despiezada
Una década después, Altos y otros laboratorios punteros
investigan el rejuvenecimiento de las células del riñón, el corazón y el
hígado, que suelen ser los primeros en fallar con el paso de los años. La idea
es que, al tratar los órganos que antes envejecen, se pueda conseguir una vida
más larga y sana, en la que todo se vaya apagando al mismo tiempo. De este
modo, el periodo de declive total sería mucho más breve. No se vence a la
muerte, pero se aplaza la cita y el sufrimiento previo.
En el mismo club de científicos discutidos y revolucionarios figura el profesor de genética David Sinclair, autor del libro Alarga tu esperanza de vida, quien sostiene que «ya ha nacido la primera persona que llegará a los 150 años». Su tesis recuerda al transhumanismo: «nuestros cuerpos se parecen más a computadoras que pueden programarse, reprogramarse y reiniciarse para volver a ser jóvenes».
Emprendedor incansable de diversos negocios, incluido el del rejuvenecimiento
de mascotas, Sinclair genera una especial desconfianza en el mundo académico,
pero con ayuda de Yuancheng Ryan Lu, uno de sus estudiantes de posgrado,
asegura haber conseguido avances como revertir la ceguera inducida por ellos
mismos en ratones.
El artículo del New
York Times enumera otros científicos y empresas dispuestos a
arriesgar reputación y dinero en la persecución de un objetivo que, por más
quimérico que resulte, muchos ven más cercano que nunca. El entusiasmo también
va por barrios y en cada uno se aportan distintos matices, porque «es muy
distinto hacer retroceder una enfermedad localizada», como el glaucoma, «que
revertir realmente el envejecimiento». Lo veremos, o no, en los próximos
años.
El artículo original
del diario The New York Times puede
leerse aquí.
https://www.nuevarevista.net/eterna-juventud-camino-inmortalidad/

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