13.5.26

Entender cómo funciona un proceso obvio y complejo es la clave para intentar revertirlo

LA ETERNA JUVENTUD                         

EL CARO Y LARGO CAMINO HACIA LA ETERNA JUVENTUD

La inmortalidad nos da miedo, seguramente con razón. La búsqueda de la eterna juventud y la improbable victoria sobre la muerte han sido tratados con frecuencia por el cine y la literatura, por lo general para alertarnos de los riesgos que conlleva. Muchos venderían su alma al diablo o a la ciencia en busca de un sueño que parece imposible, pero ¿y si fuera realizable? Algunas de las personas más ricas y poderosas del planeta, «del Kremlin a Silicon Valley», se aferran a esa esperanza e invierten fortunas en investigación para tratar de revertir el proceso del envejecimiento. 

Cuestiones morales aparte, esta mezcla sin precedentes de trabajo y recursos empieza a dar frutos. En unos pocos días,  The New York Times publicó dos extensos artículos sobre la cuestión. Primero fue Mark O’Conell quien describe en este enlace las fabulosas inversiones de los más poderosos, en una carrera espectacular contra el tiempo. 

El pronóstico del autor no es demasiado optimista: «Bryan Johnson morirá. Peter Thiel  morirá. Sam Altman morirá. Xi Jinping morirá. Donald Trump morirá. Vladimir Putin morirá. Y tú también, y yo también, y todos los que ahora viven y los que aún no han nacido. Ni uno solo de nosotros se salvará: ni por órganos impresos en 3D, ni por superinteligencia artificial, ni por transfusiones de plasma de nuestros queridos y complacientes hijos adolescentes».

Poco después, sin embargo, podíamos leer a Susan Dominus  en la misma cabecera. El tono ensayístico y filosófico era sustituido por otro más cercano al periodismo y la divulgación científica, lo que no quiere decir que su disparo sea más certero, necesariamente. El título de su artículo: El rejuvenecimiento celular tiene el potencial de revertir el envejecimiento da una idea bastante precisa del contenido

En esta segunda aproximación a la misma idea, sobresale como protagonista el farmacéutico español Juan Carlos Izpisúa Belmonte (Albacete, 1960), una estrella en Estados Unidos y un investigador discutido en nuestro país. En 2014 dimitió como director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB). Veamos qué cuenta de su trabajo actual Susan Dominus, cuyo apellido parece otra invención de algún guionista, como casi todo en esta historia.

Susan Dominus empieza por explicar en qué consiste el envejecimiento natural, por qué nacemos jóvenes y vamos enseguida a peor. Entender cómo funciona un proceso tan obvio y a la vez tan complejo es la clave para intentar revertirlo. Después de duplicar la vida de una lombriz alterando un único gen y de conseguir que ratones canosos recuperaran su negro pelaje, los científicos ya hacen pruebas con cerdos. Todos sabemos que no se detendrán ahí.

El pasado mes de marzo dieron un salto mayúsculo y empezaron los primeros ensayos de seguridad para probar en humanos la terapia de rejuvenecimiento. Los primeros objetivos parecen inocentes e incluso altruistas: revertir enfermedades oculares y curar el glaucoma. Es solo el principio, según el artículo, que no esconde el dinero que se mueve detrás de todo gran esfuerzo: hablamos de un mercado de dos billones de dólares.

Algunos de los inversores son figuras de Silicon Valley como Peter Thiel, Larry Ellison y Sam Altman. Todos los actores consideran demostrado que el rejuvenecimiento celular es un hecho. Las dudas son otras: «¿Funcionará en humanos? ¿Se limitará su uso a intervenciones específicas para curar enfermedades concretas? ¿O podría llegar a ser lo bastante seguro como para permitir el rejuvenecimiento de todo el cuerpo, para ayudar a los seres humanos a parecer y sentirse más jóvenes, para evitar que envejezcan?». 

En la empresa biotecnológica Altos Labs creen tener algunas de las respuestas, sufragadas por multimillonarios tan conocidos como Jeff Bezos e inversores más invisibles, como Yuri Milner, científico israelí de origen soviético que estudió en Estados Unidos y alardea de su filantropía.

Hay una serie, no demasiado buena, que emite ahora Disney+, en la que varios multimillonarios se reúnen con un científico al que han pagado para que les inyecte el elixir de la eterna juventud, lo que por supuesto tendrá consecuencias devastadoras. En The Beauty, al igual que en el artículo, hablan de este plan para vencer a la naturaleza como el Proyecto Manhattan de la ciencia de la longevidad. Jugar con los nombres también tiene sus riesgos.

Uno de los magnates pregunta quién más conoce el invento y el científico responde: «Solo los que están en esta sala». Con Altos Labs ocurre algo parecido, aunque tienen página web, en la que desde el principio anuncian con grandes letras: «Nuestra misión es recuperar la salud y la resistencia de las células mediante su rejuvenecimiento, con el fin de revertir las enfermedades, las lesiones y las discapacidades que pueden surgir a lo largo de la vida». 

No todo es transparente, sin embargo. «Se han ganado la reputación de ser una caja negra. No comparten lo que hacen», escribe Dominus, quien pese a todo es invitada a visitar sus instalaciones en California.

Embriones de monos y humanos

Allí conoce a Juan Carlos Izpisúa, quien desencadenó un debate ético en 2019 cuando colaboró con científicos chinos para crear lo que se conoce como quimera: embriones que eran en parte monos y en parte humanos. Cabe añadir que destruyeron a los que sobrevivieron después de 20 días, pero la semilla había sido plantada. El cicerone español, expobre y exfutbolista, guía a la reportera por sus dominios y, sin duda, la seduce intelectualmente.

Izpisúa descubrió hace una década cómo rejuvenecer ratones mediante la manipulación de su ADN. El premio Nobel japonés Shinya Yamanaka había dado antes con la clave, pero la aplicación práctica de sus teorías la desarrolló el español. Este siempre creyó que no era tan arriesgado aplicarlo en humanos, como comprobó después de décadas de investigación en España y en el Instituto Salk de Estudios Biológicos

Descubrió el modo de exponer a los ratones a los «factores Yamanaka», pero sin llegar a fundirlos con esa sobredosis de juventud. Él ideó un tratamiento intermitente, parecido a una terapia de fin de semana: lo activaba durante dos días y lo desactivaba otros cinco. El éxito fue tan llamativo, los ratones lucían tan radiantes, que algunos de los técnicos del laboratorio supusieron que los animalillos habían sido reemplazados.

«Nuestro estudio demuestra que el envejecimiento no tiene por qué avanzar en una sola dirección», declaró a la prensa. «Con una modulación cuidadosa, el envejecimiento podría revertirse». Casi nadie en los mentideros científicos lo tomó en serio, pero llamó la atención del dinero y fue reclutado en Altos a golpe de talonario, junto con otro español, Manuel Serrano. Este último es experto en oncología molecular y biología celular, y es conocido por sus contribuciones en el campo de la reprogramación celular en vivo, donde el mayor riesgo, de nuevo, es pasarse de frenada y formar teratomas (tumores benignos).

La eterna juventud, despiezada

Una década después, Altos y otros laboratorios punteros investigan el rejuvenecimiento de las células del riñón, el corazón y el hígado, que suelen ser los primeros en fallar con el paso de los años. La idea es que, al tratar los órganos que antes envejecen, se pueda conseguir una vida más larga y sana, en la que todo se vaya apagando al mismo tiempo. De este modo, el periodo de declive total sería mucho más breve. No se vence a la muerte, pero se aplaza la cita y el sufrimiento previo.

En el mismo club de científicos discutidos y revolucionarios figura el profesor de genética David Sinclair, autor del libro  Alarga tu esperanza de vida, quien sostiene que «ya ha nacido la primera persona que llegará a los 150 años». Su tesis recuerda al transhumanismo: «nuestros cuerpos se parecen más a computadoras que pueden programarse, reprogramarse y reiniciarse para volver a ser jóvenes». 

Emprendedor incansable de diversos negocios, incluido el del rejuvenecimiento de mascotas, Sinclair genera una especial desconfianza en el mundo académico, pero con ayuda de  Yuancheng Ryan Lu, uno de sus estudiantes de posgrado, asegura haber conseguido avances como revertir la ceguera inducida por ellos mismos en ratones.

El artículo del New York Times enumera otros científicos y empresas dispuestos a arriesgar reputación y dinero en la persecución de un objetivo que, por más quimérico que resulte, muchos ven más cercano que nunca. El entusiasmo también va por barrios y en cada uno se aportan distintos matices, porque «es muy distinto hacer retroceder una enfermedad localizada», como el glaucoma, «que revertir realmente el envejecimiento». Lo veremos, o no, en los próximos años.


El artículo original del diario The New York Times puede leerse aquí.

https://www.nuevarevista.net/eterna-juventud-camino-inmortalidad/  

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