MONETIZAR
Es una palabra de moda, aunque seguro que se practicaba
incluso antes de inventar las monedas. Todo se quiere monetizar: desde el odio a los
inmigrantes hasta la crisis climática (mediante aseguradoras y compensaciones
de emisiones), pasando por las zonas protegidas (con caza y turismo)
y el apagón de España.
Algunos humanos tienen la obsesión de intentar convertir en dinero cualquier cosa. Si publican fotos o vídeos, quieren cobrar como influencers (mejor en Andorra para pagar menos impuestos, aunque no renuncien a los servicios públicos de España: hospitales, aeropuertos). Los que escriben ansían publicar libros para ganar mucho. Si cantan, quieren vender canciones. Si pintan, querrán vender cuadros. No todo tiene precio.
Las instituciones también caen en este error. En una
zona turistificable, hay que maximizar el negocio sin
medir si nuestra gente malvive explotada por la industria turística.
Sabemos que el turismo es un
negocio que no enriquece a una región, sino que la somete. Ahí
están Canarias y Andalucía, destinos entre los más
visitados del mundo y, a la vez, las comunidades más
empobrecidas del país.
No es malo intentar ganar dinero. El problema es no pensar
en las consecuencias. Y también obsesionarse bajo el influjo de gurús y
emprendedores que te digan que «conseguirás todo lo que te propongas», aunque
para ello tengas que amargarte la vida como inversión. Emprender está bien,
pero es justo reivindicar el
placer de actuar sencillamente por algo que pensamos que debe ser hecho.
Sin esperar recompensa (al estilo karma yoga).
Hace unos días participé en una plantación de árboles organizada por voluntarios de WWF en Málaga, la Universidad de Málaga y el Ayuntamiento de Mijas. Los que fuimos hasta la Sierra de Mijas no pensamos en ganar dinero plantando algarrobos, acebuches, lentiscos y encinas.
La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios que, seguramente, no
volverán a aquel paraje para disfrutar de los árboles plantados. Es decir, hay
personas —muchas de ellas jóvenes— comprometidas con el medioambiente y con
hacer cosas que no se van a monetizar. Que sirvan de ejemplo.
De ahí que merezca la pena cuidarse de las obsesiones, para no perdernos, por su
culpa, las mejores partes de la vida. Si te gusta escribir, escribe —y
publica—; mucho mejor sin pensar en monetizar. Pinta como si no quisieras
vender tu obra y baila como si nadie te estuviera mirando. Que nadie compre tu
libertad.

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