LA INTERDEPENDENCIA A ESCALA PLANETARIA
LYNN MARGULIS Y GAIA
"Encontramos la polaridad o la acción y la reacción
en todas las partículas de la Naturaleza; en la oscuridad y en la luz, en el
frío y en el calor, en el flujo y el reflujo de las aguas, en el macho y en la
hembra, en la inspiración y expiración de las plantas y de los animales. Un
inevitable dualismo divide la Naturaleza en dos partes iguales" - Ralph
Waldo Emerson:
Eliminando las negatividades
Como nos recuerda Emerson, todo en la naturaleza y en la vida viene a pares. No existe el bien sin el mal, la belleza sin la fealdad, el calor sin el frío. Pero esta obviedad es fácilmente olvidada por nuestro espíritu moderno, obstinado en alcanzar la parte buena de la dualidad y eliminar las negatividades a través del control humano posibilitado por la ciencia y la técnica.
Una buena definición de Modernidad es esa: la época humana empeñada en eliminar riesgos, incertidumbre y las adversidades de la vida a través de la razón humana.Queremos una vida cómoda, placentera, sin sufrimiento ni
dolor, sin negatividades.
¡Quién no! diría la inmensa mayoría. Pero a medida que los
problemas y las crisis se acumulan en nuestra sociedad moderna, nos vamos dando
cuenta que todas estas "positividades" vienen también con un costo.
Estamos cómodos, es cierto, pero perdimos habilidades,
oficios y capacidades. Tenemos más autonomía individual y no estamos
constreñidos por la tradición pero también estamos más solos y necesitamos
decidir todo, lo cual genera ansiedad. Tenemos más seguridades que antaño pero
también menos resiliencia y más temor. Accedemos a más bienes de consumo que
nos hacen la vida fácil o placentera pero por otro lado contaminan nuestro aire,
nuestros suelos y nuestros cuerpos. Es más factible poder conocer lugares
lejanos pero la gente que los habitaba se tiene que ir y el mundo se hace más
igual.
La modernidad tardía intenta producir
sujetos sin negatividad: eficientes, adaptables, siempre positivos. Pero lo
humano no funciona así: somos finitos, no todo es posible, hay contradicciones
irresolubles, hay pérdida y duelo, no todo problema tiene solución técnica
(¡cómo cuesta aceptar esto!). Negar la negatividad no nos hace más libres: nos
vuelve más frágiles, menos creativos, menos tolerantes, menos humanos.
Entender las dualidades o polaridades como complementarias,
y finalmente como una unidad es la tarea que tenemos hacia adelante como
humanidad si queremos resolver verdaderamente nuestros problemas, y no atender
los síntomas.
"Aunque
cara y cruz, anverso y reverso, positivo y negativo, sean diferentes, son al
mismo tiempo uno. Y uno tiene que acostumbrarse, fundamentalmente, a la noción
de que cosas diferentes pueden ser inseparables; que lo que es explícitamente
dos puede ser al mismo tiempo implícitamente uno. Si se olvida eso, ocurren
cosas muy curiosas." - Alan Watts
Una de esas
polaridades indisolubles presentes en la naturaleza es la de competencia y
cooperación.
Sin embargo, dada esa dificultad inherente de la que
hablamos para ver e integrar los pares de opuestos y por circunstancias que
ahora vamos a analizar, hemos fijado
nuestra atención en sólo uno de estos pares -el de la competencia- como el
motor causal de la evolución biológica y luego extendimos esa visión a la
sociedad humana toda.
Construimos toda una
civilización en el supuesto que el motor de la evolución, el motor del progreso
individual y social es la competencia. Y hemos creado un desequilibrio que hoy
es muy difícil de tapar: guerras por doquier, acumulación de la riqueza en
poquísimas manos, puestos de poder ocupados por psicópatas o gente con muy poca
empatía, la degradación acelerada de los ecosistemas, la normalización de la
mentira como herramienta política, la fragmentación social alimentada por el
miedo y la desinformación, y una sensación colectiva de vacío que intenta
compensarse con consumo, velocidad y distracción permanente.
Pero, ¿se puede
esperar algo distinto si pensamos que tener dinero es la medida del éxito y
esto se logra en una competencia despiadada?
Darwin y la
imposición del polo de la competencia
Si exploramos las relaciones entre ciencia e ideología, el
impacto de Darwin es uno de los casos más interesantes a analizar, en cuanto
cómo un "descubrimiento" científico puede impactar en las ideas de su
tiempo y cómo la idiosincrasia del momento impacta en los ojos del descubridor
de las teorías.
Todos somos hijos de
nuestra época, y no podemos evitar ver el mundo con los lentes que la sociedad
nos da para mirarla.
Darwin -ciertamente-
veía el mundo influenciado por la Inglaterra del siglo XIX, una Inglaterra
sufriendo grandes transformaciones en plena Revolución industrial.
La revolución industrial pone fin a milenios de una vida
humana sincronizada con el mundo natural, con los ciclos de las estaciones, del
sol y de la luna. A milenios de trabajo manual y tracción animal y vida en el
campo. A una vida local y comunitaria limitada a distancias cortas. Y en muy
corto tiempo obliga a la relocalización en masa desde el campo al hacinamiento
en la ciudad; y con esto al nacimiento de nuevas clases sociales: el proletariado
de obreros y campesinos pobres y la burguesía, dueña de los medios de producción
y de la mayor parte de la renta.
Un momento histórico donde las fuerzas de poder estaban
claramente desniveladas y los más pobres estaban sujetos a jornadas laborales
de más de doce horas, condiciones de higiene y salubridad deplorables,
disciplina laboral controlada duramente y el reclutamiento de trabajadores se
realizaba indiscriminadamente entre hombres, mujeres y niños. Es decir no había
ningún balance de poder, los más ricos-poderosos-fuertes podían ejercer
sus designios sin ningún tipo de control ni de límite.
Lo mismo puede decirse de la relación colonizador -
colonizado que imperaba en plena expansión colonial inglesa y se justificaba no
por un azar del destino o menores escrúpulos éticos, sino por una supuesta
superioridad racial, moral o intelectual sobre el dominado.
Darwin era hijo de
este tiempo, se crio y absorbió esta ideología imperante de progreso industrial
y colonial. Nace en la región central de Gran Bretaña, preeminentemente
industrial, en una próspera familia de médicos, cuya riqueza estaba relacionada
con el éxito empresarial de sus fábricas.
Y como no podía ser
de otra manera, cuando salió en sus viajes de exploración, sus ideas
científicas reflejaron los temas predominantes de su tiempo. Pudo ver en
la naturaleza ese polo de competencia, de supervivencia y selección del más
apto, que luego Herbert Spencer tradujo como "la supervivencia del más
fuerte", frase adoptada por Darwin posteriormente.
Dentro de este marco histórico-social, colonial y
capitalista, encajaron perfectamente la
teoría de Darwin y el neodarwinismo de Spencer. Este último traslada la lógica evolutiva de Darwin a la sociedad
entera: la competencia económica impulsa el progreso, la intervención estatal
interfiere con la “selección natural” social, la desigualdad sería una
consecuencia natural del proceso evolutivo.
Como señala Janet
Browne, la esencia de la propuesta de Darwin era que no se debía
entender a los seres vivos como creaciones de Dios, sino como el resultado de
procesos naturales: las especies surgen a partir de otras especies mediante la
competencia entre individuos y la supervivencia («selección»). Darwin estaba
muy influenciado también por las ideas de escasez de Malthus, y las aplicó al
analizar el reino animal y vegetal: si nacen muchos individuos de una especie,
dada la limitación en las fuentes de alimentos, se generará una competencia
entre individuos por la supervivencia en el que los más débiles tenderían a
morir antes. Solo los ganadores tendrían descendencia. Darwin llamó a los ganadores de esa competencia, mejor adaptados, y
señaló que esas adaptaciones se transmitirían a la siguiente generación.
El proceso también estimularía la diversificación de organismos para sacar
provecho a diferentes nichos ambientales, tal como lo hacían los dueños de las
fábricas de la época de Darwin. La evolución también genera variaciones
azarosas, errores sin dirección, que luego son usados y probados en la
competencia de la vida, seleccionados los que sirven, descartados los que no y
así estos cambios, a menudo invisibles, trazan el rumbo de la vida en la Tierra
y la diversidad biológica. La acumulación de mutaciones aleatorias conducía al
cambio evolutivo, a nuevas especies.
Decía Darwin «La
selección natural actúa únicamente acumulando ligeras variaciones favorables
sucesivas; no puede producir modificaciones grandes ni repentinas; solo puede
actuar mediante pasos muy cortos»
Dentro de este marco histórico-social, colonial y
capitalista, encajaron perfectamente la
teoría de Darwin y el neodarwinismo de Spencer. Este último traslada la lógica
evolutiva de Darwin a la sociedad entera: la competencia económica impulsa el
progreso, la intervención estatal interfiere con la “selección natural” social,
la desigualdad sería una consecuencia natural del proceso evolutivo.
Pero Darwin no fue una figura aislada, tengamos en cuenta,
que al mismo tiempo, aunque independientemente, Wallace sugirió prácticamente
lo mismo.
Y estas ideas
biológicas tuvieron un impacto enorme en las ideas de cómo nos concebimos como
humanos y de cómo funcionan y progresan las sociedades. Ya no éramos creaciones
divinas, sino primates que habíamos salido airosos en la competencia evolutiva,
la competencia y las capacidades individuales determinan el progreso de la
sociedad y hay que fomentarla y asegurarla a través de instituciones y normas.
¿Cuáles son los valores que esta visión implica? vivir compitiendo conlleva
eficiencia, utilidad, individualismo, carrera contra el tiempo y contra todos,
rendimiento, comparación, rivalidad, desconfianza, autoexigencia, ansiedad y
miedo.
En estas ideas y
valores abreva uno de los instrumentos definitorios de nuestra sociedad actual:
la economía de mercado y en su momento fue la justificación del colonialismo,
la fuerte estratificación social y el racismo.
Y estas ideas y valores se han visto reforzadas en las
últimas décadas en el ámbito económico con el neoliberalismo contemporáneo y
los libertarios que buscan todas las soluciones en la liberalización de los
mercados, la ampliación de la competencia y la eliminación de cualquier
institución o elemento que pueda morigerar esa competencia.
A su vez a medida que entramos en la fase tardía del
capitalismo, con la digitalización, los algoritmos, la
economía-casino-financiero, de las apuestas y de la velocidad que acrecienta
los cambios y la incertidumbre, más parece ilustrarse la idea de mutación
azarosa.
Estamos en un momento donde pareciéramos estar navegando en
aguas muy borrascosas, en un barco al mando de timoneles desquiciados,
completamente a la deriva, probando quiénes resistirán y serán seleccionados.
Pero a su vez, también estamos en el momento que -dados los
peligros que nos acechan, ambientales, nucleares, sanitarios, económicos y el
sufrimiento que estos conllevan a millones de humanos- estamos dispuestos a preguntarnos por la realidad de los supuestos que
sustentan nuestras construcciones mentales y humanas.
Margulis y el otro
polo: la cooperación como motor evolutivo
Como dijimos al principio, la naturaleza de la vida se mueve
entre opuestos. Y en cuanto a la competencia, claro que sí, es una de sus
polaridades, pero falta que tengamos en cuenta a la otra parte del par: la
cooperación.
Darwin, para ser justos con su figura, incluye en "El
Origen de las Especies" la cooperación y sociabilidad animal, y habla de
“la red enmarañada de relaciones” pero eso fue siendo marginado y su teoría
quedó asociada con la competencia y con la selección del más apto, quizás
producto de la idiosincrasia de la época en que surgió o por la influencia
posterior del darwinismo social
posterior.
Lo cierto es que quien trajo con fuerza el par de la
cooperación a la discusión sobre la evolución fue una mujer, la bióloga
estadounidense Lynn Margulis.
Hoy, la gran mayoría de los seres vivos nos desarrollamos
aprovechando la abundancia de oxígeno en la Tierra. Bacterias, plantas, hongos,
insectos, peces y mamíferos absorbemos este elemento para vivir y morimos
instantáneamente cuando nos falta.
Pero durante la mitad de la vida de los 4500 millones de
años que tiene nuestro planeta, el escenario era muy distinto; la Tierra era un
páramo rocoso, rodeado de una atmósfera rica en dióxido de carbono, metano,
amoníaco y vapor de agua producto de la abundante actividad volcánica y
geológica de ese entonces. El oxígeno era apenas una pequeña parte dentro de
una mayoría de componentes atmosféricos que hoy son letales para la mayor parte
de la vida.
Hace 2300 millones de años en la Tierra no había ni
animales, ni plantas, ni hongos. Era un mundo árido y poco amigable en donde la
vida estaba presente exclusivamente en forma de bacterias que habían sabido
encontrar formas de sobrevivir en ese ambiente tan hostil.
Pero alrededor de ese momento las condiciones empezaron a
cambiar cuando una de esas bacterias, las llamadas cianobacterias,
aprendieron a hacer fotosíntesis y determinaron así el destino de todos los que
les seguimos.
Hagamos memoria y recordemos que en la fotosíntesis, las
cianobacterias y las plantas hacen el milagro de producir azúcar a
partir de la luz y el aire. Azúcar o glucosa, la principal energía que
utilizamos los seres vivos, además, en ese proceso, absorben el dióxido de
carbono del aire y nos devuelven oxígeno a la atmósfera.
Lo que se conoce como
La Gran Oxidación ha comenzado.
Y todo cambió en los siguientes cientos de millones de años.
Las cianobacterias comenzaron a producir tanto oxígeno que transformaron la
atmósfera. El oxígeno dejó de ser algo escaso para convertirse en un gas
abundante al que la vida tuvo que aprender a usar para sobrevivir. No fue
fácil. Lo que después iba a permitir el florecimiento de la vida, al principio
fue una catástrofe (de hecho este acontecimiento también se conoce como la
Catástrofe de la Gran Oxidación). Se estima que el aumento repentino de oxígeno
eliminó cerca del 80-90% de la vida en la Tierra, que en ese momento era
bacteriana. Se considera uno de los primeros grandes eventos de crisis
biogeoquímica global.
En aquel difícil entorno, surgió un nuevo linaje, el de las bacterias aeróbicas, que podía hacer uso del
oxígeno ahora más abundante. Su gran innovación fue la respiración aeróbica. Mientras que los
organismos antiguos (anaerobios) podían sacar muy poca energía mediante
procesos que eran muy lentos, estas nuevas bacterias usaban el oxígeno y la
glucosa para obtener hasta 15 veces más
energía.
Esta bacteria
aeróbica, se convierte luego en lo que conocemos como mitocondria. Otra innovación de la vida que permite la aparición de la célula eucariota.
¿Cómo se convierte esta bacteria en la mitocondria? ésta
pregunta fue lo que motivó la investigación de Margulis, y su respuesta es lo
que trajo a la teoría evolutiva la otra pata de la evolución, la cooperación.
Según la Teoría Endosimbiótica
de Margulis, una de estas bacterias aeróbicas fue absorbida por una célula más
grande. Pero en lugar de ser digerida, esa bacteria se quedó a vivir adentro,
convirtiéndose en lo que hoy conocemos como mitocondria.
En palabras de Margulis "En algún momento, una ameba se comió una bacteria pero no pudo digerirla.
La bacteria produjo oxígeno o vitaminas, lo que supuso una ventaja para su
supervivencia y la de la ameba. Con el tiempo, las bacterias del interior de la
ameba se convirtieron en mitocondrias".
Este proceso de "incorporación" ocurrió a través
de la fagocitosis (comerse a
otra célula). El mecanismo funcionó aproximadamente así:
- Una
célula procariota grande (posiblemente una arquea) fagocitó a una bacteria
aeróbica pequeña (una alfaproteobacteria).
- En
lugar de digerir a la bacteria para obtener energía inmediata, la célula
grande la mantuvo viva en su interior.
- Se
estableció un pacto energético, una relación de simbiosis:
- La
bacteria pequeña recibía protección y nutrientes de la célula grande.
- La
célula grande recibía la enorme cantidad de energía (ATP) que la bacteria
producía usando el oxígeno.
- Con
el paso de millones de años, se produce la fusión definitiva, la bacteria
perdió su independencia y gran parte de su ADN, convirtiéndose formalmente
en la mitocondria.
Entonces estructuras vitales de las células animales y
vegetales, como las mitocondrias (responsables de la producción de energía en
la célula a través de la respiración celular) y los plástidos (producen glucosa
a partir del sol, fuente de alimentación primaria de la vida) evolucionaron a
partir de bacterias que vivían simbióticamente hace cientos de millones de
años.
Margulis nos cuenta
que "Las fusiones resultantes dieron lugar a las células compuestas
conocidas como eucariotas, que a su vez dieron origen a protoctistas, hongos,
plantas y animales, incluidos los humanos. La idea de que todos somos hijos de
bacterias parecía descabellada en su momento, pero ahora está ampliamente
respaldada y aceptada".
Dice Margulis: "Los puntos verdes que vemos hoy en
las células de las plantas se originaron como cianobacterias." Las
cianobacterias, son bacterias capaces de llevar a cabo la fotosíntesis.
Son los únicos organismos procariotas que realizan fotosíntesis oxigénica.
Margulis logra explicar así la aparición de las células
eucariotas, que significó el gran salto
en complejidad de la vida y el más importante después del origen de la vida.
¿Por qué? Sin la aparición
de esta célula la vida seguiría siendo un conjunto de bacterias, no
habrían sido posible la aparición de los organismos pluricelulares, hongos,
plantas animales.
Y esto no sucedió
por competencia sino por colaboración.
Según Margulis y su hijo, «La vida no se apoderó del planeta mediante el combate, sino mediante la
creación de redes».
¿Cuál es la prueba
de que la teoría endosimbiótica es correcta? Esa bacteria nunca se
disolvió del todo. Conservó su propio manual de instrucciones: el ADN mitocondrial (ADNmt). Y este ADN
es circular, como el de las bacterias actuales, y es totalmente independiente
del ADN que tienes en el núcleo de tus células. Que nos lleva de nuevo a
concluir que la complejidad de nuestro cuerpo (y de todo el mundo vivo) empezó
con una "negociación" cooperativa, no con una mutación azarosa y la
supervivencia del más apto.
Margulis, que se reconoce deudora del pensamiento de
biólogos rusos como Mereschkowski, Famintsyn y Kozo-Polianski. va más allá
y lleva su teoría de lo celular a la evolución en general y en su teoría simbiogenética propone a la simbiosis como la
principal fuerza generadora de novedad biológica. Existen ejemplos firmemente
confirmados de órganos derivados de fusiones simbióticas, como vimos con las
mitocondrias y cloroplastos, que otorgaron nuevas capacidades metabólicas
fundamentales. Además, múltiples organismos actuales dependen de asociaciones
simbióticas estables que generan habilidades emergentes, como la digestión de
celulosa o la fotosíntesis en corales.
Integrando
competencia y cooperación en la evolución de la vida
La teoría de selección natural de Darwin fue actualizada con
la aparición de la teoría genética de Gregor Mendel, en lo que se conoce hoy
como neodarwinismo. En vez de las más genéricas "variaciones" de
Darwin, aparecen ahora las mutaciones genéticas aleatorias como factor
evolutivo. Variaciones que luego serán favorecidas o eliminadas por selección
natural.
Por otro lado ya vimos que Margulis sostiene que la mutación
aleatoria y la selección natural no son más que engranajes de la evolución; los
grandes saltos evolutivos, la creación de lo nuevo, es el resultado de fusiones
entre distintos tipos de organismos, lo que ella denomina simbiogénesis. La selección natural elimina organismos o tal
vez los mantiene, pero no los puede crear dice Margulis, lo nuevo aparece por
cooperación.
El registro fósil es incompleto y presenta discontinuidades,
lo que abrió debates sobre gradualismo vs. saltos evolutivos. Para Darwin, por ejemplo, era un misterio por qué
no existía ningún registro antes de la aparición del reino animal (542 millones
de años atrás), y de repente en el registro fósil aparecen casi todos los tipos
principales de animales.
La simbiogénesis
apoya la idea de que estas discontinuidades son reales y que todos los
organismos visibles son producto de esa fusión, sin excepción.
Una consecuencia de
la endosimbiosis y la simbiogénesis, es que toda forma de vida visible se torna
en una quimera, en una combinación o comunidad de bacterias (una
prueba es lo que mencionamos del doble ADN en nuestras células). Por lo cual
reconocemos la otra pata de la evolución: la cooperación.
Otra de las consecuencias de integrar la cooperación en la
evolución es pasar de la idea de árbol de la vida a lo que Margulis llama
telaraña de la vida, "El patrón
evolutivo es una telaraña: las ramas se fusionan, como cuando las algas y las
babosas se unen y permanecen juntas".
El mismo animal. La babosa es completamente verde. Tomó
cloroplastos de algas, y se convirtió en completamente fotosintética y se
acuesta en el sol. A finales de septiembre, estas babosas se vuelven rojas y
amarillas y parecen hojas muertas. Cuando ponen huevos, esos huevos contienen
el gen de la fotosíntesis en su interior.
A pesar del peso que
todavía tiene la teoría darwiniana en cómo vemos la vida, y en cómo eso se
traslada al diseño social y a la economía, hoy en día ambas teorías se ven como
complementarias, como niveles distintos de un mismo proceso:
- La
simbiosis es una fuente de novedad: Antes de que la selección
natural pueda elegir, la simbiosis ofrece una estructura compleja ya
formada (como una mitocondria).
- La
selección natural es el filtro: Una vez que dos organismos se
fusionan, la selección natural darwiniana decide si esa nueva unión es
apta para sobrevivir o no.
- El
Genoma es fluido: La idea neodarwiniana de un genoma estático y
aislado se ha actualizado con la transferencia horizontal de genes, concepto
muy ligado a Margulis.
Esto es lo que hoy se reconoce cuando hablamos de los
organismos vivos como holobiontes,
un término acuñado por Margulis. Un
holobionte es una entidad formada por la asociación de distintas especies que
funcionan como una unidad ecológica. En nuestro caso, somos comunidades vivas
compuestas por bacterias, virus y hongos que regulan no solo nuestro sistema
digestivo y nuestro sistema inmune, sino incluso nuestro estado de ánimo.
Pero no sólo nosotros: las vacas son el resultado de esa
cooperación invisible que hace posible la digestión del pasto. Los corales
dependen de algas microscópicas que viven en sus tejidos y realizan
fotosíntesis, proporcionándoles la mayor parte de su energía. Los líquenes no
son un organismo único, sino la unión íntima entre un hongo y un alga o
cianobacteria, capaces juntos de colonizar ambientes extremos donde ninguno
sobreviviría por separado. Las plantas, a su vez, establecen asociaciones
subterráneas con hongos micorrícicos que amplían radicalmente su capacidad de
absorber agua y nutrientes. Incluso las termitas necesitan comunidades
microbianas en su intestino para poder digerir la madera. En todos estos casos, lo que llamamos
“individuo” es en realidad una comunidad cooperativa que funciona como una
unidad.
Dice Margulis "No podríamos vivir sin las bacterias.
Mantienen nuestra fisiología ecológica. Hay vitaminas en las bacterias sin las
que no podrías vivir. El movimiento de tus gases y heces no tendría lugar sin
bacterias. Hay cientos de formas en las que tu cuerpo no funcionaría sin
bacterias. Entre los dedos de los pies hay una jungla; debajo de los brazos hay
una jungla. Hay bacterias en tu boca, montones de espiroquetas y otras
bacterias en tus intestinos. Las bacterias son nuestros antepasados."
La aparición de Gaia:
la Tierra como un organismo vivo
Hasta hace poco, la Tierra era considerada como una roca
muerta, que de casualidad tenía las condiciones ideales para desarrollar la
vida. Un escenario inerte habitado por organismos vivos por azar.
Pero en los años setenta se cruzan el químico atmosférico
James Lovelock con Lynn Margulis y revolucionan la ciencia con la Hipótesis
Gaia.
Lovelock trabajaba en los años 60 para la NASA queriendo
entender si había vida en el planeta Marte mirando su atmósfera. Sabía que si
en un planeta no había vida, su atmósfera llega a un equilibrio
químico: los gases se mezclan, reaccionan y quedan las moléculas más
estables y la atmósfera cambia muy poco con el tiempo. Pero que si hay vida en
un planeta, los organismos están constantemente interaccionando con esos gases
y hay desequilibrios atmosféricos.
Y Marte es un planeta en equilibrio, su atmósfera es casi
95% dióxido de carbono. El CO2 es un gas muy estable. No hay nada que
reaccione con nada. Venus también tiene una atmósfera densa de CO₂,
y también estable y no hay
evidencia de vida.
Al analizar la atmósfera de la Tierra observó que coexistían
oxígeno y metano. Esto es raro porque es altamente improbable sin reposición
constante: el oxígeno es muy inestable y el metano desaparece en presencia de
oxígeno, ambos deberían reaccionar y desaparecer, pero siguen presentes desde
hace millones de años. También observó que había una estabilidad climática
durante miles de millones de años pese al aumento de luminosidad solar. Con lo
cual llegó a la conclusión preliminar de que la atmósfera terrestre parecía
estar regulada no sólo por química y geología sino activamente por procesos
biológicos.
La atmósfera mostraba señales de vida activa pero Lovelock
no sabía aún cómo sucedía.
Lo que faltaba era el mecanismo ecológico detallado:
- ¿Qué
organismos concretos producían esos gases?
- ¿Cómo
los microbios regulaban los ciclos biogeoquímicos?
- ¿Cómo
esa regulación podía generar estabilidad planetaria?
Y ahí entra Margulis, quien por entonces se preguntaba si el
oxígeno era generado por los seres vivos y si estos habían sido capaces de
alterar la composición de la atmósfera terrestre. ¿No sería entonces que los
organismos vivos también influían en los ciclos de otros elementos, como el
nitrógeno, el metano o el azufre?
Con su interacción con Lovelock, Margulis completó la base
biológica concreta del porque la atmósfera terrestre estaba activa y convenció
a Lovelock de que la regulación era microbiana:
El Oxígeno: producido mayoritariamente por
cianobacterias marinas, algas, fitoplancton y plantas.
El Metano: producido por microbios anaerobios.
El Nitrógeno: sin microbios, el nitrógeno utilizable
para la vida sería casi nulo, todas las transformaciones del nitrógeno son
microbianas:
- Fijación
de N₂ →
amonio por bacterias
simbióticas y libres.
- Nitrificación
y desnitrificación realizadas por bacterias del suelo y océano.
- Regulación
de la fertilidad de ecosistemas y composición atmosférica.
El Azufre: mostró la importancia de bacterias que:
reducen sulfatos en sedimentos sin oxígeno y oxidan compuestos de azufre en
océanos y suelos. Pero de singular importancia para Gaia es que:
- las
bacterias emiten dimetilsulfuro, que influye en la formación de nubes y la
regulación climática.
Y mostró también que los
microorganismos dominan los flujos y transformaciones del ciclo del carbono,
especialmente en océanos, suelos y sedimentos. (1) Obviamente las plantas fijan
grandes cantidades de carbono en tierra firme pero, incluso ellas, dependen de
los microbios del suelo y el destino final del carbono vegetal, su
descomposición, también depende de los microbios. Podríamos pensarlo así, los
animales y plantas son visibles; los microbios son estructurales.
Margulis aportaba exactamente lo que faltaba: el mecanismo ecológico y evolutivo real.
Los ciclos planetarios son, en gran parte, metabolismo microbiano extendido. Los
microorganismos transforman la atmósfera, los océanos y los suelos a escala
planetaria. Es decir, la vida construye
su ambiente, no se adapta pasivamente al planeta sino que lo construye y regula su ambiente.
La atmósfera
terrestre es, en gran parte, un producto colectivo del metabolismo de la
biosfera. Así como un organismo tiene un metabolismo por el que
intercambia materia y energía para mantenerse vivo, la biosfera también:
- Capta
energía → principalmente del Sol mediante la fotosíntesis.
- Transforma
sustancias químicas → carbono, nitrógeno, azufre, fósforo, agua,
oxígeno.
- Libera
productos → O₂, CO₂,
metano, nutrientes reciclados.
- Se
autorregula → mantiene condiciones compatibles con la vida a
largo plazo.
La hipótesis Gaia propone que ese metabolismo colectivo
genera retroalimentaciones entre
vida y ambiente y puede producir cierta estabilidad
global sin intención consciente.
Es decir, la Tierra funciona más como un sistema vivo que se autorregula, donde la vida y el
entorno físico (atmósfera, océanos, suelos, clima) coevolucionan formando una
red integrada que mantiene condiciones aptas para la vida. No como una roca inerte, no en una competencia
despiadada de todos contra todos.
Todo lo contrario,
se requieren altísimos grados de cooperación y sinergia para generar las
condiciones que hacen posible el mantenimiento de la vida. La atmósfera, los
océanos, el suelo, el clima y todos los organismos vivos coevolucionamos
formando una red integrada que mantiene condiciones aptas para la vida. Todos
dependemos de todos. Todos estamos profundamente interconectados.
La evolución, el
movimiento de cambio que nos lleva a mayores complejidades, deja de verse como
una lucha de individuos aislados y pasa a entenderse como un proceso de relaciones
crecientes, de células a organismos, de organismos a ecosistemas y de
ecosistemas al mismo planeta Tierra. La evolución integra múltiples dinámicas:
competencia, cooperación, simbiosis, selección multinivel y transferencia
genética. Pero lo que no es nunca, es la simplificación darwiniana que
repetimos y repetimos.
Es hora de repensar nuestros paradigmas y entender la fuerza
que estos tienen en la construcción de la realidad. Es hora de que nos demos
cuenta que no hay separación entre los pares duales, que no existe ninguno sin
el otro. Que la competencia y la cooperación se entretejen en la red de la
vida, generando las condiciones para su existencia y mantenimiento.
Y es hora que entendamos que no somos individuos separados,
sacos de carne envueltos en pieles que nos separan del mundo. Sino que somos la
misma vida metamorfoseándose, los átomos de las estrellas nos dieron sus
átomos, la arquea original fue transformándose hasta llegar a ser nosotros, es
decir compartimos el mismo cuerpo. Pero no sólo eso, porque también vivimos de
la vida que los otros han sabido crear (oxígeno, azúcar, plantas, animales,
etc). Somos relaciones. Somos holobiontes. Intersomos.
No somos externos al
sistema, la humanidad no está “sobre” la Tierra, sino dentro de una red
metabólica planetaria. Si no aprendemos
esto por las buenas, lamentablemente lo tendremos que aprender por la vía del
sufrimiento. Gaia se está acomodando a nuestro actuar, ya está respondiendo con
cambio climático, acidificación oceánica, pérdida de biodiversidad. Esperemos que en las próximas décadas nos
ayude a sintonizar con ella y que podamos cocrear juntos un futuro armonioso
para los humanos y todos los seres sintientes y no sintientes que habitamos
este hermoso planeta.
https://www.climaterra.org/post/lynn-margulis-y-gaia-la-interdependencia-a-escala-planetaria

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