EL COLAPSO YA TUVO LUGAR Y FUE
FILOSÓFICO
Desde una perspectiva crítica, Catafalco puede leerse como un diagnóstico extremo del estado de la civilización contemporánea. Sin embargo, su propósito va mucho más allá de la mera descripción o análisis.
No se trata de un libro que aspire a explicar la crisis desde fuera, sino de
una obra que busca implicar directamente a los lectores en esa crisis,
haciéndolos partícipe de su profundidad y de sus consecuencias.
El libro no ofrece soluciones en el sentido habitual. No propone programas políticos, ni reformas institucionales, ni utopías alternativas claramente definidas. Esta ausencia no es una carencia, sino una posición deliberada. Kingsley parece sugerir que cualquier intento de solución dentro del marco conceptual que ha generado el problema está condenado a reproducirlo.










































