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22.7.26

La convivencia madura se construye con tolerancia, no con prohibiciones infinitas

LAS PROHIBICIONES SELECTIVAS

Aplaudimos la pérdida de libertad ajena (dedicado a los que se alegran de la prohibición de fumar)

El gobierno avanza con una nueva medida: prohibir fumar en las terrazas de bares y en las playas. Una restricción más en nombre de la salud pública, el medio ambiente o el confort colectivo. Lo sorprendente no es la propuesta en sí —pues el tabaco genera debates legítimos sobre externalidades—, sino la reacción de parte de la sociedad: un aplauso entusiasta, casi festivo, de quienes ven en esta prohibición un triunfo personal.

Hay un patrón inquietante. Muchas personas celebran las prohibiciones que no les afectan directamente. El fumador pasivo se alegra de que le quiten el humo de la cara. Mañana, el carnívoro se indignará si alguien propone limitar el consumo de carne por razones climáticas.

17.6.26

El problema no és la rabia que ens empeny a fugir, sinó què construïm més enllà

TOTHOM VOL FUGIR DEL PRESENT

SECTES, GURUS I LA FANTASIA DE DESAPARÈIXER

El pensament màgic impregna totes les estructures de la nostra vida; la idea que, si hi creus prou, tot anirà bé. No és això exactament el que passa en una secta?

Quantes vegades has somniat aquest últim mes de deixar la feina? De deixar-ho tot i buscar un raconet on fer la teva vida tranquil·la. Quantes vegades aquesta última setmana has volgut trencar tots els miralls i cremar la teva roba? Oblidar que tens un cos, llençar el mòbil al vàter, collir flors pel camí, contemplar els ocells. Sembla que una fantasia universal s’apodera de l’imaginari col·lectiu: desaparèixer.

La crisi de l’habitatge a les grans ciutats explica una part d’aquesta fantasia d’un exili rural on tot hauria de ser més fàcil. Però no és l’única tendència que ens empeny cap a aquesta pulsió escapista.

11.6.26

El verdadero valor humano no reside en la eficiencia sino en la singularidad

EL FACTOR HUMANO                             

Mientras la IA gana terreno, las guerras se automatizan, la natalidad se desploma y las grandes potencias compiten por dominar tecnologías estratégicas, una pregunta recorre muchas de las lecturas de esta semana: ¿qué hay de lo específicamente humano?

Desde la encíclica de León XIV hasta los debates sobre el trabajo, la reproducción, la educación o la guerra, emerge una misma preocupación: cómo preservar la dignidad, la autonomía y la originalidad de la persona en un mundo cada vez más organizado por algoritmos, máquinas y sistemas impersonales.

Frente al poder de los algoritmos

27.4.26

Conrear els valors que ens fan humans i que hem anat arraconant, és ineludible

© LA TECNOLOGIA ENS DESACTIVA

Un símptoma del desvetllament de les persones que s’està donant a rel de la degeneració provocada per la tecnologia és el cop de timó que Suècia ha impulsat en l’ensenyament i que suposa deixar de banda els artefactes tecnològics (telèfons, tauletes, ordinadors) i retornar als mètodes analògics (llibres, paper i llapis) una vegada constatada la baixada accelerada en els aprenentatges dels estudiants. 

Les addiccions creades amb l’ús de la tecnologia ha fet minvar el desenvolupament de les pròpies facultats (llegir, escriure, entendre) cosa que comporta -a part d’aquesta pèrdua- la dependència d’eines alienes a la pròpia vida i que s’interposen en la comprensió, comunicació, expressió i creació humanes. 

5.1.26

Educar no es proteger futuros adultos apartándolos del mundo, sino prepararlos para él

DE LA GENERACIÓN SALVAJE A LA DE CRISTAL

No hace mucho publiqué un artículo titulado La última generación salvaje. En él describía una infancia que hoy parece casi exótica: tardes interminables en la calle, autonomía, ausencia de agendas, padres que no sabían exactamente dónde estabas… y tampoco lo necesitaban. 

Una generación educada en la intemperie, no por dejadez, sino por normalidad. Muchos lectores se reconocieron en ese retrato. Algunos incluso se sintieron, por una vez, elogiados. Pero aquel artículo solo contaba una parte de la historia. La más estimulante

Sin embargo, esa misma generación que aprendió a amar la libertad, a saborearla con deleite, protagonizó después una de las paradojas más llamativas de las últimas décadas: transformó el riesgo que la había formado en algo inaceptable para sus hijos. La autonomía pasó a parecernos negligencia. La calle, una amenaza. El error, una tragedia emocional en potencia.

30.12.25

El carácter no se fabrica en espacios seguros, sino en entornos abiertos e imprevisibles

LA ÚLTIMA GENERACIÓN SALVAJE

Hubo un tiempo —y apenas queda memoria de él— en que la infancia era un territorio de fronteras difusas. No existían agendas escolares interminables ni calendarios que planificaran la existencia de los niños como si fueran entes programables. La calle, el descampado y la tarde eran entornos salvajes que pertenecían a quien supiera conquistarlos. 

Hoy, quien logre recordarlo lo hará con una mezcla de incredulidad y ternura: los niños desaparecían durante horas y solo había una regla para el regreso: la primera farola encendida. No había llamadas ni mensajes desde un smartphone, no había geolocalización, no había ansiedad.

Entre los años sesenta y mediados de los noventa se produjo una anomalía histórica que pocos se han molestado en analizar. Fue una fase en la que la seguridad material había avanzado lo suficiente como para permitir libertad sin miedo, pero aún no existía la hiperregulación social que convierte cada detalle de la crianza en una elección susceptible de juicio y sanción. La infancia se vivía a la intemperie, en una mezcla de civilización y selva.