LUCES A LO LEJOS
Lo primero fue decidir sobre el tiempo. Quienes aseguraban
que no nos quedaba mucho quizás tenían razón, pero lo primero fue decidir que
no había ninguna prisa, que el tiempo era nuestro ya para siempre.
A veces nos llegaba un rumor insidioso, una voz interior que
nos decía que el camino que habíamos elegido era equivocado, así que de la
misma forma tuvimos que decidir cómo tomarnos ese ruido. Lo hicimos nuestro
también.
Sabíamos que más allá había otras casas, así que imaginábamos con ilusión el próximo encuentro. Aunque de igual manera admitíamos que el contacto podría ser decepcionante, incluso destructivo, y para eso también nos preparábamos.






(1).jpg)

