LAS PROHIBICIONES SELECTIVAS
Aplaudimos la pérdida
de libertad ajena (dedicado a los que se alegran de la prohibición de fumar)
El gobierno avanza con una nueva medida: prohibir fumar en
las terrazas de bares y en las playas. Una restricción más en nombre de la
salud pública, el medio ambiente o el confort colectivo. Lo sorprendente no es
la propuesta en sí —pues el tabaco genera debates legítimos sobre
externalidades—, sino la reacción de parte de la sociedad: un aplauso
entusiasta, casi festivo, de quienes ven en esta prohibición un triunfo
personal.
Hay un patrón inquietante. Muchas personas celebran las prohibiciones que no les afectan directamente. El fumador pasivo se alegra de que le quiten el humo de la cara. Mañana, el carnívoro se indignará si alguien propone limitar el consumo de carne por razones climáticas.


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