LO QUE SE NECESITA PARA SER LIBRE
Pasamos la vida intentando encontrar nuestro poder y nuestra
libertad. No es fácil: vivimos en una cultura que ha distorsionado el
significado y la medida del poder, confundiendo visibilidad con valor, estatus
con sustancia, atención con amor; vivimos en un universo donde el libre
albedrío puede ser una ilusión, donde el azar reparte la gran mayoría de las
cartas: la familia y la época en que nacemos, el cuerpo y la bioquímica en que
vivimos, las personas con las que nos cruzamos, los accidentes de la química y
la casualidad que llamamos amor.
La gran pregunta de doble filo es cómo evitar que el poder se convierta en una prisión y cuánta libertad podemos encontrar dentro de los estrechos parámetros de lo que nos es dado. Pero en algún lugar profundo, en la médula de nuestro lenguaje, parece que lo sabemos: la palabra poder comparte su raíz latina medieval con posibilidad; su única medida es aquello que libera lo posible en nosotros; nuestro único poder es nuestra libertad.









