ODA A LA SOBREMESA
Primero la comida. Después, lo importante: esa clásica prórroga consciente del placer que supone compartir tiempo con quienes forman parte de tu vida alrededor de platos a medio terminar. Comer en compañía es compartir historias y reforzar vínculos, pero, sobre todo, ganar espacio en la memoria de los que nos rodean y sentirnos más satisfechos con nuestra vida.
El festín ha terminado hace rato, pero nadie se levanta. En la mesa sobres de azúcar rasgados por la mitad, tazas de café vacías, servilletas arrugadas, varios platos con migas de pan, restos de tartas de queso y mousses de limón. Alguien empieza a contar una historia. Otro interrumpe. Se habla de cualquier tema y, a veces, de todo lo que se ha ido postergando hasta este preciso instante.








