EL MAL NUESTRO DE CADA DÍA
Te vaciaremos y te
llenaremos de nosotros. —George Orwell
El mal no siempre necesita camuflarse bajo grandes ideologías ni aparatos represivos visibles. A veces le basta con administrarse a través de instituciones, burocracias, medios de comunicación, algoritmos, mercados. Y eso no lo hace menos peligroso; solo lo hace más invisible.
Es una
corrupción que no es accidental, coyuntural ni periférica: es estructural,
constitutiva del sistema mismo. No se trata de psicopatologías aisladas, se
trata sobre todo de una configuración relacional colectiva profundamente
degradada.
De este trasfondo se ha ocupado la llamada ponerología, que ha estudiado cómo la psicopatía a gran escala ha convertido en herramientas de dominación todo un repertorio de técnicas derivadas del psicoanálisis y de la psicología social.









