LOS TRES ELEMENTOS DE LA BUENA VIDA
Ser una persona auténtica implica ser uno mismo por completo
en cualquier circunstancia, con todo el coraje y la vulnerabilidad que esto
requiere. Sin embargo, dado que una persona es una confederación de partes a
menudo contradictorias y a veces en conflicto entre sí, ser auténtico no es
prometer ser un modelo de cohesión, predecible y perfectamente coherente —la
imposibilidad de ello es el precio de nuestra compleja conciencia—, sino una
promesa de aceptar cada parte de uno mismo, incluso aquellas que desafían la
autoimagen que se prefiere y falsean la historia que uno se cuenta sobre quién
es.
De esto emana una paz sólida como la roca y suave como el plumón de un búho, que hace la vida más auténtica y, por lo tanto, más plena. Tal autenticidad, tal fidelidad a la integridad de tu ser, podría ser la clave de lo que llamamos «la buena vida».









