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16.7.26

La relación del hombre con su propia naturaleza biológica es compleja y desafiante.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

Edward O. Wilson partió de sus hallazgos en el estudio de la conducta de las hormigas, en el que fue una autoridad mundial, para articular una fórmula integradora para todo el conocimiento humano, a la que llamó la consiliencia. Aspiraba a hacer una ambiciosa lectura que desentrañara el misterio de la naturaleza humana, no exenta de mérito, entrelazando conocimientos provenientes de las ciencias naturales, las ciencias sociales y la filosofía.

El profesor de Antropología y Ética Mariano Asla considera interesante el empeño sintetizador de Wilson, pero objeta su falta de rigor al incurrir en reduccionismos de carácter cientifista sobre la naturaleza humana y «cierta ingenuidad intelectual». El análisis de Mariano Asla es una nueva aportación a la serie de revisiones críticas de obras del pensamiento y la ciencia.

26.11.25

Cap negoci ni favor polític justifica dilapidar la salut de la gent i dels ecosistemes

LES ACTUALS POLÍTIQUES DE RECICLATGE        

Ja ha passat molt de temps des que es va començar a parlar sobre la necessitat d’aplicar la regla de les 3R per a solucionar la problemàtica dels residus a nivell mundial. Fórmula que convé que repassem perquè s’ha anat manipulant i que es fonamenta en aplicar uns conceptes en el següent ordre.

Primer reduir que significa utilitzar menys d’alguna cosa, pensant que si disminuïm la seva demanda i també la seva producció reduirem el seu impacte ambiental. En segon lloc, en reutilitzar que com el seu nom indica, és usar el mateix producte tantes vegades com sigui possible aprofitant la vida útil del mateix. I en tercer lloc, reciclar, que significa donar una nova oportunitat a objectes o materials convertint-los en una altra cosa.

13.1.25

Proponemos hacer menos cosas; dejar cosas sin hacer, dedicar tiempo a no hacer nada

HACER MENOS                                          

Nuestra sociedad adora la cantidad más que la calidad, al menos en las acciones. No nos referimos a las que cotizan en bolsa, sino a las otras. En público, no son pocos los que presumen de la cantidad de cosas que hacen. Las redes sociales lo han convertido en una obsesión: fotos en paraísos remotos, fiestas supercukis, retos arriesgados… y por supuesto, también cosas de trabajo (reuniones, proyectos, horas extras).

Una vez más, tenemos que repetir las palabras del sabio Araújo que, a propósito de los que presumen de no tener tiempo para nada, les recriminaba hacer un «impúdico exhibicionismo de su propia esclavitud». Dejemos, por supuesto, que cada uno presuma de lo que quiera. La cuestión es que —al menos nosotros y sin necesidad de gritarlo—pensemos si todo lo que hacemos merece de verdad ser hecho.

23.8.22

Nunca actuaremos voluntariamente. Habrá que colapsar. Eso es optimista...

VIVIR COMO EN 1964 NO ES UN SACRIFICIO          

TENEMOS QUE VOLVER A LA ÉPOCA DE MENOR CONSUMO

Vaclav Smil, sabe realmente algo de energía, en un mundo que se ha convertido en un gran analfabeto energético, gracias a una dieta ahora amenazada de hidrocarburos baratos. Durante casi 40 años, Smil, emigrante checo y polímata, ha estudiado los sistemas energéticos del mundo. Creció en la oscuridad del imperio Soviético y ha madurado en el vacío moral de su homólogo estadounidense.

Aunque se le conoce en todo el mundo por sus conocimientos, sigue siendo un gran desconocido en Canadá. Sin embargo, este prolífico académico ha escrito una treintena de libros y 400 artículos sobre cómo el mundo gasta imprudentemente tanto la energía como los valiosos recursos naturales.

Toda la obra de Smil es densa, llena de números, literaria y repleta de historia intrigante. En conjunto, sus escritos sobre la energía transmiten un sobrio mensaje en dos direcciones: Los norteamericanos han engordado y se han vuelto perezosos quemando demasiados combustibles fósiles. Sin embargo, las transiciones energéticas son, por su propia naturaleza, prolongadas, difíciles e imprevisibles.

18.8.22

Un decrecimiento del progreso material daría paso al progreso de la mente y el espíritu

 SOLO DECRECER NOS SALVARÁ        

CAPTURAR CARBONO, EL HIDRÓGENO O LA TECNOLOGÍA, NO NOS SALVARÁN

Desde 1995 se han celebrado 25 conferencias mundiales sobre el cambio climático. En cada una de ellas, nuestros supuestos líderes políticos han dado una patada a la lata y han cantado un himno verde brillante. Como un estribillo con nada más que bla, bla, bla.

El bla, bla, bla ha mantenido el aumento de las emisiones, junto con el gasto energético y su hermano gemelo, el crecimiento económico desenfrenado. El bla, bla, bla se ha convertido en el sustituto habitual de la conversación que debe tener lugar en las conferencias mundiales y en todos los lugares públicos: ¿cómo reducir la economía y batir una retirada sostenible?

La noción de encoger la economía no es tan medieval como podría pensarse, dado el enorme despilfarro de nuestra civilización de alta tecnología y alta energía. El sistema actual contiene tanta holgura y grasa que podríamos reducir fácilmente nuestro gasto energético a los niveles habituales en las décadas de 1960 y 1970. Eso no era exactamente la Edad Media.