RODEADOS DE SERES CONSCIENTES
SON BILLONES Y NO SON
HUMANOS
Los seres humanos tendemos a ser antropocéntricos. Es decir, a menudo nos consideramos la obra maestra de la evolución, a pesar de que, en términos de biomasa, somos insignificantes en comparación con las plantas y otros animales.
Por ejemplo, los científicos estiman que hay más de tres billones de árboles en la Tierra, una cifra que incluso eclipsa el número de estrellas de nuestra galaxia. Y si a eso le sumamos las poblaciones de las más de 380 000 especies vegetales restantes, el total resulta alucinante. No obstante, muchos de nosotros damos por sentado que somos los seres más inteligentes y conscientes de la Tierra.
Pero, ¿y si la
conciencia no fuera una característica exclusiva de los seres humanos? ¿Y si,
en realidad, fuéramos ampliamente superados en número por un planeta repleto de
otros seres conscientes? Al parecer, varios estudios sugieren que ese podría
ser precisamente el caso.
Para empezar, el neurobiólogo vegetal Stefano Mancuso, doctor en Filosofía, señala que las plantas responden a la anestesia de la misma manera que los humanos: dejan de responder. Los humanos tendemos a pensar que las plantas no responden, porque por lo general no se mueven a la escala temporal humana.
Pero cuando los
científicos han administrado anestesia a plantas que sí actúan «rápidamente»
según los criterios humanos, como la Venus atrapamoscas, la
planta deja de responder cuando las moscas se posan en ella. Y aunque no verás
a una planta huir del peligro como lo hacemos nosotros, se ha descubierto que
algunas están migrando gradualmente hacia el norte a medida que el planeta se
calienta, al igual que los animales están cambiando sus patrones migratorios.
Para poner a prueba
la percepción espacial y la intencionalidad de las plantas, Mancuso llevó a
cabo un experimento en el que colocó una planta de frijoles, judías o porotos en una maceta en su laboratorio, a
aproximadamente un metro de una barra metálica. En un vídeo de lapso de
tiempo, demostró que la planta de porotos—tras haber alcanzado la parte
superior de su poste de soporte— extendió un brote largo y en forma de gancho
que se balanceaba repetidamente hacia adelante y hacia atrás, intentando
engancharse al poste metálico y, finalmente, lográndolo. En resumen: la planta de porotos «sabía» dónde estaba la barra. Mancuso
también llevó a cabo una investigación que demostró que, cuando dos plantas de
frijoles alcanzan un soporte, una reconoce que la otra ha llegado primero y
empieza a buscar otro soporte.
«Lo interesante es el comportamiento de la perdedora:
percibió inmediatamente que la otra planta había alcanzado la barra y empezó a
buscar una alternativa», escribió en el estudio. «Esto fue asombroso y demuestra que las plantas eran conscientes de su
entorno físico y del comportamiento de la otra planta. En los animales, a esto
lo llamamos conciencia».
Su colega, la Dra. Mónica Gagliano, llevó a cabo una serie de
experimentos con mimosas —un género al que a menudo se denomina «planta
sensible» porque sus hojas se pliegan rápidamente al ser tocadas—. Colocó la
mimosa en una cesta y la dejó caer varias pulgadas, lo que provocó que la
mimosa cerrara sus hojas. Pero tras repetir esto muchas veces, la mimosa
pareció «acostumbrarse» a la experiencia y dejó de responder cuando se producía
la caída. Volvió a realizar el
experimento unas semanas más tarde, y las mimosas siguieron sin reaccionar ante
la caída, lo que sugiere que las plantas pueden recordar.
En 2025, Mancuso colaboró en un artículo dirigido por el Dr.
Tomonori Kawano. En el artículo, los investigadores exploraron la idea de que las plantas, al igual que las personas, tienen «dos mentes»: una mente inconsciente que toma decisiones
rápidas y otra consciente que toma decisiones más lentas, tal y como ocurre en
los seres humanos. En el caso de las mimosas de Gagliano, por ejemplo, el
«pensamiento» más inconsciente consistiría en cerrar las hojas al recibir una
sacudida. Pero al recordar la experiencia y tomar una decisión diferente, la
mimosa demuestra un nivel de «pensamiento» más consciente y deliberado.
Por otra parte, existe otra idea según la cual la
autoconciencia a nivel humano surge cuando se dispone de suficientes nodos —o
puntos de conexión— en una red neuronal. Eso es lo que esperan los defensores
de la IA. El doctor Jamie Monat, teórico del pensamiento sistémico, señala que
el número de nodos necesarios para dar lugar a esta autoconciencia es de unos
70 mil millones. En un bosque denso, el número de nodos entre plantas y hongos
puede superar fácilmente esa cifra. Si son las propias células las que tienen
conciencia, esa cifra aumenta en varios órdenes de magnitud.
«Algunos bosques de
la Tierra cuentan con muchos miles de millones de árboles, y algunas de las
praderas y praderas marinas del mundo también contienen miles de millones de
plantas individuales», escribe Monat. «Estos ecosistemas vegetales podrían, por
lo tanto, ser autoconscientes y, de hecho, podría haber una multitud «de
ecosistemas vegetales autoconscientes que ya existen en la Tierra».
En Sudáfrica, en la década de los noventa, los guardas de una reserva de caza encontraban muchos kudús —un tipo de antílope— que habían muerto sin que hubiera indicios de lesiones ni enfermedades. Era un misterio. Entonces, el zoólogo Wouter Van Hoven descubrió al culpable inesperado: las acacias. Una sequía había reducido la cantidad de vegetación para pastar, y los kudús no podían ir a otro lugar en busca de alimento porque estaban confinados en la reserva.
Así pues, los kudús pastaron en exceso las acacias hasta el
punto de ponerlas en peligro. Los
árboles se defendieron aumentando los taninos en sus hojas, volviéndose
venenosos para los kudús. Los
árboles no solo aumentaron sus propios taninos, sino que también emitieron una
señal química que llegaba hasta 50 metros de distancia para advertir a otros
árboles de que hicieran lo mismo.
Los seres humanos
tendemos a reducir este sorprendente comportamiento vegetal a reacciones
químicas y a la biología evolutiva, en lugar de atribuirlo a la inteligencia y
la conciencia, pero ¿en qué consiste el funcionamiento humano, aparte de la
biología y las descargas electrónicas y neuroquímicas? Quizá sea hora de que
nos replanteemos nuestra condición de seres «más conscientes» del planeta
Tierra.
https://www.climaterra.org/post/estamos-rodeados-de-billones-de-seres-conscientes-y-no-son-humanos

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