QUE DESCANSES
El desapego puede entenderse como la paz que surge de hacer
el bien, y hace el bien quién hace lo que puede (porque, quien hace lo que
puede, no está obligado a más). Quién no hace lo que puede se desapodera. Hace
mal (obra mal) y, lógicamente, se siente mal.
Pongamos por caso que quieres reparar un agravio y el agraviado, resabiado, no lo consiente; que pides perdón y no te quieren perdonar, o que ayudas a quién no se deja. Jesús aconsejaba, en todos esos casos “sacudir el polvo de las sandalias y abandonar el lugar”, que era como decir “No insistas, déjalo ya, corta tu lazo emocional con esa persona ingrata, despréndete de la negatividad que haya podido trasmitirte y sigue tu camino en paz”.
Porque ¿Cuál sería la alternativa? ¿Seguir sufriendo por una
persona que no te quiere en su vida?
La paz del desapego es pues como un premio para el que está
convencido de haber hecho todo lo posible y, obviamente, tal convicción solo se
logra haciendo todo lo humanamente posible. ¡Qué es la paz sino ausencia de
sufrimiento! Pero esa tranquilidad nunca puede surgir del deseo de no sufrir
pues huir para no sufrir manifiesta miedo, y ese mismo miedo ya es sufrimiento.
Solo tomándolo como un ejercicio de desapego puede entenderse el relato
bíblico del sacrificio de Isaac: Abraham se muestra dispuesto a hacer todo lo
posible, todo lo que le pide su conciencia-divina, la cual frena el sufrimiento
(el sacrificio) en el mismo momento en que manifiesta no temerla.
La calma del desapego surge de entender lo inútil que es sufrir por los que se empeñan en seguir sufriendo. Quién por su culpa muera, que nadie le llore decía el sabio. ¿Por qué sufrir por ellos, inútilmente? Si al menos sirviera para algo pero, imagina que un familiar tuyo, ya anciano, vive solo porque no quiere vivir contigo. ¿Podrías socorrerlo, a distancia, si cae por una escalera, o si le sobreviene un ataque?
Basta
entender que su vida será la misma, sufras o no por él, para que dejes de
hacerlo. Algún día puede que otro familiar te llame para decirte que ha muerto
pero ¿no pudo haber muerto en cualquier momento, desde aquel en que se empeñó
en vivir solo? ¿No tuviste que hacerte a esa idea cuando tuviste que abandonarlo
a su suerte, porque así lo quiso? ¿No te pasó por la cabeza entonces, aquello
de ¡Que sea lo que Dios quiera!?
Porque ¿Cuál sería la alternativa? ¿Seguir sufriendo, a
distancia, por esa persona?
Pero la mente ve difícil entender algo tan fácil como el
desapego, porque la mente ve pérdida en todo acto de desprendimiento.
Desapegarse es desprenderse de algo o de alguien y eso siempre será perder. ¿Y
no es dejar de depender lo mismo que lograr la independencia, la libertad?
La mente siempre mide en kilos, en litros, en metros… Para
ella, más es mejor y menos es peor (tener más es ganar y tener menos es perder)
pero ¿cómo podría calcular el valor de la libertad utilizando el sistema
métrico-decimal? ¿No es cierto que uno se siente más libre cuantas menos
ataduras tiene? El desapego no es más que la libertad de desatarse de quién no
quiere estar atado a ti. ¿Hiciste lo que pudiste? ¡Pues descansa, que bien
merecido lo tienes!
José Miguel Ruiz Valls

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