REI (VINDICACIÓN)
Decía Goethe que no conocemos a un amigo hasta que no nos
hemos escrito. Él no pudo introducir esta alegación: chatear no es escribirse,
y por lo tanto no sirven las redes sociales. Hay que hablarse largo y tendido,
escarbar profundidades, lo cual da a su vez sabor e intensidad a los encantos
superficiales —la cerveza, el café, la broma— en los que la amistad se gusta.
Cartas físicas ya no hay, pero los correos electrónicos enjundiosos son también
oro en paño. Y es un privilegio tener amigos que escriban tan bien como para
poder componer libros, gente con la que intercambiar diez, quince horas de
conversación minuciosa.
De eso he tenido con Vindicación, lo último de Javier Benegas, una obra que toca una por una nuestras llagas posmodernas, no con ánimo de autoconmiseración, sino para que, después de que nos duelan de veras, podamos trazar un plan de acción desde nuestra conciencia despierta. A pesar de las llagas, no es un libro triste, la filípica de un intelectual al uso. Hay un género de ensayo caduco que Benegas sabiamente evita: el de la denuncia catastrofista, que evita asépticamente proponer soluciones. Vindicación es un manual de batalla; un canto al sentido común que suena extraño en un mundo que en muchos lados ha enloquecido.









