UN PASO, LUEGO OTRO
Llega un día en el que vemos con claridad algo que solíamos observar en los demás pero que nunca —prometíamos— nos sucedería a nosotros.
No creo que se pueda señalar el momento preciso, la fecha y
la hora a partir de la cual surge la brecha. Algunos creen que, si se hace caso
omiso y se siguen comportando como si nada sucediera, terminará por desaparecer
ella sola de la misma forma en la que apareció. Sin más, en mitad de la noche o
del día, un segundo todo estaba bien y al siguiente no. Un paso en falso, un
titubeo cuando no tocaba. El ser humano es una criatura muy extraña. Muchos
quizá ni la vean, esa barrera que de repente convierte a alguien muy amado en
un extraño y nos separa para siempre.
Para otros, la tierra bajo sus pies aguanta tambaleándose un par de años, un lustro, una década, depende de lo buen actor que sea cada uno o de la importancia que se le dé a la cuestión. Ese es el margen de tiempo que se otorgan antes de tirar la toalla o de tender un puente, eso es ya decisión de cada uno.







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