LA REVOLUCIÓN QUE NUNCA PUDO SER
En el mundo reina hoy una gran inquietud multifactorial: a
las guerras presentes y a la amenaza de otra nueva, se suma la ineficacia y
descrédito de instituciones como la ONU, el Tribunal Internacional de derechos
humanos, el Defensor del pueblo, la militancia política ultra de muchos
jueces, el descrédito de la Iglesia -pese a estrenar Papa- el auge del
fascismo y la indecente y criminal pasividad de los gobiernos ante el
horroroso genocidio del pueblo palestino a la vez que muestran beligerancia
frente a Rusia y apoyo a Ucrania, pero no por un principio humanitario del que
carecen si se trata de Palestina, sino por lo de siempre entre
ambiciosos violentos: conseguir su parte en las abundantes tierras
raras, y eventualmente en el control de su gobierno, convertido
ya de facto en un Estado fallido.
Esta procesión no viene sola, sino muy acompañada. A los dramáticos daños ambientales, económicos y emocionales de las catástrofes producidas por las defensas del Planeta, acosado, envenenado y enfermo por el capitalismo depredador, destructor humano y medioambiental, se suma su gestión neoliberal -neofeudal- con su crisis económica permanente y global como resultado.








