26/2/20

Necesitamos acción inmediata en tres frentes amplios para reclamar poder digital

LA CORPORACIÓN INTELIGENTE

En todos los sectores económicos, desde la agricultura a la industria predictiva, el comercio minorista e incluso el trabajo de cuidados remunerado, el modelo de plataforma es ahora una capa esencial de la infraestructura.

Cuatro siglos después de que la Compañía Británica de las Indias Orientales marcara las pautas para la extracción empresarial de recursos, la mayor parte del mundo está bajo control del poder corporativo desenfrenado. Pero el poder corporativo está en la antesala de alcanzar la ‘supremacía cuántica’ que los movimientos sociales en la era digital necesitan entender para cambiar de marcha en sus luchas. El cambio cuántico aquí viene del poder de los ‘datos en red’; los ingredientes que constituyen la receta de la era digital del capitalismo.

El capitalismo contemporáneo se caracteriza por la acumulación de datos-como-capital. Las Big Tech, como se conoce colectivamente a las empresas digitales, usan el modelo de negocio de ‘plataforma’, el cual potencia la fuerza combinada de la conectividad de internet (ley de Metcalfe, que el valor de una red viene del número de sus conexiones) y la inteligencia algorítmica (a lo que IBM se refiere como ley de Watson, la ventaja competitiva acumulada al superar el conocimiento de todos los demás mediante la informática cognitiva).


El modelo de plataforma proporciona un marco para las interacciones en el mercado mediante la conexión de sus muchos ‘nodos’ —consumidores, anunciantes, proveedores de servicio, productores, distribuidores e incluso objetos— que constituyen el ecosistema de la plataforma, cosechando constantemente sus datos y usando algoritmos para optimizar las interacciones entre ellos como un medio de maximizar el beneficio.

El modelo de plataforma surgió como una propuesta de negocios a principios de los 2000 cuando las empresas de internet que ofrecían servicios de comunicación digital comenzaron a extraer datos de usuarios de las interacciones sociales en red para generar información valiosa para la publicidad dirigida.

La socialización de internet y la cada vez mayor naturaleza online de las transacciones económicas llevaron a la globalización del modelo de plataforma y su dinámica central de expandir de manera perpetua la inteligencia basada en datos acerca de las actividades de una base de usuarios en crecimiento perenne.

Se estima que para 2025, más del 30% de la actividad económica global estará mediada por empresas de plataforma, una indicación de la creciente ‘plataformización’ de la economía real. En todos los sectores económicos, desde la agricultura a la industria predictiva, el comercio minorista e incluso el trabajo de cuidados remunerado, el modelo de plataforma es ahora una capa esencial de la infraestructura.

El control sobre la inteligencia basada en datos da a los propietarios de plataformas una posición estratégica única: el poder de dar forma a la naturaleza de las interacciones entre nodos miembros. Prácticas como las de Amazon de segmentación e hyper-targeting de consumidores mediante la manipulación de precios, la de Uber de disciplinamiento panóptico de sus conductores-socios, y el algoritmo de popularidad de TripAdvisor de propiedades, restaurantes y hoteles clasificados son todos ejemplos de cómo este tipo de plataformas median las transacciones económicas.

La acumulación de datos que alimenta la optimización de algoritmos permite una extracción de datos más intensificada, en un ciclo autopropulsado que culmina en el control totalizador de la plataforma de ecosistemas económicos enteros.

La ventaja de la inteligencia puede de este modo caracterizarse como una ‘prima de inteligencia’, más que como la ‘prima de innovación’ disfrutada por las empresas pioneras en la era predigital. En la búsqueda por adquirir y retener esta ‘prima de inteligencia’, las plataformas afirman de facto derechos de propiedad sobre los datos de sus miembros, eliminando de forma constante a la competencia y logrando en última instancia la integración vertical y horizontal.

Amazon, por ejemplo, ya no es una librería online, y quizás nunca tuvo la intención de serlo. Con un conocimiento íntimo sobre cómo funciona el mercado, Amazon es un líder de mercado en logística anticipada (‘Realizado por Amazon’) y análisis de negocios (AWS). No sólo ha desplazado a las estaciones de contenedores en las ciudades portuarias, ¡cada vez parece más una empresa de transporte

La dinámica de una economía de la inteligencia ha llevado a grandes franjas de actividad económica a ser controladas por un puñado de monopolios de plataforma. Los estudios sugieren que en cosa de un par de décadas, los monopolios de plataforma han superado a las corporaciones petroleras, automovilísticas y financieras en capitalización de mercado. Hoy, los modelos de negocios basados en plataformas contabilizan siete de las mayores ocho empresas del mundo clasificadas según capitalización de mercado. La corporación de plataforma pan-global, con su ADN de inteligencia basada en datos, ha sustituido a la corporación industrial transnacional como el Leviatán de nuestros tiempos.

Como forma dominante de organización económica en el orden mundial capitalista, la corporación siempre ha ejercido poder, no sólo en el mercado sino también en el reino político y socio-cultural. El ascenso de la ‘corporación inteligente’ definida por la economía política del capital de los datos ha producido cambios cualitativos en el ejercicio del poder corporativo, incluyendo los siguientes:

a) De dominar el mercado a convertirse en el mercado

Como su predecesora, la corporación inteligente también busca el completo dominio del mercado. En el capitalismo basado en la plataforma, los modelos de negocio local basados en el íntimo conocimiento contextual son desplazados completamente por la intermediación basada en datos del mercado y las transacciones sociales.

Es mediante la eliminación de estos compartimentos diferentes de acumulación de capital como los dueños de plataformas maximizan sus beneficios. Por ejemplo, el conocimiento del contexto de los barrios que determinaba la ventaja competitiva y la distribución de beneficios para los taxis tradicionales se vuelve irrelevante cuando Uber, la corporación de transporte con sus algoritmos para rutas inteligentes, entra en escena. El intrincado conocimiento de las condiciones agrícolas locales y la intuición respecto a los mercados locales ya no importan en la agregación liderada por las plataformas farming-as-a-service.

La corporación inteligente también va un paso más lejos, moviéndose más allá de ‘dominar el mercado’ hasta ‘convertirse en el mercado’. Integrándose a través de líneas de negocio, estas empresas tanto operan una plataforma (esto es, dirigen el mercado y sus reglas) y promocionan sus propios bienes y servicios en ella. Esto las sitúa en competencia directa con los negocios que usan su infraestructura, y crean un conflicto de interés.

Por ejemplo, Amazon utiliza sus datos de producto para consolidar sus marcas privadas, lanzando productos de alta demanda con precios que debilitan a terceros vendedores. También se le conoce por utilizar sus datos AWS para guiar decisiones sobre start-ups en las que invertir, cuáles adquirir y cuáles simplemente eliminar.

De forma similar, Google ha manipulado resultados de búsqueda para priorizar sus propios servicios. En India, se ha informado de que las plataformas de transporte Uber y Ola priorizan los taxis que poseen o que han alquilado por encima de conductores asociados; las plataformas de entrega de comida han sido acusadas de discriminación injusta contra restaurantes asociados para priorizar sus propias ‘Cocinas en la Nube’.

Como Lina Khan, especializada en legislación estadounidense sobre competencia, ha observado, además de los riesgos tradicionales de discriminación y exclusividad reconocidas en la academia legal sobre la gobernanza de servicios esenciales, los negocios dependientes de la infraestructura de plataforma también se enfrentan a la apropiación. Esto es porque el dueño de la plataforma puede cosechar inteligencia basada en datos sobre sus prácticas de negocio y utilizarla contra ellos.

En esta nueva estrategia para adquirir poder de mercado, se privilegia la monopolización del mercado a largo plazo sobre la capacidad de alcanzar el equilibrio a corto plazo. El ecosistema que una plataforma busca capturar sólo tiene espacio para un ganador con los recursos para renunciar a beneficios inmediatos e invertir en integración de negocio (mediante la adquisición agresiva) y el desarrollo sistemático de capas de datos. Los demás competidores están destinados a quedarse en el camino.

Este ethos de negocio está en perfecta sincronización con el mantra de retorno de alto riesgo del capital riesgo, en el cual sólo una minoría de inversiones da fruto. La confianza en el alto riesgo y las demoras en ir a una oferta pública inicial (OPI) ha producido una cosecha de unicornios (como se llama a las empresas tecnológicas de miles de millones de dólares que comparten los atributos de enorme tasación y fundadores situados, sin reservas, fuera de las normas).

Como señala irónicamente Derek Thompson, redactor en The Atlantic, “si te despiertas en un colchón Casper, haces ejercicio con Peloton antes de desayunar, vas en Uber a tu despacho en un WeWork, pides DoorDash para comer, coges un Lyft hasta casa, y te llega la cena por Postmates, has interactuado con siete empresas que perderán colectivamente cerca de 14.000 millones de dólares este año”. El espectacular derrumbamiento de WeWork en su OPI puede ser una señal de lo que viene, pero la carrera para vencer a la competencia está intensificándose.

b) De la mano de obra barata a la libertad respecto a la mano de obra

En la economía capitalista, la contradicción clave es entre capital y trabajo. El capital está en una búsqueda perenne de libertad respecto a la mano de obra mediante avances tecnológicos que sustituyen el trabajo y territorios para desplazar la producción para reducir los costes laborales. En la economía de la inteligencia, el capital parece haberse acercado mucho a completar su búsqueda primordial.

Utilizando vigilancia de 360º, la corporación inteligente crea un ecosistema que se optimiza a sí mismo, manipulando cada nodo, expandiendo su red cautiva, acumulando capital de datos, y consolidando su dominio. Es capaz de lograr una huella operativa global con pocos activos y una minúscula base de empleados.

Pensemos en Uber. Los conductores de Uber no son considerados empleados en la mayoría de lugares donde la empresa dirige su negocio. Con una visión omnipotente de la ciudad y sus carreteras, los clientes y el conductor, Uber toma el control del transporte urbano, a menudo sin poseer un solo taxi. Pasando la responsabilidad al conductor, que debe pedir un crédito de alto interés para adquirir un vehículo y convertirse en el codiciado ‘socio’ de Uber, la corporación extrae del conductor más que simple tiempo de trabajo.

La demanda general de mano de obra parece estar reduciéndose en la economía de la inteligencia. Como subraya The Economist, “en 1990, los tres mayores fabricantes de coches en Detroit tenían entre ellos ingresos de 250.000 millones de dólares, una capitalización de mercado de 36.000 millones y 1,2 millones de empleados. En 2014, las tres mayores empresas de Silicon Valley tenían ingresos de 247.000 millones y una capitalización de mercado de más de un billón, pero sólo 137.000 empleados”.

En el trabajo a demanda y el microtrabajo, el modelo de negocios de la plataforma y sus algoritmos auxiliares crean competencia perpetua entre trabajadores individuales, fragmentándoles e impidiendo que se organicen colectivamente o se sindicalicen por sus derechos. En los sectores de servicios e industriales intensivos en mano de obra tradicionales, el capital de los datos está efectuando de forma lenta pero segura una transformación de alto alcance.

Las proyecciones muestran que la automatización basada en la inteligencia artificial (IA) eventualmente sustituirá a la mano de obra. Se estima que más del 40% de la fuerza de trabajo global perderá sus empleos por la alteración de la industria por la IA durante los próximos 15-25 años.

Un limitado número de empleos de alta remuneración pueden abrirse para individuos con habilidades avanzadas en el desarrollo de datos y tecnologías de IA. Pero la mayoría de la fuerza de trabajo global acabará en trabajo de servicios mal pagado y personalizado. Para los países del Sur Global, el desafío será especialmente pernicioso. A medida que los salarios en crecimiento erosionan la ventaja comparativa de la mano de obra en estas economías, el cambio a la tecnología IA probablemente desencadenará una tendencia a la relocalización, en la que las fábricas sean reubicadas en países más ricos que ofrezcan apoyo de infraestructuras más sofisticado para el despliegue de los sistemas de IA.

Según el Banco Mundial, probablemente más de dos tercios de la fuerza de trabajo en los países en vías de desarrollo perderán puestos de trabajo. No está claro cómo estos cambios cambiarán la segmentación de género y las jerarquías en los mercados de trabajo. Sin embargo, si atendemos a las tendencias actuales, las mujeres parecen ser las primeras en perder sus trabajos en esta transición, con un retroceso de los avances tanto en cuanto a paga como a estatus.

c) De la acumulación por desposesión al cercamiento del tiempo-espacio a escala planetaria

Capturar el tiempo y lugar previamente no mercantilizado siempre ha sido una estrategia central de la expansión capitalista. En la economía de la inteligencia, estamos siendo testigos de una nueva fase de esta ‘acumulación primitiva’ —mediante ‘la desposesión de datos’. La expropiación de datos desde los intercambios sociales cotidianos a través del modelo de negocio de plataforma es comparable a la expropiación de recursos naturales para la producción capitalista en una época anterior.

La extracción de datos generalizada por las empresas de plataforma ha transformado la interacción social de la que se extraen datos en un factor de producción, un recurso tan inestimable como la tierra para la creación de bienes y servicios. La centralización de riqueza y poder hoy deriva de una calidad y escala de desposesión sin precedentes.

La dinámica de desposesión de datos se autoimpulsa. Ahora se comprende bien que las plataformas buscan agresivamente una estrategia de encerrar a los usuarios, ofreciendo gratificación instantánea a cambio de datos y de volverles costoso abandonar una plataforma. Las ‘súper-plataformas’ chinas WeChat y Meituan-Dianping combinan noticias, entretenimiento, críticas de restaurante, entrega de comida y transporte, junto a aplicaciones transversales como sistemas de pago y billeteras digitales, demostrando una ‘adherencia’ que es casi adictiva.

La incesante minería de datos no sólo transforma las interacciones sociales mediante su mercantilización. Los ecosistemas de datos-red ‘inteligentes’ van un paso más allá. Crean el cerebro que permite la captura integral de todo el proceso de producción. La granja basada en blockchain de Alibaba conecta a productores en Nueva Zelanda con consumidores en Beijing, creando una cadena de suministro continua. De igual forma, el Cerebro Agrícola ET de Alibaba afianza los cultivos agrícolas corporativizados en Asia, adquiriendo tierras agrícolas y actividades basadas en la agricultura por control remoto mediante tecnologías IA para supervisión en tiempo real.

El capital es así capaz de combinar las dimensiones del tiempo y el espacio, para crear un nuevo marco mercantilizado para las cadenas de valor de la agricultura con consecuencias a largo plazo potencialmente adversas. Como observa GRAIN, una organización que trabaja para apoyar a pequeños granjeros y la biodiversidad, esta consolidación transfronteriza del campo a la mesa por las grandes tecnológicas no sólo debilita los modos de vida tradicionales, sino que también podría eliminar las economías agrícolas locales en Asia.

Cuando la participación en la plataforma bajo los términos del propietario de la plataforma se vuelve de facto la única opción para los actores económicos, el extractivismo de datos se normaliza. Similares a las prácticas predatorias del colonialismo histórico, las tácticas de plataforma de la corporación inteligente funcionan como un proyecto neocolonial. La diferencia es que esta vez, más que empresas europeas, las empresas de plataforma estadounidenses y chinas están al mando.

Facebook Zero, so pretexto de proporcionar conexión subvencionada a internet a grupos marginados, se ha centrado esencialmente en abrir mercados de datos sin explotar en el Sur Global. La Plataforma de Comercio Mundial electrónica, una iniciativa de Alibaba, es un esfuerzo de extraer inteligencia respecto a mercados previamente inexplorados en países africanos mediante la construcción de capacidades digitales y de datos de pequeñas y medianas empresas.

La plataforma Digifarm, conducida en Kenia por el operador de telecomunicaciones líder, Safaricom (lanzado por Vodafone), es de hecho un intento de asegurarse datos valiosos sobre prácticas agrícolas y comportamiento de crédito de hogares agrícolas minifundistas para construir servicios financieros alrededor de su sistema de dinero móvil ‘M-PESA’.

Una explotación profundamente insostenible del mundo natural acompaña las rápidas incursiones de la corporación inteligente. Tomemos el ejemplo de la enorme huella ecológica del sector de entrega de comida online. Según un estudio de 2018 publicado en la revista científica Resources, Conservation and Recycling, la entrega de comida rápida puerta a puerta en China supuso un aumento de casi ocho veces en los residuos de envases en sólo dos años, de 0,2 millones de toneladas (2015) a 1,5 millones de toneladas (2017).

Esto ha coincidido con el crecimiento exponencial del sector en el país, donde el número de clientes que usan plataformas de entrega de comida ha ido desde cero en 2009 (cuando apareció la primera app de entrega, Ele.me) hasta 406 millones para finales de 2018.

La economía de la inteligencia es una auténtica devoradora de recursos, de cuyos servicios de datos en red se espera que consuman cerca de una quinta parte de la electricidad global para 2030, sólo para mantener el ritmo.

La pérdida de autodeterminación para los individuos y comunidades en estos nuevos modos de producción basados en la inteligencia refleja una asimetría en el poder que era previamente imposible. Esta es la ruta por la cual la flamante nueva corporación coloniza los cuerpos y la naturaleza, toma el control de la producción y la reproducción social, e intensifica la acumulación a escala global.

Igual que la acumulación de capital imperialista empobrecía a las colonias, los territorios de los que son extraídos datos por las empresas de plataforma globales chinas y estadounidenses se encuentran atrapados en las partes de bajo valor del nuevo orden económico.

Como destaca la edición de 2019 del Informe sobre Economía Digital de la UNCTAD, el valor de capitalización de mercado de las 70 mayores plataformas digitales del mundo, aquellas de Estados Unidos y China tienen una cuota combinada del 90%, comparado con un mero 1% de África y América Latina.

d) La ‘corporación profunda’ y la muerte del contrato social

No es un secreto que en la era digital, el Estado profundo ha tenido un cambio de imagen. Las revelaciones de Edward Snowden y las declaraciones de testigos de Xinjiang, la región china de mayoría uigur, han expuesto los trabajos oscuros del complejo militar-industrial contemporáneo, el nexo impío entre las grandes tecnológicas y el Estado. Los activistas por la justicia comercial han señalado constantemente hacia la ‘mano oculta’ de Silicon Valley y las corporaciones chinas en utilizar a sus gobiernos para que ayuden a sus intereses, reduciendo las decisiones políticas a decretos ejecutivos para consolidar su poder.

Pero lo que sólo recientemente está saliendo a la luz es el ascenso de la ‘corporación profunda’ –la extensión de los tentáculos de tipo kraken de las corporaciones inteligentes en el corazón de la vida pública. La subsunción de la vida social por el capitalismo de plataforma ha distorsionado el espacio político gracias a las cámaras de resonancia de la esfera pública automatizada.

El contagio de la propaganda malintencionada y la guerra informativa a las campañas políticas se ha vuelto imposible de contener en una esfera pública determinada por filtros algorítmicos. En este escenario, la misma democracia deliberativa está bajo amenaza de extinción.

Las asociaciones público-privadas en los sistemas de asistencia social digitalizados suponen una seria amenaza para el contrato social. En 2012, la Agencia de Seguridad Social de Sudáfrica entró en una asociación con una empresa que desarrollaba soluciones de pagos digitales para gestionar su distribución de prestaciones sociales. Explotando su acceso a los detalles bancarios de los receptores de las prestaciones, la empresa empezó a hacer deducciones no autorizadas de las cuentas beneficiarias hacia créditos y servicios financieros de sus empresas hermanas. El Estado se vio con severas restricciones para castigar a la empresa, ¡que amenazó con marcharse con toda la base de datos si se rescindía el contrato!

El sistema de crédito social desarrollado en China en asociación con ocho empresas tecnológicas lleva la ‘corporatización’ del gobierno a un nivel totalmente nuevo. El acceso a las prestaciones y a los derechos garantizados de los ciudadanos se basan ahora en la calificación de comportamiento en función del historial de compra online, transacciones financieras, y las conexiones en las redes sociales de las plataformas asociadas.

Con el arquetípico ‘buen consumidor’ convirtiéndose en el ciudadano merecedor, la ciudadanía es así separada de reclamaciones políticas. La ‘corporación profunda’ adquiere la autoridad formal para mediar el contrato social.

VIVIR CON LA CORPORACIÓN INTELIGENTE

Estamos viviendo en una fase del capitalismo marcada por la extrema concentración de mercado, la desigualdad sin precedentes en la riqueza y la participación en declive del trabajo en la renta global; un estado de cosas que ha llevado incluso al FMI a expresar precaución. No es coincidencia que este periodo de injusticia económica intensificada haya coincidido con el auge del capitalismo de plataforma y su vehículo en tiempo real, la corporación inteligente.

¿Qué significa vivir con la corporación inteligente?

En primer lugar, como este ensayo ha mostrado, lo que es nuevo sobre esta fase del capitalismo que ha generado la economía de la inteligencia es un cambio profundamente cualitativo. La ‘datacización’ y el capital de los datos transforman la forma en que ocurre la ‘acumulación por desposesión’ capitalista. La ‘inteligentificación’ hace plausibles una colonización y mercantilización a escala planetaria de la vida cotidiana por la nueva corporación de formas previamente imposibles. Tanto la naturaleza como los cuerpos están atrapados en un cercamiento planetario en la medida en que todo y todos pueden ser convertidos en datos.

En segundo lugar, la ‘inteligentificación’ alimenta y envalentona el aparato de financiarización que dirige la economía neoliberal. Mediante la confluencia perversa de datos y finanzas, la corporación inteligente universaliza y naturaliza su autoridad, destruyendo el mercado de cosas e ideas.

En tercer lugar, mediante el extractivismo de datos, la corporación inteligente devasta la sociabilidad, llevando el proyecto ideológico del neoliberalismo de camino a la expropiación de lo político. Esto es una profunda invasión, una ‘usurpación ontológica’ de la subjetividad humana.

¿Dónde nos deja todo esto?

Como ha destacado la UNCTAD, el ritmo de concentración de poder de mercado es extremadamente preocupante. Consideremos esto: la ratio de beneficios por ventas de Amazon aumentaron del 10% en 2005 hasta el 23% en 2015, mientras que la de Alibaba aumentó en sólo cuatro años desde el 10% en 2011 hasta el 32% en 2015.

Los responsables políticos de todo el mundo están teniendo problemas para reformar sus leyes para frenar a la corporación inteligente. Incluso los Gobiernos domésticos de las poderosas corporaciones de plataforma de EEUU y China están teniendo problemas para contener sus excesos.

La Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) de EEUU está investigando actualmente a Amazon y Facebook por abuso de dominio de mercado mientras que el Departamento de Justicia de EE UU está investigando a Google. El Estado de California se está enfrentado a una gran resistencia de Uber y Lyft a su nueva regulación de los derechos laborales de los ‘gig workers’, con las dos empresas actualmente liderando una iniciativa de votación de 60.000 millones de dólares para zafarse de la responsabilidad como empleadores.

En noviembre de 2019, la administración estatal para la regulación del mercado en China tuvo que celebrar una reunión con Alibaba y otras plataformas minoristas online respecto a su abuso hacia terceros proveedores, en violación de las normas existentes para restringir la conducta anticompetitiva.

En países donde la economía de plataforma doméstica está en ciernes, la situación es incluso peor. A menudo, los marcos legales-institucionales para gobernar a las plataformas corporativas están completamente ausentes. Por ejemplo, Nigeria no ofrece protección legal adecuada a las pymes y a los consumidores en su emergente mercado de comercio digital. De igual forma, los trabajadores de plataformas del trabajo doméstico en Filipinas, del turismo en Indonesia, y del transporte en Sudáfrica no están cubiertos bajo las leyes laborales existentes.

Los críticos de la corporación transnacional (TNC, por sus siglas en inglés) industrial han mostrado desde hace mucho tiempo cómo la desterritorialización y desnacionalización de sus operaciones de negocio crea una crisis de gobierno corporativo. La naturaleza virtual u online y global de la corporación inteligente ha exacerbado este problema. Las lagunas de la tributación predigital basadas en una presencia física en un país dado han sido explotadas de forma efectiva por las empresas de plataforma para escaparse de la responsabilidad fiscal, mediante al cambio de los beneficios a jurisdicciones de bajos impuestos.

De igual forma, cuando se enfrentan a la responsabilidad por prácticas de mercado injustas en mercados extranjeros, es muy fácil para las empresas de plataforma cambiar la responsabilidad a su empresa madre fuera de la jurisdicción. Por ejemplo, Uber en Sudáfrica recurrió a la defensa de que sus conductores socios eran empleados de la empresa madre con sede en Países Bajos y no de la subsidiaria sudafricana, para evadir sus responsabilidades bajo las leyes laborales existentes.

La falta de regulaciones internacionales vinculantes que gobiernen los flujos de datos transfronterizos también ha ayudado al extractivismo de datos rampante, igual que el vacío en la fijación de normas sobre las obligaciones de derechos humanos para las TNC.

El enorme peso político de las corporaciones inteligentes ha alcanzado proporciones letales para la democracia y la política. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando Amazon estaba buscando un lugar para albergar su nueva sede, los gobiernos locales se pusieron de los nervios, poniéndose de rodillas desesperadamente en el proceso de puja, ya que ponían sus esperanzas en que Amazon HQ2 reviviera sus moribundas economías locales. ¡Una ciudad incluso ofreció a Jeff Bezos [director ejecutivo de Amazon] una alcaldía permanente!

La corporación inteligente ha tenido incluso mayor éxito que la corporación industrial en lanzar la red invisible del poder discursivo para distraer a los detractores. Esto se debe en parte al poder persuasivo de la ideología californiana. Los fundadores libertarianos en la temprana era tecnológica fueron capaces de empaquetar como libertad respecto a la regulación un inquebrantable compromiso con la libertad personal y económica.

Los fundadores y CEO de Silicon Valley se han proyectado como anárquicos defensores de las libertades individuales, manteniendo valores tecno-libertarianos, apoyando el filantro-capitalismo y defendiendo un descarado tecno-solucionismo para solventar problemas socioestructurales. También han tenido éxito en promover la ficción del ‘emprendimiento’ como un nuevo golpe contra las políticas públicas inadecuadas.

Incluso las empresas tecnológicas chinas, con una genealogía diferente de un capitalismo respaldado por el Estado e hipernacionalista, han desplegado una versión reducida de esta visión económica neoliberal en sus llamamientos a las audiencias globales. Por ejemplo, en su intervención plenaria en el Foro Público de 2018 de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Jack Ma, fundador del grupo Alibaba y de la iniciativa Plataforma Electrónica de Comercio Mundial, observó que impulsar la oportunidad digital para pequeños negocios, mujeres y jóvenes, especialmente aquellos de países en vías de desarrollo, significaba menos normas y comercio digital más libre.

Aunque las incursiones del capitalismo en la filantropía del desarrollo no son nuevas en absoluto, el alcance global y la destreza ideológica llevan la despolitización del desarrollo a nuevos niveles.

Más recientemente, tras las demandas judiciales por malas prácticas presentadas contra las grandes tecnológicas por sus propios empleados, las revelaciones sobre CEO fundadores que han disfrutado de un estatus divino, y el desencanto público con múltiples revelaciones de minería de datos clandestina y manipulación de algoritmos, el anterior brillo parece estar desluciéndose.

Alphabet (la empresa madre de Google) ya no puede usar su eslogan ‘Do the right thing’ (Haz lo correcto) sin ironía. Facebook ha sido obligado a pasar desde la frase ‘protector y defensor de las libertades de la comunidad global’ a la defensa de ‘demasiado grande para caer’. Quizá Alibaba no pueda proclamar su compromiso con el desarrollo de pymes en África durante mucho más tiempo.

La fachada se ha desmoronado. Y esta ruptura en la hegemonía discursiva de la corporación inteligente en la que estamos actualmente situados es el momento correcto para construir un desafío colectivo.

Así que debemos resistir, para que la riqueza de los datos y redes pueda ser apropiada y utilizada para crear una sociedad justa y humana. Esto significa agarrar a la corporación inteligente por los cuernos, y forjar un movimiento que sea capaz de lidiar con los límites ético-políticos de la inteligencia digital.

AMANSAR AL LEVIATÁN Y RECLAMAR EL PLANETA

Dada la enorme influencia económica y política de la corporación moderna en la era de los datos, liberar a la gente y al planeta del poder corporativo es una tarea urgente. Las luchas contra la extrema injusticia del régimen de comercio global y de propiedad intelectual por movimientos sociales transnacionales han mostrado la necesaria conexión entre la agenda por la justicia en el desarrollo y el desmantelamiento del poder corporativo. Construir alianzas entre movimientos se ha vuelto una estrategia vital para detener el inexorable expolio de las TNC.

El movimiento por la justicia en el comercio contra la globalización corporativa, la búsqueda del desarrollo sostenible del movimiento medioambiental, las luchas feministas para reclamar del capital el cuerpo y la esfera de la reproducción social, y la lucha de los trabajadores contra la presión intensificada sobre la mano de obra y el desmantelamiento de la protección social en la globalización neoliberal son ejemplos inspiradores a este respecto.

La sociedad civil transnacional ha construido minuciosamente alianzas y solidaridades entre estos movimientos para revelar los excesos corporativos, poniendo presión sobre la ONU a favor de un tratado vinculante global sobre las obligaciones de derechos humanos de las TNC frente a probabilidades casi insalvables.

En la era digital, a medida que el poder corporativo asume proporciones indomables —con los CEO de las tecnológicas forjando dominios de datos sobre los que mandan— puede que los actuales marcos de análisis de poder y acción no vayan muy lejos. Se necesita urgentemente una estrategia concertada y coherente para permitir una distribución más equitativa de los beneficios de la inteligencia basada en datos.

El Manifiesto por la Justicia Digital lanzado en noviembre de 2019 por la Just Net Coalition —mediante un proceso de diálogo estratégico y sostenido entre grupos y activistas de derechos digitales, justicia comercial, feministas, ecologistas, laborales y de derechos humanos— esboza tal hoja de ruta. 

Como subraya el Manifiesto, necesitamos acción inmediata en tres frentes amplios para reclamar poder digital de la corporación inteligente:

(a) recuperar la propiedad de nuestros datos e inteligencia personales y colectivos instituyendo un marco de derechos económicos para los recursos de datos.
(b) recuperar las infraestructuras de plataforma críticas de manos privadas y haciendo funcionar infraestructuras de plataforma críticas como servicios públicos.
(c) llevar a cabo un modelo de gobierno de lo local a lo global para la infraestructura digital y de datos que apoye las economías locales y la autodeterminación democrática de las colectividades, impidiendo el cercamiento de todo el mercado y los ecosistemas sociales por una inteligencia centralizada.

En otras palabras, el gobierno de la infraestructura tecnológica debe permitir el florecimiento de economías locales dispares y abrir espacio para que funcionen modelos de plataforma múltiples (cooperativas, empresas sociales, públicas, etc.), desafiando el ímpetu totalizador del capitalismo de inteligencia global.

La globalización y financiarización neoliberales han llevado a sociedades profundamente desiguales. La impunidad de la TNC ha sido central para esta dinámica.

Los movimientos sociales han realizado varias propuestas creativas para contrarrestar esto: obligar a la renovación de los contratos cada cinco años, revocando el principio de la perpetua existencia legal de las corporaciones; gravar el comercio de acciones sobre la base del período de tenencia para contener la especulación financiera; poner un límite a los bienes individuales de los fundadores/CEO, etc.

La ‘inteligentificación’ demanda una nueva frontera para la resistencia. El poder de la corporación inteligente debe contenerse mediante tácticas pequeñas y grandes en los terrenos políticos y culturales. Debe explorarse una nueva sabiduría sobre el gobierno de los datos, hacia un futuro verdaderamente emancipatorio para todos.


Anita Gurumurthy es miembro fundador y directora ejecutiva de IT for Change. Anita trabaja en los temas de economía digital y sociedad, con un enfoque sobre la economía política del desarrollo. Escribe regularmente sobre la conexión digital con la justicia social y de género.

Nandini Chami es subdirector de IT for Change. Está relacionado con la investigación y defensa de políticas en las intersecciones de política digital, justicia en el desarrollo e igualdad de género. Sus intereses en la investigación son la justicia en los datos, las economías de plataforma inclusivas, y la justicia de género y digital.

Artículo original: The intelligent Corporation, publicado por el Transnational Institute.  Traducido para El Salto por Eduardo Pérez.


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