Alimentar y satisfacer a millones de desempleados
El mundo empresarial ha sufrido un shock sistémico
del que muchos analistas aseguran que no se recuperará nunca. Esto implica mucha gente sin empleo —o con salarios reducidos— y una
bajada brusca del desgraciado PIB (que
podría llegar hasta del 20% según algunos).
Nos enfrentamos así a un gran desafío: idear mecanismos para alimentar
y satisfacer a muchas personas en un mundo altamente
mecanizado, con menguantes necesidades de mano de obra, con un coronavirus
suelto y con un impacto ambiental muy grave. Es una nueva versión del “pan y
circo” de los romanos, que haríamos bien en traducir como «trabajo y
cultura, pero sostenible».
Si este problema no se aborda adecuadamente, podrá haber grandes masas de
gente empobrecida que se sienta ignorada
por la sociedad. La pobreza y la desigualdad no es raro que desemboquen en
malestar, delincuencia y violencia. En el peor caso podríamos asistir a
revoluciones, guerras, cambios de regímenes y pérdida de derechos que hoy consideramos bien
asentados, pero que nada nos garantiza que vayan a respetarse en el futuro.









