ALDEALISTA
UN TINDER DE
PUEBLOS
Reconectar con la naturaleza, pasar los veranos en el pueblo y bailar en sus fiestas se ha puesto de moda. En España, los municipios rurales y de menor tamaño ocupan el 84% del territorio y albergan a menos del 16% de la población. Nos encantaría contar las historias que esconden los 8.132 pueblos de nuestro país, pero nos faltarían páginas.
Por eso hoy ponemos el foco en
Castiñeiro y en Juan Carlos Pérez, fundador de Aldealista,
y ganador de la última edición de Impact
Social Cup, que reúne y da visibilidad a proyectos capaces
de generar un impacto positivo en la sociedad.
¿Cómo te convertiste en portavoz de la despoblación rural?
No es que haya crecido en un pueblo. De hecho, me siento más
bien un hijo de la emigración. Cuando era pequeño, mis padres se fueron a
Suiza. Más tarde estuve currando en Barcelona y Madrid, pasé temporadas por
Centroamérica y acabé viviendo siete años en Noruega. Mi relación con la aldea
de mis abuelos era la de casi cualquiera: escaparme unos días en verano y poco
más. Fue durante la pandemia, cuando estaba de visita allí, cuando me quedé sin
muchas opciones.
Uno de los detonantes fue darme cuenta de que ni mi pueblo ni el municipio al que pertenece aparecían en ningún mapa. Así nació Aldealista, en enero de 2023. Al principio lo planteamos como un Tinder de pueblos: la gente podía deslizar a izquierda o derecha mientras descubría fotos, paisajes y gastronomía, hasta hacer match con el lugar que mejor encajaba con sus gustos.
La idea era que el pueblo
también pudiera encontrarte a ti y conseguir que esos lugares invisibles
empezaran a hacerse visibles. En definitiva, queríamos despertar esa
curiosidad de ir pasando fotos hasta tener un flechazo que te animara a visitar
el lugar, conocerlo y, quién sabe, terminar mudándote allí.
Nuestro lema, «suscribirte a un pueblo», va justo de eso: de
probar antes de dar el salto definitivo y conocer el sitio de verdad. Si vas a
construir tu proyecto de vida en un pueblo, tiene que ser un lugar que te guste
y con el que conectes. Queríamos cambiar la dinámica, ofreciendo una forma distinta
de descubrir estos lugares, empezando por pasar unos días en ellos. Al final, el objetivo no es llenar los pueblos de gente
por llenarlos, sino llenarlos de vida. El pueblo tiene que aportarte a
ti tanto como tú le aportas a él.
¿Cuáles son los mayores desafíos a los que tienen que
enfrentarse nuestros pueblos?
Durante décadas nos vendieron la idea de que, para progresar
y encontrar trabajo, no quedaba otra que marcharse a las grandes ciudades, y
casi todo el mundo acabó concentrándose en los mismos sitios. Sin embargo, hoy
el panorama es muy distinto: con los precios de la vivienda y lo caro que
resulta vivir en una gran ciudad, esa opción ya no parece tan clara. Al final, el problema no es que falte espacio en el
país, sino que tenemos un desequilibrio territorial enorme, con unos
pocos núcleos urbanos que concentran casi todo mientras el resto del territorio
se queda al margen.
Otro desafío clave tiene que ver con las nuevas
generaciones. Hace falta que los jóvenes vean oportunidades reales en el mundo
rural y puedan tomar el relevo. Porque, si los pueblos se vacían del todo, no
solo perdemos casas habitadas, también
desaparecen oficios artesanales, costumbres y una herencia cultural que
difícilmente podremos recuperar. Por eso apostamos por este formato tipo
Tinder: era una manera diferente de llamar la atención de los más
jóvenes y acercarlos a pueblos que, de otra forma, quizá nunca habrían
conocido.
Impact Social Cup es una competición de referencia para
emprendedores que buscan generar un impacto positivo en la sociedad, y
Aldealista fue uno de los proyectos ganadores de su última edición. ¿Qué
significa para ti generar un impacto positivo?
Para mí, el impacto positivo no va de tener que cambiar el
mundo de golpe, sino de cambiar la vida de personas concretas. Y tengo la
suerte de verlo de cerca cada día.
Aquí al lado, por ejemplo, se instaló una pareja que venía
de vivir en la planta 24 de un edificio en Benidorm. Tenían una marca de
cosmética natural y buscaban una casa con terreno; al final se vinieron a la
aldea y crearon «Piel Natura», una línea hecha con extracto de castaña en
homenaje a Castiñeiro. Están felices aquí. Al final, el impacto real es eso:
facilitar que la gente dé el paso, emprenda a su escala y aporte valor al
entorno. Cuando esa chispa prende en una persona y se contagia a otras, es
cuando de verdad se puede transformar un territorio entero.
Has vivido las dos ediciones de Impact Social Cup desde
dentro. ¿Qué ha representado para vosotros ganar el primer puesto en esta
segunda edición?
La primera edición la recuerdo con mucho cariño. Nos sirvió
para darnos cuenta de que allí no íbamos a competir contra otros proyectos,
sino a aprender de gente que estaba en el mismo barco, intentando solucionar
problemas reales desde diferentes ámbitos.
Aunque en aquel momento no llegamos a la final, la experiencia nos dio aún más motivación
para seguir aprendiendo, desarrollar nuestro proyecto y volver a presentarnos
en esta segunda edición. Porque, al final, ese es el trabajo de un
emprendedor: seguir avanzando. Pero, sobre todo, lo que nos llevamos fue la
comunidad que se creó entre los participantes y la oportunidad de compartir
ilusiones con personas que perseguían objetivos similares.
A la segunda edición llegamos con una propuesta mucho más
sólida. Y, más allá del premio, lo que
realmente valoramos fue todo el camino recorrido hasta llegar a él. El
acompañamiento de la organización marcó la diferencia, tanto a través de los
encuentros periódicos del Club como de la experiencia de Impact House, previa a
la final. Allí estuvimos conviviendo y preparándonos para defender nuestro
proyecto ante 5.000 personas. Fue un momento muy especial que nos permitió
estrechar lazos y consolidar una comunidad que todavía hoy sigue activa.
Mirando al futuro, ¿cuáles son vuestros próximos pasos
con Aldealista?
Aunque empezó con la idea de hacer match entre nuevos
habitantes y pueblos, ahora queremos ir un paso más allá y ayudar a las
personas a instalarse y construir su proyecto de vida en el entorno rural. En este sentido, hemos desarrollado junto a
la Universidad de Valencia el «Mapa de Deseo Rural», una herramienta más
avanzada que analiza en detalle lo que busca cada persona para recomendarle los
lugares que mejor encajan con sus preferencias y necesidades.
Además, hemos puesto en marcha nuestra Rural House,
inspirada en el espíritu colaborativo de la Bauhaus alemana. Se trata de un
espacio práctico en el que personas con
conocimientos en artesanía, oficios tradicionales y construcción enseñan a
quienes llegan a rehabilitar, reparar y adaptar sus viviendas utilizando
materiales locales. La idea es facilitarles el aterrizaje y hacer que
todo el proceso resulte más sencillo y asequible.
Para despedirnos, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a
quienes están pensando en lanzarse a emprender con impacto?
Que no esperen a tenerlo todo atado al milímetro para
arrancar, porque ese momento perfecto no existe. Y que emprender con propósito,
al final, puede ser más fácil de lo que parece. Sobre todo, que tengan presente que las grandes ideas no
tienen por qué surgir de los grandes lugares.

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