19/9/19

Los rituales son necesarios para que se produzca la transición de un lugar a otro

LA MUERTE, NO ERA UN NEGOCIO
Era una cuestión que implicaba a toda la comunidad

"La gente debe conocer sus derechos y las opciones que tiene".


Caitlin Doughty es una activista estadounidense del mundo funerario. Con 23 años, una licenciatura en historia medieval bajo el brazo y cierta atracción por el mundo gótico, tomó una decisión: entrar a trabajar en un crematorio. De esto hace poco más de una década y, en este tiempo, ha fundado una empresa funeraria sin ánimo de lucro, Undertaking LA, ha impulsado el  movimiento The Order of the Good Death, se ha convertido en una videobloguera famosa y ha publicado dos libros.

El motor de toda esta actividad son las enseñanzas que aprendió a  pie de horno crematorio: mirar de frente a la muerte es la mejor forma de prepararnos para morir. Pero para ello es necesario luchar contra todas las barreras que en las sociedades occidentales se han ido levantando para ocultar la evidencia: la muerte existe y no podemos rehuirla.


En sus dos libros, Hasta las cenizas y De aquí a la eternidad, Doughty nos revela lo que ha aprendido a lo largo de estos años: desde los detalles de un proceso de embalsamamiento a los distintos ritos funerarios. En la webserie Ask a mortician, aparece rompiendo tópicos con muchas dosis de humor y un punto de crudeza, pero sin olvidar la sensibilidad.

¿Cuándo empezaste a pensar en la muerte?
CD Tuve una experiencia negativa con la muerte cuando tenía unos ocho años. Estaba en un centro comercial y vi como una niña pequeña se caía desde el segundo piso. Chocó contra el suelo y yo automáticamente asumí que había muerto. Realmente esta experiencia me impactó mucho e hizo que le tuviera más miedo a la muerte. Me preocupaba que mis padres pudieran morirse, o yo, o mis abuelos, o mi perro… Tomé conciencia de la muerte y de mi condición de mortal. Entonces yo tenía miedo de hablar de ello, y mis padres tampoco querían hacerlo… pero, ¿no hablar de ello es más sano para los niños? Creo que especialmente los niños y las niñas necesitan hablar de la muerte, hacer preguntas y recibir respuestas honestas y sinceras, ya que todo el mundo se merece respuestas honestas sobre la muerte.

A los 23 años empezaste a trabajar en un crematorio. Después de casi una década trabajando con difuntos, ¿qué aprendizaje has extraído, a nivel personal?
CD Diría que una de las cosas que he aprendido es que los muertos no dan miedo ni son peligrosos y que estar cerca de ellos hace que aprecies mucho más la vida. En nuestra cultura vemos la muerte en películas, en programas y series de televisión, en los dibujos animados, en los videojuegos, etc. Pero, ¿nos hemos planteado alguna vez con qué frecuencia nos sentamos al lado de un difunto y nos enfrentamos a la realidad? En los Estados Unidos de América, por ejemplo, cuando alguien fallece nadie ve el cuerpo. Esta persona muerta, simplemente, ¡puf!, desaparece. Creo que una de las cosas que más me impactó cuando estuve trabajando en el crematorio fue que, muy a menudo, estaba yo sola, quemando aquellos cuerpos. Y tenía 23 años y no sabía nada de toda aquella gente, no eran ni mi padre, ni mi abuelo… Pero, en cambio, estaba ejecutando esta especie de ritual secreto, ¡introduciéndolos al fuego para que fueran incinerados! Era una simple chica de 23 años y la pregunta que me repetía siempre era: “¿Dónde está, la familia? ¿Por qué la gente no se implica más en la muerte?”.

Años más tarde, fundaste The Order of the Good Death. ¿Podrías explicarnos algunos de los proyectos en los que estáis trabajando?
CD Ése trata de una organización sin ánimo de lucro en la que trabajamos casi setenta personas, además de otras personas que son miembros, gente de todo el mundo. Nos gusta trabajar en proyectos concretos para que la gente se sienta mejor con su propia muerte. Uno de los proyectos en los que estamos trabajando ahora es un programa de información dirigido a los inmigrantes que mueren en los Estados Unidos de América y a sus familias. En especial, trabajamos con personas que provienen de México y América Latina, ya que tienen menos recursos. Les explicamos cómo conseguir documentación legal, cómo repatriar el cuerpo, les informamos de si el resto de familiares están en riesgo en caso de que no tengan documentación en regla en el país…
Desarrollamos proyectos para ayudar a la gente y para empoderarla para que tomen las decisiones que consideren, cuando sufren la muerte de alguien cercano. También hacemos difusión de opciones más sostenibles, organizamos campañas para visibilizar la muerte y el negocio que hay detrás y emprendemos acciones para que la gente tenga más conocimiento y se involucre más.

¿Es difícil para vosotros hacer entender a la gente que la muerte es un tema que deberíamos tratar de una manera más positiva?
CD¡Esto es un gran reto de este largo viaje! En mi opinión, creo que debemos tratar el tema de manera divertida y respetuosa, si no la gente no quiere saber nada de ello. Nadie quiere ver un vídeo o leer un artículo o un libro que hable de experiencias traumáticas y tristes sobre la muerte, ni que diga que “la muerte de mi madre fue la experiencia más triste de mi vida”, porque duele y cuesta de digerir. Si queremos que la gente, especialmente los jóvenes, hablen de la muerte sin miedo, debemos utilizar las redes sociales y el humor. Pero al mismo tiempo no podemos ser ofensivos. No puedo compartir según qué imágenes, ni bromear sobre la muerte de alguien. No puedo hacer nada de esto, porque es cruel y de falta de educación y entendería que cuestionaran mi  profesionalidad. Para mí, el equilibrio perfecto es la combinación entre el humor y el respeto.

Hemos pasado de ser los familiares y conocidos del fallecido los que gestionan el funeral, a delegarlo a empresas que sacan un gran beneficio económico. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
CD La gente se muere en los hospitales, ya no se muere en casa; tenemos tanatorios, de modo que ya no es necesario que las familias se encarguen del difunto. Algunas sociedades han cambiado, los modelos económicos también y, por tanto, la muerte también se ha visto afectada por estos cambios.

¿Por qué crees que los mourners (los amigos y familiares que asisten al funeral) deberían implicarse de una forma más activa en la ceremonia de despedida?
CD Hemos formado parte del ritual de la muerte de las personas de nuestro entorno durante miles de años. Los rituales son necesarios para que se produzca la transición de un lugar a otro. Y cuando hablo de rituales no estoy hablando de religión, ya que no necesariamente deben estar vinculados con ninguna religión. Incluso aunque no se crea en ninguna deidad es sano poder decir “ayer mi padre estaba vivo pero ahora ya no; ha fallecido”. Algo se rompe dentro de ti, cambia… Por lo tanto, pienso que, solo por el hecho de estar con el cuerpo del difunto, cerca de él, ya tomas conciencia de que esta persona se ha ido, ya no está. También te hace pensar en tu propia condición de mortal y te da el tiempo para estar triste, para sentir diferentes emociones.

Si en general habláramos más de la muerte, ¿crees que los índices de suicidios disminuirían?
CD Sí, seguro. Uno de los grandes mitos sobre el suicidio es que si hablas con alguien sobre el tema, esta persona será más propensa a suicidarse. No es cierto. Tenemos tendencia a silenciar demasiado la muerte y esto provoca que la gente le tenga miedo. Si alguien es profundamente infeliz y siente la necesidad de poner fin a su vida, la última cosa que deberíamos hacer es decirle “¡eh!, no me hables de eso. Es horrible, me estremece, no quiero oír nada más, de todo eso que piensas”; es despreciarlo y demostrarle que nos interesa muy poco lo que piense o sienta. Lo que deberíamos hacer es justamente lo contrario, mostrar nuestra voluntad y actitud de escucha.

Tu segundo libro, De aquí a la eternidad, es una muestra de los diferentes rituales de la muerte en varios países y culturas del mundo. ¿Cuál es el ritual funerario más bonito que hayas visto?
CD No creo que ninguna cultura tenga un ritual más bonito que otra y no me gustaría entrar en comparaciones, pero si debo elegir el que más me ha impactado, escojo el de la antigua Indonesia, donde mantienen los cuerpos difuntos en las casas durante años. Estuve alojada en una cabaña, junto a una mujer que hacía dos semanas que había fallecido y la intención era que permaneciera allí meses e incluso años. La familia le llevaba ofrendas de comida, ropa, objetos personales, le hablaban… Era muy bonito. Y lo que me gustaba era que, de donde yo soy, en Estados Unidos, si alguien se muere en casa, enseguida se percibe y se gestiona como una emergencia: el cuerpo no puede permanecer mucho tiempo en casa, enseguida llamamos a la funeraria y activamos todo el engranaje. En cambio, en Indonesia se lo toman de otra manera. ¡Es increíble como los humanos podemos tener ideas y pensamientos tan diferentes sobre la muerte y los difuntos! Es precisamente por eso que creo que es importante ver y saber qué hacen en otros países.

¿Has conocido algún ritual para muertes perinatales?
CD Sí, hay uno precioso en Japón que se llama Jizo. Consiste en esculpir pequeñas estatuas vestidas con un sombrero rojo que representan un pequeño Buda que, al mismo tiempo, creen que protege a los bebés. Cuando un bebé muere antes de nacer o poco después, colocan una estatuilla de estas, con el gorro rojo, en un espacio que la familia decide: en un camino, en la calle, en algún templo, en la montaña, etc. Son figuras bonitas y a la vez protectoras de sus pequeñas almas.

¿Un cadáver puede infectarnos, contagiarnos alguna enfermedad?
CD A menos que la persona tuviera alguna enfermedad infecciosa, como el ébola o alguna otra, los cadáveres son completamente inofensivos, de modo que no es nada peligroso estar cerca de ellos. Las bacterias de un cuerpo en descomposición son diferentes de las bacterias que pueden causar una enfermedad. Alguien que se muere de cáncer, o de un ataque al corazón, o en un accidente, no nos puede contagiar nada.

¿Qué opinas sobre maquillar a los difuntos o sobre embalsamarlos?
CD Cada familia tiene que escoger qué hacer con su querido difunto. Lo que pasa es que la mayoría de familias no saben en qué consiste exactamente eso de embalsamar. No saben que se trata de un conjunto de procesos químicos para extraer toda la sangre, fluidos y gases del cuerpo y reemplazarlo todo por productos químicos. Yo, personalmente, no soy fan de embalsamar o maquillar, porque un cuerpo muerto se merece ser lo que es: un cuerpo muerto. Debemos darle la opción de descomponerse de forma natural y de regresar a la tierra, que es de donde proviene. Es por eso que creo que debería ser una decisión de cada uno, porque las familias van al funeral sin saber qué le han hecho a esa persona querida. En realidad, embalsamar no deja de ser un mecanismo para facilitar el control de este cuerpo sin vida.

¿Crees que maquillar un cadáver es una barrera que nos ponemos para rehuir la realidad de la muerte?
CD Sí, a pesar de que un cadáver, por muy maquillado que esté, nunca parecerá vivo. Los ojos están pegados, los labios también… Ver un cuerpo muerto, tal como es, ayuda a aceptar la muerte.

¿Cuáles son los métodos más sostenibles ambientalmente para descomponer cuerpos?
CD Es mucho más sencillo de lo que pensamos y es tal como se ha hecho durante cientos de años: hacer un hoyo en el suelo y poner el cuerpo. Nuestro cuerpo es natural y estamos “diseñados” para volver a la tierra una vez muertos. No tiene ningún sentido poner a la persona dentro de un ataúd, después en la tumba, y al nicho, que está en un cementerio, etc. Lo que estamos haciendo es crear capas y capas de protección antes de que el cuerpo termine regresando a la naturaleza. Y el cuerpo no necesita protegerse de nada. Cada vez más gente, especialmente los jóvenes y aquella más sensible con el medio ambiente, lo que quiere es, sencillamente, volver a la Tierra. Tiene todo el sentido del mundo y ¡además es más económico y simple! No necesitas ni madera, ni químicos, nada. Estamos diseñados para volver a la Tierra. Los animales lo hacen así, ¿verdad? El hecho de ser humanos no nos hace ni especiales ni diferentes, en este sentido. Somos materia orgánica y nos descomponemos como cualquier otro animal.

¿Qué país trata todo el proceso de la muerte de manera más digna?
CD No me gusta puntuar países, pero, sinceramente, del mundo occidental, países como Japón lo gestionan mejor que Estados Unidos, por ejemplo. Se puede ver al difunto, estar presente en el momento de la incineración y, por tanto, involucrarse de un modo más íntimo. Es interesante constatar que, a pesar de haber sociedades muy parecidas, la manera de gestionar la muerte sea tan diferente. La gente de Estados Unidos debería ver como en otros países similares al suyo las familias de los difuntos se implican más en el ritual de la muerte.

En el Estado español, pagar un funeral es muy caro. Por un ataúd, por ejemplo, pagamos mucho más que su valor real.
CD Es cierto, y es uno de los motivos por los que decidí hacer lo que estoy haciendo. Porque, por ejemplo, si tu madre fallece en casa, ¿qué coste económico debería tener esto? Antiguamente la muerte era una cuestión que implicaba a toda la comunidad, no era un negocio. Cuando se moría alguien, los vecinos te ayudaban en lo que podían: llevaban el cuerpo hasta la tumba o donde quisiera la familia, estaban contigo… No había negocio posible porque todo se hacía de forma voluntaria y con un sentimiento de comunidad. Debemos pensar en volver aquí y cambiar el negocio actual que hay en torno a la muerte. La gente debe saber que hay otras opciones además de las que ofrece el mercado, y que hay personas que trabajan, precisamente, en estas alternativas.

También has creado una funeraria para promover y gestionar rituales funerarios dignos sin ánimo de lucro. ¿Es la única del mundo?
CD Soy una de las pocas, probablemente. Todavía estamos en fase de experimentación, pero la verdad es que está funcionando muy bien. Queremos ofrecer precios mucho más asequibles y por ahora nos lo podemos permitir porque no queremos sacar ningún beneficio económico. Esto hace que nos sintamos muy cómodos y contentos con lo que estamos haciendo y cómo lo hacemos. En Estados Unidos, si alguien fallece y nadie de su familia tiene dinero y no puede permitirse pagar el funeral, incineran a esta persona y tiran sus cenizas en una especie de fosa común, donde hay millones de cenizas de miles de personas en este mismo espacio. Su familia no puede ver el cuerpo, no pueden quedarse con las cenizas, pierden todo derecho sobre su ser querido.

¿Tienes alguna estrategia para difundir este modelo funerario?
CD Sí y no. Gestionar un negocio es difícil. Yo soy muy afortunada porque vivo en California, un estado más “relajado”, pero aun así no resulta fácil. Nosotros no vendemos nichos, ni ataúdes, ni tumbas, ni todas esas cosas que, en realidad, se utilizan muy poco. Debemos poner atención en la industria, pero también en las leyes, que son diferentes en cada estado. Existen grupos de presión que mantienen los precios muy altos y las familias no tienen oportunidad de decidir. Este sistema deja totalmente al margen a determinados colectivos y a la gente con menos recursos, porque resulta demasiado caro para ellos.

¿Crees que la industria de este sector está interesada en tu manera de entender la muerte?
CD En cuanto al público, debo decir que la gente joven está muy entusiasmada. En cambio, la industria no está nada contenta con mi figura. Creen que simplemente soy una chica que solo quiere  fama y formar parte del circo mediático, a pesar de que hablar de cadáveres no es la mejor manera de captar la atención de la gente, es evidente. La industria tiene mucho cuidado de hacer bien los negocios pero sin preocuparse demasiado por las familias ni por las dificultades que les puede suponer su manera de hacer negocio con la muerte.

¿Cuáles podrían ser las estrategias para persuadir a la industria a que tratara a los mourners de manera más respetuosa y ofrecer servicios y alternativas más sostenibles?
CD Es una gran pregunta. Para mí una cuestión fundamental es que la gente debe conocer sus derechos y las opciones que tiene. Y hay que saber que no hay que pagar por todo, si no se quiere.

¿Has encontrado alguna relación entre el vocabulario de cada lengua para hablar de la muerte y los rituales de su sociedad? Por ejemplo, nosotros no tenemos una palabra exacta para referirnos a los mourners
CD Sí, seguramente. Por ejemplo, en Estados Unidos utilizamos muchos eufemismos. En lugar de decir cadáver o difunto, decimos “nuestra persona amada”. Y así un largo etcétera. Son palabras que esconden una realidad como es la muerte. Y esto sí que es un reflejo de cada cultura.

¿Estás trabajando en alguna idea o proyecto nuevo para hacer crecer la conciencia de que la muerte es una parte de nuestra vida?
CD Sí, ahora estoy trabajando en un libro para niños y niñas.
Esta entrevista se publicó en el Cuaderno 55 de Opcions “El buen morir”.

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