20/9/13

No tenga miedo, un colapso financiero no lleva inevitablemente a un colapso económico total.

EL COLAPSO FINANCIERO Y LA SOLUCIÓN ISLANDESA

Muchos analistas financieros coinciden en que otra crisis financiera es prácticamente inevitable. El analista Steve Denning, que escribe en la destacada revista financiera Forbes, dice en un artículo titulado “Grandes bancos y productos derivados: ¿Por qué otra crisis financiera es inevitable?”, que si bien la corrupción y los escándalos financieros son sin duda un grave peligro para la estabilidad del sistema financiero mundial, hay otro problema mucho peor:
“…Un riesgo que todavía está presente: la falta de transparencia en las operaciones de productos derivados, que ahora suman un valor nominal de 700 billones de dólares. Eso es más de diez veces el tamaño de toda la economía mundial. Sin embargo, aunque parezca increíble, tenemos muy poca información sobre esto o sus posibles consecuencias para la solidez financiera de alguno de los grandes bancos.

Además el mercado de derivados sigue aumentando. El valor ficticio total del mercado mundial de derivados, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2007, era de unos 500 billones de dólares… El mercado de derivados de venta libre habría crecido a un valor nominal de al menos 648 billones de dólares a partir de 2011… Es probable que el mercado actual ronde los 707 billones de dólares, o quizás sea aún más, decía el analista Jenny Walsh en El Barco de Papel: El mercado ha crecido de una forma desmesurada, de manera que la economía mundial está en riesgo de sufrir un colapso, incluso si un pequeño porcentaje de contratos dejan de cumplirse. Su tamaño e influencia potencial son difíciles de comprender, y aún mucho menos, de evaluar.

La mayor parte de este comercio de productos derivados es realizado por los grandes bancos, que asumen generalmente que el riesgo probable de ganancias o pérdidas por los productos derivados es mucho más pequeña que su valor nominal. Wells Fargo, por ejemplo, dice que el concepto no es, si se observa de una manera aislada, una medida significativa del perfil de riesgo de los instrumentos y muchos de sus derivados se compensan entre sí.

Sin embargo, como vimos en el año 2008, se puede perder una sustancial parte de la cantidad teórica si algo sale mal, sobre todo si la apuesta se basa en otras apuestas, generando pérdidas en otras organizaciones que se encuentran involucradas al mismo tiempo. El efecto dominó puede extenderse de manera impredecible.

Los Bancos no dicen a los inversores la cantidad teórica que podrían perder en el peor de los casos, ni están obligados a hacerlo. Incluso un inversor inteligente que lee la letra pequeña no es capaz de evaluar el riesgo, y si las grandes apuestas fracasan, todo el sistema financiero puede acabar en un gran colapso mundial”.

Está claro que algunas de las inversiones irán mal, con lo que una crisis financiera global es sólo cuestión de tiempo. Sabiendo que lo inevitable ha de llegar, ¿qué es lo que se puede hacer para prevenir un enorme sufrimiento, cuando los 700 billones de la megaburbuja de productos derivados finalmente estalle?
La respuesta es simple: basta con dejar que suceda el colapso y dejar que los Bancos se hundan con él, especialmente los grandes, y junto a ellos todo el Sistema financiero.
Pero no tenga miedo. Un colapso financiero no lleva inevitablemente a un colapso económico total.
¿Qué cómo lo sé? Porque lo he visto precisamente aquí, donde yo vivo, en Islandia.

Cuando los tres grandes bancos se derrumbaron ( para el estándar de Islandia eran bancos grandes, más grandes que la economía de todo el país), el Gobierno de Islandia y su capacidad económica no podía rescatarlos. Así que el Gobierno de Islandia dejó que los bancos quebrasen, junto con su negocio internacional y sus inversiones especulativas, para a continuación apoderarse de las oficinas locales, de los cajeros automáticos y de los trabajadores y crear nuevos bancos al margen de ellos. Y mientras que el patrimonio de los Accionistas fue aniquilado, todas las cuentas de los depositantes del país estaban garantizadas por la refinanciación de los nuevos bancos, imprimiendo (creado electrónicamente) el dinero que había sido destruido.
Esto significa que a pesar de la caída del negocio bancario ordinario, la mayoría de los clientes del país continuaron como antes.
Ésta era la única vía de escape para el Gobierno de Islandia, y durante las primeras semanas después del colapso se produjo un boicot por el estamento bancario internacional. El país se encuentra en la lista de los países terroristas que ayudan a los países canallas. Las transferencias de dinero electrónico al exterior ya no fue posible, ni siquiera en moneda extranjera.
A pesar de los enormes daños a corto plazo para la economía islandesa debido a este boicot, la economía islandesa salió adelante. Los peces seguían en el mar y podían ser capturados; las ovejas seguían comiendo la hierba y las patatas crecían en los campos. Las plantas de energía siguieron trabajando ( aunque con enormes deudas con los bancos extranjeros), pero el agua caliente seguía manando de la tierra.
Cuando el boicot finalizó, la industria pesquera islandesa pudo vender sus productos como antes y la industria turística emergió, ya que con la devaluación de la corona islandesa se había vuelto más asequible para los extranjeros visitar nuestro hermoso país.
En otras palabras, mientras que el sistema financiero se había estrellado, la economía real aún estaba viva y coleando, con plena capacidad de producción. Y el Gobierno se aseguró de que existiesen los servicios financieros necesarios para facilitar el comercio, lo que se hizo a través de los bancos de propiedad estatal.
Claro que hubo repercusiones económicas, ya que incluso las empresas no financieras se declararon en quiebra al tener una enorme deuda, especialmente deuda en moneda extranjera. Algunos propietarios que habían conseguido préstamos en el exterior perdieron sus casas. El desempleo aumentó desde apenas el 2% a casi el 10%, pero con los subsidios de paro las personas sobrevivieron.
Mientras que aquellos que estaban muy endeudados tuvieron que hacer uso en ocasiones de los centros de distribución de alimentos y los comedores de beneficencia, pero nadie murió de hambre, ni nadie durmió en la calle, a excepción de los alcohólicos y drogadictos.
En 2009 y 2010 la economía se contrajo con fuerza. No era una sorpresa, ya que buena parte de ella se había cimentado sobre el sector financiero en los últimos cinco años. La industria de la construcción también se vino abajo, afectando a las clases más humildes, ya que ni las empresas ni el Gobierno podían permitirse el lujo de construir casas nuevas. Sin embargo, desde 2011 la economía empezó a crecer y la tasa de paro bajó de nuevo. En abril de este año (2013) , la tasa de paro era de sólo el 4,9% y en julio había descendido al 3,9%. Sólo la mitad de estas personas habían estado sin trabajo durante más de seis meses.
Si comparamos estas cifras con las de cualquier otro país europeo, especialmente con los países del sur de Europa, que han tratado de rescatar a sus grandes bancos en quiebra:
“La tasa de empleo desestacionalizada en la zona euro era del 12,1% en julio de 2013, similar al mes de junio; en julio de 2012 era del 11,5%. la tasa de desempleo en la UE-28 era del 11% en julio de 2013, similar a la de junio; en julio de 2012 era del 10,5%.
Entre los Estados miembros, las tasas de desempleo más baja se registran en Austria (4,8%), Alemania (5,3%) y Luxemburgo (5,7%); y las tasas más altas se registran en Grecia (27,6% en mayo de 2013) y en España (26,3%).
Luxemburgo… nunca ha sufrido un colapso financiero total, y se encuentra mucho mejor que otros países europeos, pero aún así tiene una tasa de desempleo un 2% superior a la de Islandia en la actualidad.
Chipre, con una población de 1,1 millón de habitantes, es un Estado insular como Islandia, tiene una tasa de desempleo del 15,6%, tasa a la que nunca ha llegado Islandia ni en el peor período del colapso financiero”.
Y aquí las cifras de los Estados Unidos, donde se han empleado grandes cantidades de dinero para rescatar a los bancos en quiebra: “A partir de julio de 2013, la tasa de desempleo en los Estados Unidos era del 7,4%, es decir, 12 millones de personas, mientras que la tasa de desempleo U-6, que incluye los desempleos de corta duración, fue del 14,3%, es decir, 22,2 millones de personas”.
Aunque se podría pensar que la rápida recuperación de Islandia tiene algo que ver con su pequeño tamaño, aún así se podría pensar que la solución islandesa a la crisis financiera puede haber sido la más aceptable.
La solución islandesa muestra que incluso un colapso financiero no tiene por qué conducir a un colapso económico total, ya que uno y otro no son lo mismo.
Si se mantienen los servicios financieros básicos, que sirven a las personas y al sector productivo real, a través del Estado, aunque sólo sea de forma temporal ( bajo la presión internacional, 2 de los 3 principales bancos islandeses se han vuelto a privatizar) la economía puede sentirse afectada, pero no totalmente destruida.
La paranoia que se apodera de algunas personas, sobre todo en los Estados Unidos, no tiene una base real. Estados Unidos podría sobrevivir y recuperarse sin su sistema financiero especulativo.
La Banca pública o una reforma monetaria, al igual que en los Estados Unidos una vuelta al Greenback Dólar, sería una solución viable para hacer frente a la inestabilidad del sistema financiero actual, así como superar el problema de la enorme deuda pública.
El principal obstáculo para la recuperación económica de Estados Unidos y la mayoría de países occidentales es la enorme deuda que tienen con las entidades financieras.
Y esta es la razón por la que los colapsos financieros llevan a colapsos económicos, con sufrimiento para millones y millones de personas.
Una vez que todo esto cambie y las democracias occidentales tengan Gobiernos que tenga en cuenta necesidades de las personas, surgirán muchas ideas viables para que los países adquieran una independencia económica de los mercados mundiales, por lo que el incumplimiento o la reducción de su deuda pública, impagable, no daría lugar a escasez de recursos económicos ni a sufrimiento de las personas.

La autora, Eva Human, trabaja en el sector de la salud, es blogger, poeta, escritora de novelas de ciencia ficción, activista por la paz y los derechos humanos, reside en Islandia. Sus sitios web: Eve’s Thoughts, Eve’s Poems and When Hope Came. Visite el sitio web de Eva



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