LA PRIMAVERA NO SOLO FLORECE
TAMBIÉN REORDENA LO QUE SOMOS
El inicio de la primavera transforma la luz, el cuerpo y el
entorno: desde cambios hormonales hasta la forma en que habitamos la ciudad y
percibimos el mundo
La llegada de la primavera no ocurre de un día para otro. Se
percibe antes de entenderse. La luz se alarga unos minutos más, el aire cambia
de textura y el cuerpo empieza a responder sin que haga falta pensarlo
demasiado.
El punto de partida es el equinoccio, ese momento en el que el día y la noche tienen casi la misma duración. A partir de ahí, la luz comienza a quedarse. No solo ilumina más tiempo, también se siente distinta. Es más tibia, menos agresiva, se filtra entre las hojas y dibuja sombras que en invierno parecían detenidas.









