LA CRISIS DEL HOMBRE MODERNO
EL VACÍO COMO SÍNTOMA ESPIRITUAL
Nacer hoy en el mundo occidental implica, en muchos casos, experimentar una forma de exilio interior. Los indicadores de salud mental en Europa muestran un aumento sostenido de depresión, ansiedad y consumo de psicofármacos. Este fenómeno no puede reducirse únicamente a variables biológicas o socioeconómicas: revela un malestar antropológico más profundo.
Vivimos inmersos en un “marco inmanente” que ha desplazado progresivamente el tradicional horizonte vertical trascendente, generando una proliferación de opciones espirituales fragmentadas sin centro unificador. Esta multiplicación de alternativas no ha producido mayor sentido, sino mayor dispersión.
El diagnóstico cultural de René Guénon resulta aquí iluminador: la modernidad no sería un progreso lineal, sino un proceso de disolución espiritual donde lo cuantitativo sustituye a lo cualitativo y lo material desplaza lo esencial.









