CUIDAR LA TIERRA NO ES DELITO
Cuidar la Tierra no es delito porque proteger las
condiciones que hacen posible la vida constituye un deber ético, social e
incluso histórico de la humanidad. Delito es destruir aquello de lo que depende
la existencia colectiva: el agua, los bosques, el aire, los territorios y las
comunidades humanas que viven en relación con ellos.
La defensa de la Tierra nace del principio más básico de supervivencia y responsabilidad intergeneracional. Ninguna sociedad puede sostenerse sobre la devastación permanente de la naturaleza sin poner en riesgo su propia continuidad. Por eso, quienes actúan para denunciar la crisis ecológica no están atacando a la sociedad: están alertando sobre un modelo que normaliza la destrucción ambiental en beneficio de privilegios económicos y políticos cada vez más concentrados.









