EL PROBLEMA DEL DIÁLOGO
En una reciente estancia en Buenos Aires un amigo me invitó a reunirme con él y con otro profesional para estudiar cómo se podía favorecer el diálogo en una sociedad tan polarizada como la de Argentina. Me decían con rotundidad que la grieta era insuperable y que el diálogo era imposible.
Lo que me contaban traía a mi memoria aquel famoso cuadro de Goya
del «Duelo a garrotazos» en el que dos labriegos luchan a bastonazos en un
paraje desolado con el que a veces se representa a la sociedad española. Ya se
ve que el problema del diálogo tiene escala internacional y no solo local.
Ludwig Wittgenstein, uno de los pensadores más profundos del pasado siglo, anota en una de sus publicaciones póstumas que «Cuando dos principios se encuentran realmente y no pueden reconciliarse entre sí, entonces cada uno declara al otro un loco y un hereje».









