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POR QUÉ IDEALIZAMOS
EL PASADO
En redes sociales se multiplican estos días las imágenes
comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos
las acompañan: «Así éramos entonces», «cuando todo era más sencillo», «antes de
que el mundo se torciera». Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas
despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.
No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el «último año bueno». Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. ¿Pero es correcta esta percepción?









