LA ÚLTIMA AUTORIDAD
Nadie se llevará a engaño si asegura que el confinamiento
ha trastocado algunos aspectos fundamentales de su cotidianidad; y sin embargo,
no será lo suficientemente riguroso en el ejercicio. Hasta la llegada de la
reclusión obligatoria de la que se hizo acompañar por un conjunto de medidas
destinadas a castigar nuestro día a día, la virtualidad jugaba un espacio
estratégico. Ensanchaba nuestras facultades para satisfacer los quehaceres y
ocupaciones de una vida acelerada y altamente afanada; las tornas han cambiado
y lo que antes multiplicaba ahora divide.
¿Qué es lo que ha ocurrido? La virtualidad que hasta
entonces era vía para el caminante se ha convertido en meta para el peregrino.
De la virtualización de ciertas actividades humanas hemos
transitado a la virtualización de la entera existencia. Es como
pasar de presumir un reloj en la muñeca a hacer de nuestro cuerpo la aguja de
un reloj. Antes lo virtual extendía los límites de la realidad; ahora la
realidad viene absorbida por el mundo de la pantalla. Y esto tiene
consecuencias determinantes.