VACUNAS: NO TODAS SON
IGUALES
Los casos de las vacunas de la difteria y del virus del
papiloma humano.
Las vacunas
son medicamentos contra las enfermedades infecciosas con más de doscientos años
de antigüedad, y algunas han logrado un inmenso impacto en salud. Por ello, hay
un grupo llamadas vacunas sistémicas que son recomendables
universalmente. Incluyen las vacunas contra la poliomielitis, difteria, sarampión,
rubeola, parotiditis, tosferina y tétanos [1]
Existen otras
vacunas recomendables en situaciones específicas; por ejemplo, contra la rabia, el
rotavirus, la meningitis, el neumococo, la fiebre amarilla, la fiebre Q, el
cólera, la tuberculosis y otras.
Hay vacunas en
desarrollo, muy necesarias, pero que hasta ahora no han logrado su
comercialización
pese a sus futuras ventajas; por ejemplo, la del paludismo y la del dengue.
Hay otras
vacunas en las que existen pruebas que desaconsejan su uso en general, como las utilizadas
contra la gripe y contra el virus del papiloma humano (https://liberacionahora.wordpress.com/2015/04/10/autorizan-comercializar-nueva-vacunavph-sin-aclarar-los-danos-por-efectos-adversos/).
Son vacunas que provocan más daños que beneficios y que sólo se justifican por
el interés comercial de sus promotores (industrias, expertos y algunas
“sociedades científicas”).
Algunas
vacunas, como la del sarampión o la tosferina, producen inmunidad de grupo, de
forma que los individuos vacunados forman una barrera que defiende a los que no
se pueden vacunar o no tienen “defensas” (pacientes inmunodeprimidos, bebés en
sus primeros días y otros). Algunas vacunas no tienen tal efecto -como la del tétanos
o la de la rabia- pues sólo protegen a quien se vacuna.













