LA ENCRUCIJADA DE OCCIDENTE
LA VIOLENCIA MIMÉTICA
De niño me divertían mucho las peleas de todos contra todos que aparecían en muchas películas del oeste. Solían ocurrir en la cantina. La cosa empezaba por una pequeña riña entre dos, pero sin saber muy bien cómo ni por qué, el saloon se convertía en pocos segundos en un campo de batalla donde volaban sillas y botellas. Normalmente la escena se resolvía en clave de comedia y, tras un fundido en negro, se pasaba sin solución de continuidad a otra escena completamente diferente.
Siendo adulto uno se da cuenta de que los cineastas de Hollywood nos engañaron un poco. En la vida real no era muy probable que aquello concluyese amistosamente: si el pueblo del salvaje oeste era lo suficientemente salvaje ―y solía serlo―, la cosa solo podía acabar de dos formas: o bien se autoaniquilarían sumidos en una espiral de violencia o bien tendría que ocurrir algo imprevisto que trajera de nuevo el orden a la cantina.
