15/10/19

Cuánta gente está dispuesta a volver del revés el calcetín de la insustentabilidad?


CAPITALISMO VERDE 

No (tampoco como Green New Deal), sino ecosocialismo (descalzo)

Si fuésemos capaces de racionalidad colectiva…

La Gran Aceleración en la segunda mitad del siglo XX condujo a la extralimitación (overshoot ecológico en el decenio de 1980, más o menos). Este choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta, esta extralimitación, es el tema de nuestro tiempo.

Es el momento de parar”, nos dijo el visionario artista canario César Manrique en 1985. Pero no paramos, al contrario: aceleramos todavía más… En 1986 sostenía desde su isla que “Lanzarote está tocando techo, desbordada en el número de automóviles y turistas…”[1] Pero desde entonces la población residente de la isla casi se triplicó (pasando de 57.000 habitantes a 150.000) y el número de turistas anuales se multiplicó por más de seis (pasando de 450.000 a más de tres millones). E igual que en este microcosmos canario, en el mundo del capitalismo globalizado en su conjunto. En vez de parar, o ralentizar siquiera un poco, el capitalismo fosilista aceleró todavía más.


La respuesta racional frente a la crisis ecológico-social –si fuésemos capaces de racionalidad colectiva– es la autocontención a todos los niveles, el “mejor con menos”. Metamorfosis y autoconstrucción decrecentista para sortear el colapso hacia el que vamos fatalmente encaminados (o al menos lo peor del mismo).

Se puede decir así: en el pasado, cada gran transformación (revolución) en el modo de producción –comenzando por la Revolución neolítica– aumentó la cantidad y la densidad de la energía usada por los seres humanos. Lo que necesitamos ahora –y con extrema urgencia– es lo contrario: usar menos energía (y por ello vivir en promedio con menos bienes y servicios, más localmente y más despacio). Esto supone empobrecimiento, en un sentido importante de la palabra “empobrecimiento” –aunque descendemos desde tan alto, en los países sobredesarrollados, que podríamos decrecer mucho y aun así vivir bien en términos materiales.[2]

El discurso del “decrecimiento feliz”

Insiste desde hace años Albert Recio en que algo que se echa mucho en falta en todos los movimientos críticos frente al capitalismo es “el diseño tentativo (pero orientador y mínimamente creíble) de algún proyecto de sociedad viable y deseable”.[3] Pero ¿no topamos aquí con una suerte de aporía? Si es viable, en el mundo real del overshoot ecológico que exigiría una respuesta de autocontención (cuyos aspectos menos atractivos consisten en contracción y empobrecimiento), no es deseable (para individuos socializados en el capitalismo como nosotros); y si es deseable, no es viable (en términos de sustentabilidad).

Hablamos de “transformación verde” o de “transiciones ecológicas”, y esto suena bien. Pero tendríamos que tener el valor de llamar a las cosas por su nombre: si no nos hacemos trampas en el solitario, eso significa empobrecimiento.

El discurso del “decrecimiento feliz” no es que sea engañoso,[4] pero omite señalar algo importante: usar menos energía quiere decir hacer menos cosas. Menos actividades de las que ahora apreciamos: turismo y viajes, sin ir más lejos. Para sociedades enganchadas a las satisfacciones consumistas compensatorias, esto supone un problema grave. “Viviríamos mejor”, es cierto –pero sólo si un cambio cultural concomitante nos permite una Umwertung aller Werte (diríamos con Nietzsche), una metamorfosis axiológica que sitúa la lentitud, la sobriedad, la espiritualidad y el amor en el pináculo de nuestros valores.

Aporía

Aporía: las políticas posibles intramuros de la ciudad humana (el Green New Deal de Alexandria Ocasio-Cortez al que se suman Emilio Santiago Muíño y Héctor Tejero con su libro ¿Qué hacer en caso de incendio?,[5] o la transición energética de Joaquim Sempere en Las cenizas de Prometeo,[6] o las propuestas de “crecimiento verde” de Robert Pollin:[7] todas son variantes del mismo “100% renovables” de alta tecnología a toda máquina) no entrañan la acelerada reducción de emisiones de GEI que necesitamos, ni permiten dejar bajo tierra la mayor parte de los combustibles fósiles aún existentes. No conducen a atenuar la tragedia climática ni a ralentizar la Sexta Gran Extinción. Para la “transición 100% renovables” en el marco de la “prosperidad” capitalista (esto es, sin aceptar un empobrecimiento ecosocialista), “necesitaríamos décadas de inversiones y todo el petróleo que podamos obtener (…) por el simple hecho de que construir los sistemas alternativos necesarios exige un gran gasto de energía”.[8]

Y las políticas necesarias desde el punto de vista de Gaia (pero también desde el interés general humano más allá del presente inmediato que desemboca en colapso), es decir, las que propugnan los movimientos decrecentistas[9] o mi ecosocialismo descalzo, implican un deliberado empobrecimiento colectivo igualitario… que las hace aparentemente imposibles en la ciudad humana.

Lo ecológicamente necesario es cultural y políticamente imposible. Y lo políticamente posible no sale de la trayectoria mortal en la que nos hallamos: ecocidio más genocidio. Lo que tiene potencial de mayorías no nos saca del atolladero ecológico. (Es el modelo del borracho buscando las llaves bajo la farola, en el chiste).[10] Y lo que nos sacaría del atolladero ecológico no tiene potencial de mayorías…

Y para completar la aporía: de todas formas, el empobrecimiento colectivo es inevitable (por el agotamiento de los combustibles fósiles), pero todo indica que caeremos en él de la forma peor: en el mundo hobbesiano que ya se prefigura hoy.

Empobrecimiento voluntario o barbarie

Vamos a empobrecernos colectivamente. La senda de descenso energético en que nos hallamos, garantizada por las leyes de la termodinámica, lleva a ese resultado. Según el físico Antonio Turiel, uno de los mayores expertos en energía en nuestro país, una estimación realista del potencial máximo que pueden proporcionar las energías renovables estaría entre un 30 y un 40% del consumo total mundial actual[11
Argumenta que una transición energética a las renovables implica forzosamente dejar de crecer y, por tanto, ir hacia economías de “estado estacionario”, incompatibles con el sistema socioeconómico actual. Además, insiste Turiel, dicha transición requeriría al menos tres decenios años de un esfuerzo equiparable a una “economía de guerra”, que eliminase toda actividad superflua y concentrase todos los recursos económicos en dicha transición.[12]

Así, cabe conjeturar que una transición al “100% renovable” sólo saldría bien si fuese al mismo tiempo una salida igualitaria del capitalismo y una contracción de emergencia, reduciendo drásticamente nuestro uso de energía –condiciones que, por desgracia, no parecen estar a nuestro alcance…

Hoy, en un solo día, consumimos unos siete mil años de la acumulación fotosintética que llevó a la formación de los combustibles fósiles.[13] A medida que va agotándose el inmenso tesoro fósil que ha posibilitado dos siglos de crecimiento económico acelerado, las ilusiones se disipan. Al mismo tiempo que los efectos climáticos de esa desacumulación de carbono fósil amenazan con llevarse por delante a la especie humana y tornar el planeta inhabitable para la mayor parte de las otras especies con las que hoy lo compartimos.

Termodinámica básica, ecología, y un planeta lleno de realimentaciones: nos empobreceremos colectivamente, o por las buenas o por las malas. Y “por las buenas” (de manera deliberada, racional e igualitaria, vale decir: con ecosocialismo y ecofeminismo) resulta casi inimaginable hoy.

También cualquier política seria para hacer frente al calentamiento global implica empobrecimiento material, por dos vías: dejar bajo tierra la mayor parte de los combustibles fósiles hoy aún existentes, y desviar recursos enormes de inversión hacia la nueva infraestructura energética renovable, que no puede permitirnos usar demasiada energía.

Como ya señalé antes, en un segundo momento, atendiendo a los maestros de tantas culturas (epicúreos, estoicos, cristianos, budistas, taoístas, etc), podemos insistir en que vivir con menos materiales y energía (con menos riqueza exergética) no implica necesariamente vivir peor, si somos capaces de actuar racionalmente sobre nuestros deseos, fines y prioridades (el programa de reforma intelectual y moral). Pero de ese bucle de realimentación decisiva (autocontención racional) ¿seremos capaces colectivamente? La sociedad no quiere ni oír hablar de las perspectivas sombrías, vale decir, de las que se hacen cargo de la realidad, de nuestra situación tal y como es hoy. De manera que, ya en el final del segundo decenio del Siglo de la Gran Prueba, parece imposible construir mayorías sociales diciendo la verdad.

Penúltima estación: de nuevo la tragedia del calentamiento global

Pensemos, para simplificar las cosas, sólo en la tragedia del calentamiento global (el síntoma mayor de todo lo que está funcionando mal en nuestros sistemas socioeconómicos). “La probabilidad de que quede algo de hielo permanente en el Ártico después de 2022 esencialmente es cero”, dice James Anderson, uno de los climatólogos más importantes del mundo.[14] Quienes entienden algo de las realimentaciones positivas del sistema climático y la liberación de metano y dióxido de carbono asociada con el deshielo del permafrost saben lo que eso significa: destrucción y muerte a escala masiva. Se podrían alcanzar los 3ºC de incremento (sobre las temperaturas preindustriales) ya hacia 2050 si no se mitigan vigorosamente las emisiones de GEI.[15] La profesora Manola Brunet (presidenta de la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial) estima que es bastante probable que alcancemos los 2ºC en 2035-2040 (también señala que, según varios investigadores, el calor ya almacenado en los océanos como efecto de las emisiones de GEI basta para saltarnos las dos próximas glaciaciones).[16]

Y ese umbral de los 2ºC establecido en los Acuerdos de París de 2015 (COP 21) probablemente “es un punto sin retorno en relación con los tipping points” o puntos de vuelco.[17] Pero incluso cumpliendo el objetivo de 1’5ºC o 2ºC de aumento de temperatura sobre los niveles preindustriales, no cabe excluir el riesgo de que una cascada de retroalimentaciones (colapso de la selva amazónica, descongelación del permafrost, descomposición de los hidratos de metano en el Ártico, aumento de la respiración bacteriana marina, pérdida de las capas de hielo polares o cambios en la circulación oceánica) pueda empujar al sistema Tierra hacia un estado de “Tierra cocedero” inhabitable (hothouse Earth).[18]

Sólo un cambio sociotécnico y económico revolucionario en un lustro, piensan investigadores como James Anderson, podría evitar el desenlace catastrófico (y él añade: usando geoingeniería, además). Pero nuestras sociedades básicamente miran hacia otro lado, y las elites político-económicas son nihilistas en un grado difícil de asimilar. El cálculo de alguna gente muy prominente en Silicon Valley es el siguiente: habrá ecocidio más genocidio –lo dan ya por descontado–, pero unos pocos superhombres sobrevivirán en la Tierra devastada, y yo que soy superrico estaré entre ellos.[19]

Y en realidad hay que conjeturar que las elites al mando, en todo el mundo, se orientan según esa perspectiva. (Elites que, como sabemos, han incrementado obscenamente su riqueza durante los últimos decenios, esa fase del capitalismo que para abreviar solemos llamar neoliberal: hoy sólo 62 personas tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial, unos 3.800 millones, con cifras de 2016.) Como viene señalando Bruno Latour estos últimos años, el fascismo de los años 1930 “tenía una ideología y un proyecto explícito de transformación, pero nada de ello hay tras las consignas del gran adalid del negacionismo, el ideólogo de Trump, Steve Bannon, que es un intelectual de cuarta categoría. La gran diferencia entre las políticas reaccionarias de entonces y de ahora es que éstas son solo un movimiento de escape para liberar a las élites de cualquier constricción en su camino hacia la hipermodernidad”. Estas elites nihilistas han construido un plan que da por supuesto el exterminio de la mayor parte de la especie humana y buscan una separación (“velocidad de escape”, diríamos con una potente imagen de la astronáutica y la ciencia-ficción) que sea “mezcla de biotecnología, inteligencia artificial, híper modernismo y prospección espacial. Un lugar poshumano donde esconderse sin ser despedazados por los pobres”.[20]

Sólo sociópatas nihilistas pueden no ver en esto una horrorosa distopía. Pero convertimos a esos sociópatas nihilistas en héroes culturales…

¿Aún no es tarde?

Hoy se extiende un gran debate entre quienes sostienen que “se acaba el tiempo” (pero “aún no es tarde”) y quienes pensamos que para muchas cuestiones decisivas “se nos acabó el tiempo”.[21] Para no deprimir y desmovilizar a los activistas, después de dar las malas (y peores) noticias los primeros insisten en que aún no es tarde (título de un valioso libro de Andreu Escrivà sobre calentamiento climático). Así por ejemplo Héctor Tejero, después de informar sobre novedades desastrosas en el deshielo de Groenlandia: “No, aún no es demasiado tarde para evitar las peores consecuencias del cambio climático, pero debemos seguir resistiendo y empujando, cada uno desde su trinchera, en la defensa de la transición ecológica contra la crisis climática”.[22]

Pero en un proceso que empeora constantemente, y sobre el que se supone tenemos algún control, “aún no es tarde para evitar lo peor” es mero truismo. Parece una frase informativa, pero no es así: siempre será trivialmente cierta (siempre habrá un estado aún peor que creeremos poder evitar, al menos hasta la total extinción de la especie humana). La cuestión, para mí, es que habrá umbrales traspasados los cuales vivir no tenga ya ningún sentido (aunque uno sólo pueda enunciar una frase así en primera persona).

Ojalá las cosas fuesen más sencillas. Mas, por todo lo anterior, creo que hoy no sería ya el momento de pensar en transiciones (ordenadas y graduales), de acuerdo con el paradigma del desarrollo sostenible (los ODS de NN.UU.) o el Green New Deal… Las alternativas son más bien SOCIALISMO O BARBARIE, REVOLUCIÓN O COLAPSO.[23] Lo que necesitamos es una contracción económica de emergencia, junto con una renaturalización masiva del planeta Tierra: lo he defendido en Ecosocialismo descalzo.[24]

Las verdades insoportables

Las “verdades incómodas” se nos han convertido en verdades insoportables –y no las soportamos.

¿Y entonces, nos cruzamos de brazos? No, pero hay que pensar en otras formas de acción (y de contemplación)… Quizá algo como una política de lo imposible, y una ética de lo imposible (con todo el lastre que supone algo así: soy bien consciente de ello). Más en la línea de lo que Extinction Rebellion (en nuestro país, Rebelión contra la Extinción) está intentando: una estrategia de desobediencia civil masiva, que probablemente fracasará (porque, como ha señalado Emilio Santiago Muíño en más de una ocasión, “no hay Gran Tarde ecosocialista ni Día Cero ni conversión cultural instantánea”), pero que al menos sí que está en línea con lo que habría que hacer.

La mente moral humana esencialmente es una mente tribal, como nos muestra la psicología moral evolucionista.[25] La frase más terrible de La mente de los justos, el importante libro de Jonathan Haidt, es ésta: “Sería genial pensar que los humanos estamos diseñados para amar a todos incondicionalmente. Maravilloso, pero bastante improbable desde una perspectiva evolutiva. Lo más que podemos lograr es el amor parroquial –el amor dentro de los grupos–, amplificado por la similitud, un sentido de destino compartido y la supresión de los polizones [free-riders]”.[26] Si ésa fuese la última palabra, si no pudiésemos aspirar más que al amor dentro del endogrupo (y a la competición destructiva con los demás grupos), realmente estaríamos perdidos: en la era de las armas de destrucción masiva y la tragedia climática, seguir adelante con las luchas competitivas entre Estados-nación y megacorporaciones nos lleva con seguridad al desastre total.

En cierto importante sentido la ética comienza precisamente más allá de nuestros grupos primarios, y la tarea esencial (desde el Tiempo Axial, el Achsenzeit de Karl Jaspers) es la superación de la moralidad tribal. Como he señalado en numerosas ocasiones, el paso difícil no es “del yo al nosotros”, sino del nosotros reducido (los grupos primarios) al nosotros ampliado, más allá del tribalismo.[27] ¿Imposible? A eso nos convoca la parábola del buen samaritano, magistralmente interpretada por Iván Illich.[28]

¿Somos capaces de autocontención?

Cambiar las reglas económicas, las prácticas sociopolíticas, los valores éticos. Sí, sabemos que deberíamos hacerlo, pues las sociedades industriales de hoy son absolutamente inviables. Pero ¿cuánta gente sabe esto? Y ¿cuánta gente se cree lo que sabe? (Pues, como sociedad, no nos creemos lo que sabemos.) Y finalmente ¿cuánta está de verdad dispuesta a volver del revés el calcetín de la insustentabilidad?

La gran pregunta acerca de la civilización humana reza: ¿somos capaces de autocontención? Ésa es la pregunta ético-política básica.

Susto o muerte”, conminan los niños en esa fiesta estadounidense importada que usted ya sabe. No necesito que nadie me recuerde que es una alternativa poco apetecible. Pero cualquier sociedad con un mínimo de racionalidad colectiva preferiría el susto (a pesar del mal trago inicial) a la muerte.[29]

Notas:

[1] César Manrique, Salvemos la isla de Lanzarote, Fundación César Manrique, Taro de Tahíche 2019.
[2] No se trata sólo –es obvio– de decrecimiento y vivir bien con menos. Reparemos en cómo la palabra power, en inglés, significa tanto “energía” como “poder”. La disponibilidad de energía puede incrementar nuestros poderes-capacidades (y lo ha hecho históricamente), pero también el poder de dominación. Vivir con menos energía, en sociedades tan jerárquicas y brutalmente desiguales como las nuestras, significa también un incremento de los conflictos sociopolíticos. La transición energética no implicaría sólo ajustarse a los límites biofísicos del planeta Tierra, sino que pone de inmediato sobre la mesa, con crudeza, las luchas contra la dominación y por la emancipación humana.
[3] Albert Recio: “Marxismo para el siglo XXI: algunas reflexiones y tesis revisionistas”, Revista de Economía Crítica 26, segundo semestre de 2018, p. 91.
[4] Por ejemplo, Yorgos Kallis: el decrecimiento no es crecimiento negativo o recesión, sino “un proceso organizado de desaceleración, con la liberación del tiempo para pasarlo con la familia y los amigos. Menos trabajo, menos producción y menos consumo, más tiempo para las cosas que realmente importan y nos hacen felices. Nuestras vidas serán mejores. (…) [Tener menos ingresos] no debería ser un problema si el Estado garantiza con el Estado de Bienestar, un nivel básico de servicios en educación, salud o vivienda. El dinero no es importante en sí mismo, no es un fin, sino un medio. Lo que ganamos ahora con dinero, lo podríamos obtener en un futuro con mucho menos dinero, y en muchos casos, mucho mejor sin dinero. El dinero no te hará amar, el dinero no te dará un amigo, el dinero no te hará reír. Seguramente, el dinero es necesario para asegurarte que tengas suficiente para comer o un techo bajo el que dormir. Para asegurar estas necesidades básicas, en nuestro conjunto tenemos dinero más que suficiente –nuestras economías son 2 o 3 veces más grandes de lo que eran solo unas décadas atrás–.” Entrevista de Alba Huerga a Yorgos Kallis, “La única forma de frenar el cambio climático es el decrecimiento económico”, Zeo, 13 de junio de 2019; https://plataformazeo.com/es/giorgos-kallis-frenar-cambio-climatico-decrecimiento-economico/
[5] El Green New Deal plantea aumentar el aprovechamiento energético mediante fuentes renovables y una electrificación masiva de nuestro sistema socioeconómico, generando toda una serie de puestos de trabajo (green jobs) que permitan mantener más o menos nuestra estructura socioeconómica y el crecimiento indispensable para el mantenimiento del capitalismo.
[6] Joaquim Sempere, Las cenizas de Prometeo: transición energética y socialismo, Pasado & Presente, Barcelona 2018.
[7] Robert Pollin, “Decrecimiento vs. Nuevo New Deal verde”, New Left Review 112 (en español), septiembre-octubre de 2018; https://newleftreview.es/issues/112/articles/robert-pollin-decrecimiento-vs-nuevo-em-new-deal-em-verde.pdf
[8] Jane King y Malcolm Slesser, No sólo de dinero…, Icaria, Barcelona 2006, p. 26. Y sin embargo, habría que matizar en el sentido que propone Daniel Tanuro:
“Es imperativo, para permanecer dentro de los parámetros ecológicos, reducir masivamente las emisiones de GEI, y por tanto la extracción, el transporte y la transformación de materiales, con el consumo de energía que implican. Por consiguiente, la transición socioeconómica debe enmarcarse en indicadores físicos. Por otro lado, y sobre todo, son precisamente las gigantescas inversiones necesarias para la transformación de los sistemas productivos, en particular del sistema energético, las que hacen que el decrecimiento en cuestión sea indispensable. La transición, en efecto, no consiste en decir que un sistema B podría funcionar como alternativa al sistema A, sino en indicar el camino que lleva de A a B. El sistema energético fósil no es adaptable a las fuentes renovables. Por tanto, hay que llevarlo al desguace lo antes posible y construir un sistema nuevo. La tarea es inmensa y requiere inevitablemente grandes cantidades de energía. Hoy, globalmente, esta energía es fósil en un 80%, es decir, fuente de emisiones de CO2. En otras palabras: si todo lo demás se mantiene igual, la propia transición será la causa de emisiones suplementarias.
Ahora bien, estas deben empezar a disminuir de inmediato, y muy radicalmente (…). En el marco de la lógica capitalista de acumulación, el problema es rigurosamente insoluble. Si dejamos de lado el negacionismo climático de Trump y Bolsonaro, la única respuesta del sistema consiste en desarrollar tecnologías insuficientes, inciertas y peligrosas, como la energía nuclear y la bioenergía con captura y secuestro del carbono (BECCS). En vez de hacer todo lo posible para no sobrepasar el umbral de peligrosidad de 1’5 °C, se opta por sobrepasar este umbral con la esperanza de que estas tecnologías permitirán enfriar la Tierra posteriormente. Es una locura integral, un sinsentido absoluto.
Sin embargo, el capitalismo verde se orienta hoy hacia estas soluciones de aprendiz de brujo. ¿Por qué? Porque la única manera racional de equilibrar la ecuación climática es intolerable para él. ¿En qué consistiría? Habría que decretar una movilización general, establecer un inventario de todas las producciones inútiles o peligrosas, de todos los transportes inútiles, y suprimirlos lisa y llanamente –sin indemnizar a los accionistas– hasta alcanzar la necesaria reducción de las emisiones. Ni que decir tiene que esta operación requiere medidas draconianas, en particular la socialización de los sectores de la energía y del crédito, la reducción masiva del tiempo de trabajo sin pérdida salarial, la reconversión del personal en las actividades útiles con garantía de renta y el desarrollo de servicios públicos democráticos.” Daniel Tanuro, “Colapsología: todas las derivas ideológicas son posibles” (entrevista con la revista Ballast), 
Viento Sur, 2 de julio de 2019; https://vientosur.info/spip.php?article14953 . Entrevista original en https://www.revue-ballast.fr/daniel-tanuro-collapsologie-toutes-les-derives-ideologiques-sont-possibles/
[9] Véase por ejemplo Mark Burton y Peter Somerville, “Decrecimiento: una defensa”, New Left Review 115 (en español), marzo-abril de 2019. En nuestro país, como se sabe, fue pionero Carlos Taibo (En defensa del decrecimiento, Los Libros de la Catarata, Madrid 2009).
[10] El borracho está buscando su llave debajo de un farol, aunque se le ha caído en un lugar oscuro veinte metros más allá, porque debajo del farol hay más luz.
[11] Antonio Turiel, “El ocaso del petróleo”, conferencia en el Centro Cultural Villa de Móstoles, Móstoles (Madrid), 5 de junio de 2017.
[13] Jane King y Malcolm Slesser, No sólo de dinero…, Icaria, Barcelona 2006, p. 110.
[14] Jeff McMahon, “We have five years to sabe ourselves from climate change, Harvard scientist says”, Forbes, 15 de enero de 2018; https://www.forbes.com/sites/jeffmcmahon/2018/01/15/carbon-pollution-has-shoved-the-climate-backward-at-least-12-million-years-harvard-scientist-says/#b658a88963eb
[15] Daniel J. Rowlands y otros: “Broad range of 2050 warming from an observationally constrained large climate model ensemble”, Nature Geoscience 5/ 2012; https://www.nature.com/articles/ngeo1430
[16] Comunicación personal en el curso el curso “Ante el Antrocpoceno. Cuando la humanidad desborda los límites biofísicos del planeta”, Fundación César Manrique (Lanzarote), 25 a 28 de junio de 2019.
[17] Carlos Montes, conferencia “Una aproximación sistémica a los grandes desafíos socioecológicos de la humanidad en el Antropoceno”, curso “Ante el Antropoceno Cuando la humanidad desborda los límites biofísicos del planeta”, Fundación César Manrique, Arrecife (Lanzarote), 25 a 28 de junio de 2019.
[18] Will Steffen y otros: “Trajectories of the Earth System in the Anthropocene”, PNAS vol. 115 num. 33, 14 de agosto de 2018; https://www.pnas.org/content/pnas/115/33/8252.full.pdf . Los autores indican con toda claridad que los cambios lineales incrementales en el sistema socioeconómico actual no son suficientes para estabilizar el sistema Tierra: se requieren cambios profundos en comportamientos, tecnologías, innovación, gobernanza y valores… Vale decir, una rápida salida del capitalismo. Un escenario de “Tierra estabilizada” requeriría dejar de emitir GEI, protección y mejora de los sumideros de carbono de la biosfera, eliminación artificial de CO2 de la atmósfera, manejo de la radiación solar y adaptación a los impactos del cambio climático ya inevitables.
[19] Raúl Zibechi, “Ellos se preparan, nosotros…”, La Jornada, 7 de diciembre de 2018; http://www.jornada.com.mx/2018/12/07/opinion/016a2pol . El artículo original de Rushkoff (del verano de 2018) en https://ctxt.es/es/20180801/Politica/21062/tecnologia-futuro-ricos-pobres-economia-Douglas-Rushkoff.htm
[20] Bruno Latour, “La modernidad está acabada” (entrevista), El Mundo, 19 de febrero de 2019; https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/02/19/5c653bb6fc6c8374038b45dc.html . Latour desarrolla su planteamiento en dos libros muy notables de filosofía gaiana: Cara a cara con el planeta, Siglo XXI, Buenos Aires 2017 (atención, la traducción desvirtúa el título: el original dice Face à Gaïa); y Dónde aterrizar, Taurus, Madrid 2019.
[21] Una discusión esclarecedora para esta cuestión, en relación con el calentamiento global, en https://www.theguardian.com/environment/climate-consensus-97-per-cent/2018/mar/28/climate-scientists-debate-a-flaw-in-the-paris-climate-agreement
[23] Sobre todas estas cuestiones he discurrido en Jorge Riechmann, Autoconstrucción, Catarata, Madrid 2015, especialmente el cap. 1.
[24] Jorge Riechmann, Ecosocialismo descalzo. Tentativas (con contribuciones de Adrián Almazán, Carmen Madorrán y Emilio Santiago Muíño), Icaria, Barcelona 2018.
[25] Jonathan Haidt, La mente de los justos, Deusto, Barcelona 2019, capítulo 9. Es un libro importante para quienes creemos en la necesidad de aquella “izquierda darwiniana” conjurada por Peter Singer. (Atención, “darwiniana” quiere decir “sensible a la biología”, no “entrampada en neodarwinismo dogmático”.) Haidt tiene un problemilla: incomprensión básica del capitalismo (y ello lastra mucho el capítulo 12). Pero aun así es un texto muy valioso para el “pueblo de izquierdas”, que sabrá compensar esa carencia.
[26] Haidt, op. cit., p. 354.
[27] Véase el capítulo 6 de mi libro Ética extramuros (“De una moral de proximidad a una moral de larga distancia”), Eds. UAM, Madrid 2016, p. 191-254.
[28] David Cayley e Iván Illich, Últimas conversaciones con Iván Illich, El Pez Volador, Pamplona 2019.
[29] Eso sugiere también Carmen Valor de Economistas sin Fronteras: “Susto o muerte”, eldiario.es, 20 de diciembre de 2018; https://www.eldiario.es/zonacritica/Susto-muerte_6_846275381.html


(Publicado previamente en la revista Nuestra Bandera, nº 244.)

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