6/9/17

Una gestión solidaria de reservas, semillas, conocimiento y procesos

LA VÍA CAMPESINA PARA CAMBIAR EL MUNDO


El pasado mes de julio se celebró en Bizkaia la VII conferencia internacional de La Vía Campesina bajo el lema “Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”. Se trata de un movimiento transnacional que reúne a unos 200 millones de campesinos, jornaleros sin tierra, pequeños y medianos agricultores, jóvenes y mujeres rurales, indígenas y trabajadores agrícolas migrantes de todo el mundo.


Defiende la agroecología campesina y la soberanía alimentaria como forma de promover la justicia social y la sostenibilidad, y se opone fuertemente a los agronegocios que destruyen las relaciones sociales y la naturaleza. La Vía Campesina cuenta con 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de todos los continentes. Es un movimiento político autónomo, plural y multicultural a la vez que se mantiene independiente de cualquier partido político y de cualquier tipo de afiliación económica o de otro tipo.

En la declaración final fruto de la conferencia desgranan los principales asuntos tratados y las líneas a seguir. Tras exponer los graves problemas provocados por el predominio de la economía financiera global y de las grandes corporaciones con importante ayuda institucional y apoyo de los medios de comunicación corporativos, ofrecen el contraste de su ejemplo frente a la crisis que vive la humanidad.

Mientras el agronegocio que ha crecido al calor de la mal llamada revolución verde ha propiciado un modelo excluyente e insostenible, la agricultura campesina e indígena sigue haciendo lo que ha hecho por milenios: producir alimentos sanos para sus familias, comunidades y pueblos.


Contra las leyes, privatizaciones y subvenciones que priorizan y ponen en bandeja los beneficios de las multinacionales a través de una burocracia uniformadora, la agroecología campesina ha preservado los conocimientos adaptados a cada ecosistema y la biodiversidad de las semillas compartidas.

Y ante las soluciones falsas como el capitalismo “verde”, los mercados de carbono y la agricultura “climáticamente inteligente”, la agroecología campesina es la base de la soberanía alimentaria que aquí se propone para los pueblos del mundo.

Para hacerlo, urge una genuina reforma agraria integral y popular, la defensa de los territorios indígenas y campesinos y la recuperación de los sistemas alimentarios locales.”

En la construcción del movimiento que proponen destacan varios apartados, la necesidad de “construir nuevas relaciones entre las clases populares del campo y de la ciudad”, así como la necesidad de “fortalecer las alianzas a nivel local, nacional e internacional”. La reforma agraria, la agroecología campesina y la soberanía alimentaria no son propuestas que competen exclusivamente a los trabajadores del campo sino que con ellas se mitiga el calentamiento climático y se construyen sociedades más justas y humanas.

Este movimiento también confronta el patriarcado y resalta el papel crucial de los jóvenes, temas a los que se dedicaron dos jornadas específicas en este simposio (y a los que nos referiremos más abajo). Entre otros aspectos, además, reivindica el papel de la educación para la lucha y para la transformación (por oposición a la estandarización conformista que impone la educación convencional) así como el papel de los medios de comunicación alternativos y la necesidad de construir una comunicación autónoma.

En un contexto extremadamente complejo, La Vía Campesina es un motor de lucha por la transformación y vela por la paz en el mundo”. Está logrando un nuevo reconocimiento para el campesinado dándole voz en los debates internacionales a la par que va ganando la confianza de buena parte de los pueblos y movimientos. Destaca, por ejemplo, el trabajo desarrollado últimamente para la consecución de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales. Finalmente hacen un llamamiento de colaboración para globalizar la lucha y la esperanza.

A lo largo de la semana de charlas también fueron presentados, además de otros documentos y mociones de solidaridad, dos informes clave. Por un lado, “Campesinos luchan por la justicia: casos de violaciones de los derechos humanos de los campesinos”, centrado en los continuos ataques a los movimientos campesinos; y por otro lado, “La reforma agraria y la defensa de la vida, la tierra y los territorios” que se fija en la incidencia de las luchas por la reforma agraria y en cómo han ido surgiendo nuevas estrategias para hacerle frente al rostro cambiante del agronegocio corporativo en el medio rural.

Tras días de debate fructuosos, cerramos esta VII Conferencia de La Vía Campesina y marchamos en la ciudad para pedir el compromiso de la sociedad civil para luchar con nosotros por el derecho a la alimentación, a la tierra, al agua y a las semillas”, afirmó Unai Aranguren, del sindicato agrario EHNE-Bizkaia.


En la IV Asamblea de Mujeres de La Vía Campesina, del año 2013, fue redactado el Manifiesto de las Mujeres del Campo como guía para la práctica feminista rural y como “una propuesta de cambio para la sociedad toda” en la que hoy se ratifican. En este manifiesto se recordaba que “Las mujeres, creadoras históricas de conocimientos en agricultura y en alimentación, continúan produciendo el 80% de los alimentos en los países más pobres, actualmente son las principales guardianas de la biodiversidad y de las semillas de cultivo, siendo las más afectadas por las políticas neoliberales y sexistas”.

Junto a la critica general al agronegocio que realiza este movimiento, denuncian que sin embargo su trabajo sigue invisibilizado, especialmente en el caso del trabajo de cuidados, “no valorizado, no apoyado, ni asumido colectiva y socialmente”, lo que aumenta su sobrecarga de trabajo y restringe su participación plena.

A esto se añade que las formas de violencia estructural se han multiplicado: violencia económica, laboral, ambiental, física, sexual, psicológica. Aumentan los feminicidios y la criminalización de sus organizaciones que, junto con la impunidad, dificultan el avance de las luchas de las mujeres. A menudo la represión sobre de los familiares masculinos les deja todo el peso de la supervivencia y protección de los menores que también se ven afectados.

Se reconocen avances ideológicos, políticos y legislativos en torno a su participación política, pero a menudo estos no trascienden ni en las prácticas organizativas ni en la vida cotidiana.

Es necesario ampliar el compromiso de todos los hombres y las mujeres que componemos la Vía Campesina, incluida la juventud, para asumir acciones concretas de la campaña en la cotidianidad y revertir el freno fundamental que implica la violencia para nuestras vidas.”

Ante todo esto hoy se ratifican en su compromiso de resistencia en el campo exigiendo que se reconozca su trabajo productivo y se comparta el trabajo reproductivo y de cuidado, y buscando la participación plena en las organizaciones, así como dar batalla para erradicar la violencia contra las mujeres, repudiar la guerra y contribuir a la construcción de la paz con justicia social. Se trata de “defender la madre tierra y luchar por la recuperación del buen vivir para toda la humanidad.”

Reivindican un feminismo campesino y popular que, valorando la diversidad, luche por unas relaciones de género basadas en la igualdad, el respeto, la cooperación y el reconocimiento mutuo. Un feminismo “transformador, insumiso y autónomo”, construido colectivamente “en la reflexión y en las acciones concretas”, apoyado en una formación feminista y un espacio propio dentro de las organizaciones en el que pueda fortalecerse su autonomía solidariamente.

Como se dice en su manifiesto, “la lucha anticapitalista y antipatriarcal  debe de ir a la par de la lucha por la igualdad entre los sexos y contra la opresión de las sociedades tradicionales y las sociedades modernas sexistas, individualistas y consumistas, basadas en el dominio del mercado.“

En esta declaración, además de compartir el diagnóstico, los valores y los objetivos anteriores, los jóvenes campesinos aluden a algunos problemas propios de su condición. Consideran que en general su trabajo, como el de los migrantes, está infravalorado y brutalmente explotado. Los bajos ingresos en su ámbito junto a los altos costes provocados por la inversión especulativa y el acaparamiento de tierras hacen más difícil que los jóvenes puedan prosperar en el campo. Además denuncian una discriminación por razón de edad que restringe su visibilidad y participación en los procesos y espacios de toma de decisiones. Por si fuera poco, los medios de comunicación dominantes promueven la idea de que la prosperidad solamente se encuentra en el empleo formal y urbano. Y todo esto se ve agravado por los severos efectos del cambio climático. Como consecuencia, la juventud se ve obligada a dejar el campo convirtiéndose en emigrante, y el consiguiente envejecimiento de la población rural pone en cuestión el futuro de esta forma de agricultura.

Su lucha busca una democratización que habilite la total participación de los jóvenes en los procesos políticos y de toma de decisiones. La reforma agraria y la Declaración de los Derechos Campesinos adquieren un significado especial para la juventud rural, que sin estas medidas seguirá viendo mermado su acceso al trabajo en el campo. Plantean “la formación agroecológica como un proceso integral, fortaleciendo las visiones técnicas, políticas e ideológicas, incluyendo las capacidades comunicativas clave y las herramientas metodológicas.” Destacan su papel en la transmisión del conocimiento tradicional heredado, y finalmente reivindican que invertir en la juventud campesina es “sembrar presente para cosechar futuro”.

De puertas adentro piden que, en este movimiento y en las organizaciones que le dan forma, los jóvenes “puedan desarrollar sus capacidades de liderazgo.” Y añaden que “debemos incluir en nuestro movimiento a toda la juventud que participa en la agricultura urbana, que intenta volver a la tierra, que construye Soberanía Alimentaria comunitaria o que trabaja para la justicia social.”


Reflexión final

Quizá la noción de Soberanía Alimentaria podría ganar terreno si desarrollara más su enfoque mutualista transnacional, no sólo en el ámbito de la comunicación y del activismo sino también en la provisión común de recursos materiales. A medida que se desarrollara, esto aportaría a los pueblos del mundo una mayor independencia respecto al mercado global, especialmente frente a eventos catastróficos, grandes crisis locales, chantajes endeudadores y situaciones de pobreza crónica. Una gestión solidaria y coordinada de reservas, excedentes, semillas, herramientas, conocimiento y procesos mermaría el exceso de poder de las corporaciones privadas.

El principal aporte teórico de La Vía Campesina ha sido hacer valer la idea de que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de la disponibilidad a corto plazo -enfoque de la agroindustria- sino que es crucial tener en cuenta además la forma de producir los alimentos. En la actualidad se confunde seguridad con maximización (cuando no con rentabilidad), y esta confusión está socavando precisamente los cimientos naturales en los que se puede basar la seguridad, además de no valorar el coste de una enorme exclusión y de una masiva y cruel explotación humanas.

La voz de este movimiento se va haciendo oír de modo creciente y obtiene reconocimiento también entre gobiernos y organismos públicos internacionales a pesar de que en general se está aún muy lejos de apostar decididamente por el planteamiento que defiende.

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