La
ternura es la dimensión humana que tiene la capacidad de reconstruir
el mundo y el conocimiento a partir de los lazos afectivos que nos
estremecen, se trata de una forma de entendimiento emotivo que vive
en el presente. Una forma de ligar a las personas y a los espacios en
los que habitamos.
La
experiencia de emocionarnos a través del cuidado corporal fraterno y
el intercambio lúdico implica una manera de percibir a los otros,
una manera de sentir principalmente a través del tacto, el olor o el
gusto (todas ellas sensaciones que son limitadas por nuestra sociedad
en beneficio de la vista y la audición).
Llenar
la vida cotidiana de ternura exige una inversión sensorial para
resignificar nuestro modo de comprender, percibir la singularidad de
cuanto nos rodea requiere de esos pequeños goces y exaltaciones
emocionales que estimulan nuestra voluptuosidad.
