Tenemos,
en muchos sentidos, necesidad de abrir un proceso
constituyente.
Es decir: reflexionar y esbozar un proyecto de convivencia de
futuro, casi presente, y lo necesitamos imperiosamente. En ese
necesario proyecto me gustaría que todas pudiésemos hablar de
España y de Europa, como algo nuestro. Desde lo emocional. Desde el
sentimiento. Sólo si sentimos como nuestro el territorio que
pisamos, no por poseerlo, sino porque nos acoge, tendremos un
proyecto que valga la pena y que consideremos nuestro.
Ese
proyecto debe estar ligado al territorio, pero no entendido éste
como superficie y divisorias sino como continente del paisaje y de
las personas que lo habitan. Paisaje que, mientras perdura, es
testimonio de pasado y esperanza de futuro, y que debemos cuidar. Por
otro lado, las/os ciudadanas/os somos sujetos titulares de derechos
políticos a la vez que, como tales sujetos, estamos sometidos a las
leyes autonómicas, estatales y de instituciones supraestatales como
la Unión Europea, además de otros marcos normativos globales como
los tratados de libre comercio, limitadores de soberanía, sin duda.
Porque la soberanía tiene distintas escalas.
