25/6/19

La liberación de la tecnología se convierte en una esclavización por los gadgets.

PROGRESO Y TECNOLOGÍA
Para cualquiera que haya nacido dentro de la España del ‘desarrollo’, un exprimidor de naranjas es un aparato eléctrico. Los aparatos mecánicos que resultaban familiares a nuestros abuelos pueden resultarnos conocidos ya sólo por los mercadillos de trastos viejos, o acaso por haberlos visto usar en algún viaje por países ‘atrasados’ como Marruecos o Turquía.

Y, sin embargo, el exprimidos mecánico es tecnológicamente superior en todo al eléctrico: requiere menos esfuerzo físico del usuario o usuaria (sólo bajar una palanca, en lugar de pasar un rato oprimiendo una naranja en posición antinatural); es prácticamente irrompible y eterno, por la sencillez de su mecanismo; menea menos el zumo de naranja, que resulta así de mejor calidad; permite mayor autonomía, al no requerir corriente eléctrica; es ecológicamente superior por el ahorro en energía y materiales que implica ( al no consumir electricidad no contribuye al ‘efecto invernadero’ o a la nuclearización del mundo; y dura para siempre, en lugar de ser un aparato de ‘usar unos años y tirar’ como el exprimidor eléctrico ).


Esos dos aparatos son emblemáticos de nuestra situación actual: el que se identifica con el progreso – y ha conseguido anular por completo a su competidor en los países ‘desarrollados’- es el peor, y en el tránsito del uno al otro hemos traspasado un límite que una sociedad racional respetaría.

La supuesta liberación a través de la tecnología –por la vía del creciente dominio sobre la naturaleza exterior e interior del ser humano- se convierte, en aspectos decisivos de la condición humana, en una esclavización por los gadgets.

¿Seremos capaces de aprender a tiempo cual es la forma correcta, productiva, de exprimir una naranja?

Todo tiene un límite: Ecología y transformación social. Debate. 2001


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