3/4/14

Existe una cultura de sostenibilidad, entendida como respuesta a un mundo con una pauta de producción y consumo disparada

ECOSISTEMA COLABORATIVO 
¿PASADO Y FUTURO DE LA ECONOMÍA?

Últimamente, se están acumulando indicios de que el llamado consumo colaborativo está pasando de la fase de simpática anécdota a la de alternativa creíble (e incluso a la de amenaza latente, según para qué intereses).

La patronal del autobús (Fenebús) ha planteado en los tribunales que las redes de coche compartido (en concreto BlaBlaCar) pueden suponer competencia desleal (aquí se puede leer el punto de vista de otra empresa del sector del coche compartido, Amovens, sobre este asunto). Airbnb, una red para compartir alojamiento entre particulares, vale tanto como la cadena hotelera Hilton, mientras que una empresa que permite localizar coches con conductor se acerca al valor (de mercado) de la firma de coches de alquiler Hertz.

Estas tres nuevas empresas no tienen autobuses, ni coches, ni hoteles. El “hardware” lo ponen los particulares. En este caso utilizan el enorme e infrautilizado parque de vehículos privados, alojamientos y carnets de conducir. Esto se puede extender a muchas más cosas: habilidades personales de todo tipo, herramientas, electrodomésticos. Imagínense la reducción de huella ecológica que eso supone.


Una persona puede “fabricar” o necesitar cualquier cosa y, gracias a la tecnología de internet, dar salida a sus productos o bien obtener respuesta a sus necesidades con gran facilidad. Es un paso más a partir de los anuncios por palabras entre particulares de toda la vida.

Hágalo Usted Mismo: el nuevo ecosistema HUM

En paralelo y en estrecha relación con el consumo colaborativo, se extiende cual incendio en la pradera el modelo Hágalo Usted Mismo. Cocinar es un ejemplo. Los precocinados cada vez están peor vistos. A la gente le encanta volver a hacer su propia comida a partir de ingredientes crudos, incluso su propio pan. Lo de la cocina parece banal, pero tiene tanto mérito que cada vez más gente se empeña en tener su propia comida, incluso cultivándola ellos mismos, su propia energía, su propio medio de transporte desconectado de los surtidores de las gasolineras, ¡incluso su propio dinero!

Uniendo el modelo colaborativo y el modelo HUM, tenemos el germen de una nueva economía “horizontal”, basada en redes densas de intercambio entre personas que asumen simultáneamente el papel de productores y consumidores. Ahora mismo el ecosistema horizontal es pequeño comparado con el modelo vigente, “vertical”, basado en redes jerarquizadas de producción y consumo. Pero también era pequeño y simpático el sector de las energías renovables hace años, y ya ven lo que pasó.

¿La nueva economía sostenible?

Estas redes de colaboración, compartición y autosuficiencia, que existen desde tiempos inmemoriales, están cobrando un impulso nunca visto, hasta el punto que se está viendo ya la necesidad de ponerles límites legales (véanse los ejemplos anteriores o las trabas al autoconsumo eléctrico).

El revival de estas viejas-nuevas formas de economía se debe a internet por un lado, que permite redes sociales instantáneas de cualquier tamaño, y a otro factor no tan agradable: la penuria creciente. Un reciente convenio Endesa-Ayuntamiento de Barcelona nos recuerda que es necesario un plan general para acabar con la pobreza energética, así como de otras subsistencias básicas, como el agua, que tiene cientos de miles de cortes de suministro al año. Pero también, como reconoce este dictamen del Consejo Económico y Social Europeo sobre consumo colaborativo, existe una cultura cada vez más extendida de sostenibilidad, entendida como respuesta a un mundo con una pauta de producción y consumo disparada, en un planeta agobiado por amenazas climáticas y otros horrores asociados. Como nos recuerda el último informe del IPCC, la cosa está que arde.

Información de Señales de Sostenibilidad, Boletín Informativo de Fundación Vida Sostenible • núm. 71


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