6/6/17

Que la vida humana sea reconocida como algo valioso por sí mismo

QUÉ SIGNIFICARÁ SER HUMANO EN LA ERA DE LAS MÁQUINAS

La humanidad no es algo que se dé por sentado, sino que hay que construirlo.

La humanidad como especie ha atravesado tres importantes revoluciones a lo largo de su historia: la revolución agrícola, la revolución industrial y la revolución digital, que vivimos actualmente. La forma en la que organizamos la fuerza de trabajo disponible nos ha permitido pasar de pequeñas aldeas seminómadas de cazadores-recolectores a vastas ciudades donde viven millones de personas. Sin embargo, según diversos indicios e investigaciones, estamos por enfrentarnos a una nueva revolución civilizatoria, la cuarta en su tipo, y probablemente la más radical a la que nos hayamos enfrentado: la revolución de la automatización.

Es un tema frecuente en películas y libros de ciencia ficción: la inteligencia artificial se vuelve cada vez más capaz de resolver tareas y problemas que los humanos solían resolver en mucho más tiempo y con resultados menos satisfactorios. A la larga, la tendencia a la automatización de las funciones del trabajo es una realidad sostenida por factores de eficiencia técnica y económica, el trayecto “natural”, por así decirlo, del capitalismo. Una máquina no necesita turnos laborales de 8 horas ni periodos de descanso; las máquinas no forman sindicatos ni exigen que se respeten sus derechos. Son trabajadoras incansables que apenas requieren mantenimiento y pueden trabajar sin parar hasta volverse obsoletas. ¿Qué perspectivas arroja un mundo así para los humanos y su dependencia de la fuerza de trabajo para sufragar sus necesidades vitales más básicas?


Se estima que en cuestión de años la automatización será una realidad cada vez más visible. Numerosas compañías, entre ellas Google, Amazon, Uber y Tesla, están invirtiendo en investigación sobre vehículos y transportes automáticos, lo que volvería obsoletos, casi de la noche a la mañana, a millones de conductores y transportistas urbanos. Existen algoritmos que pueden revisar papeleo legal con mayor precisión que sus contrapartes humanos, los abogados, y en el área médica, la nanomedicina y la edición genética prometen extraordinarios resultados para diagnosticar, operar y atender pacientes, siendo incluso capaces de dar una segunda opinión por sí mismos.

Según la manera en la que se realice la transición hacia la automatización del trabajo, hablaremos durante el próximo siglo de una sociedad utópica o distópica.

Veámoslo con optimismo primero: una sociedad donde el trabajo haya quedado abolido a través de un recurso como el ingreso universal para todos podría ser el amanecer de una nueva era donde el trabajo manual y las labores propias de la supervivencia dejen de ser un lastre para millones de seres humanos, liberados así del yugo del tiempo de oficina, como predijeron filósofos modernos del optimismo, comoThoreau y Bertrand Russell.

Por el lado distópico, las inequidades actuales podrían agudizarse a niveles nunca antes vistos desde el feudalismo. La idea de una guerra decidida a través de algoritmos y teoría de juegos podría llevar a la inteligencia artificial a concluir que los humanos en realidad son un lastre innecesario para el desarrollo tecnológico. Históricamente, los grandes descubrimientos e innovaciones científicas ocurren como resultado de necesidades bélicas de los países, por lo que una automatización ciega podría significar el robustecimiento de políticas nacionalistas sostenidas militarmente, el empobrecimiento y desempleo de millones de personas cuyos empleos dependen directamente de economías más desarrolladas, y la ampliación de la franja de desigualdad entre las élites y los más pobres.

En este contexto, preguntarse sobre lo que constituye al ser humano no es una cuestión baladí ni ociosa, pues es justamente en los momentos de mayor tensión en los que el ser humano toma conciencia de su propósito como individuo y como especie. Sólo hasta que nos demos cuenta de que nuestra libertad no depende de las opciones disponibles de estilos de vida de consumo, podremos ser verdaderamente libres para transformar el mundo y buscar mejores condiciones para todos al pensar en términos de especie.

Decidirnos por seguir alimentando un sistema que tarde o temprano nos juzgará obsoletos, o bien luchar para que la vida humana sea reconocida como algo valioso por sí mismo y digno de preservarse. Como dijo de manera promisoria el sociólogo Jean Baudrillard, el reto de las generaciones de entresiglos es crear las condiciones de supervivencia para el ser humano como especie en el planeta, o enfrentarse a su desaparición.

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