UTOPÍA
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Dice Cornelius Castoriadis que todas las
sociedades crean sus instituciones, aunque la mayoría disimulen esta
creación detrás de un velo religioso o sobrenatural, y les dan
sentido. El sentido, según nuestra Real Academia de la Lengua es la
razón de ser o finalidad. El sentido es, según este razonamiento,
subjetivo y fundamentalmente social; así, se puede pensar que el
sentido de las catedrales es ayudar a la gente a alcanzar la vida
eterna o, contrariamente, ayudar a un cierto grupo a mantener
privilegios sociales. Lo mismo puede decirse de la administración de
justicia, las prisiones, el sistema educativo, etc. Este imaginario
colectivo es el principal mecanismo del orden social, incluso por
encima de la coacción y la ley.
Castoriadis
lo expresó de forma muy clara: En
la cima del monopolio de la violencia legítima, encontramos el
monopolio de la palabra legítima; y éste está, a su vez, ordenado
por el monopolio de la significación válida. El Amo de la
significación sienta cátedra por encima del Amo de la violencia.
Sólo mediante el fracaso que supone el derrumbe del edificio de
significaciones instituidas puede empezar a hacerse oír la voz de
las armas. Y para que la violencia pueda intervenir es necesario que
la palabra -el imperativo del poder existente- asiente su poder en
los "grupos de hombres armados". La cuarta compañía del
regimiento Pavlovsky, la guardia de corps de Su Majestad, y el
regimiento Semenovsky, son los más sólidos sostenes del trono del
Zar -hasta las jornadas del 26 y 27 de febrero de 1917, cuando
confraternizan con las masas y voltean las armas contra sus propios
oficiales-. El ejército más poderoso del mundo no puede proteger
nunca "si no" es fiel -y el fundamento último de su
fidelidad es su creencia imaginaria en la legitimidad imaginaria-.
