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4.7.16

Ponernos de acuerdo en hacia dónde queremos ir es fundamental

UTOPÍA 2.0
Una modesta utopía

Dice Cornelius Castoriadis que todas las sociedades crean sus instituciones, aunque la mayoría disimulen esta creación detrás de un velo religioso o sobrenatural, y les dan sentido. El sentido, según nuestra Real Academia de la Lengua es la razón de ser o finalidad. El sentido es, según este razonamiento, subjetivo y fundamentalmente social; así, se puede pensar que el sentido de las catedrales es ayudar a la gente a alcanzar la vida eterna o, contrariamente, ayudar a un cierto grupo a mantener privilegios sociales. Lo mismo puede decirse de la administración de justicia, las prisiones, el sistema educativo, etc. Este imaginario colectivo es el principal mecanismo del orden social, incluso por encima de la coacción y la ley.

Castoriadis lo expresó de forma muy clara: En la cima del monopolio de la violencia legítima, encontramos el  monopolio de la palabra legítima; y éste está, a su vez, ordenado por el monopolio de la significación válida. El Amo de la significación sienta cátedra por encima del Amo de la violencia. Sólo mediante el fracaso que supone el derrumbe del edificio de significaciones instituidas puede empezar a hacerse oír la voz de las armas. Y para que la violencia pueda intervenir es necesario que la palabra -el imperativo del poder existente- asiente su poder en los "grupos de hombres armados". La cuarta compañía del regimiento Pavlovsky, la guardia de corps de Su Majestad, y el regimiento Semenovsky, son los más sólidos sostenes del trono del Zar -hasta las jornadas del 26 y 27 de febrero de 1917, cuando confraternizan con las masas y voltean las armas contra sus propios oficiales-. El ejército más poderoso del mundo no puede proteger nunca "si no" es fiel -y el fundamento último de su fidelidad es su creencia imaginaria en la legitimidad imaginaria-.