La
implantación de la RBU podría revertir el rigor de la cadena de
necesidad y servidumbre en que ha venido a dar nuestra sociedad de
Trabajo y Consumo
1) La RBU, por la justicia, la equidad y el decrecimiento
Quienes defendemos la implantación de una Renta Básica Universal somos minoría aún, pero con abundancia de razones para convencer a quien preste oídos de que es un instrumento político eficaz en pro de la justicia como equidad, y que ayude a emprender políticas superadoras del crecentismo. Desde luego, la Renta Básica Universal (RBU) obedece a principios bien diferentes a los que sirven de inspiración de todas las rentas garantizadas, rentas mínimas, subsidios y ayudas implantadas desde hace muchas décadas. Estas son diseñadas y sostenidas para mantener la sumisión de la gente al Trabajo, lo que se viene utilizando a su vez de pretexto para legitimar políticas crecentistas (real o supuestamente creadoras de “puestos de trabajo”). Sin embargo, la RBU ha sido concebida para escapar al yugo del Trabajo, por lo que puede facilitar políticas no crecentistas y de reparto del trabajo socialmente necesario.
La implantación de la RBU no significará pues un paso más en la dirección política a que apuntan los subsidios y rentas vigentes. Eso piensan –o simulan pensar-- quienes temen su alto potencial impugnador, pues vienen arguyendo que la RBU comportaría un plus en la dirección que ya garantizan las rentas condicionadas y subsidios: incluir a más beneficiarios y más desembolso de dinero público; y que, aunque es atractiva por lo primero, es irrealizable por lo segundo. Simplemente no es así.
1) La RBU, por la justicia, la equidad y el decrecimiento
Quienes defendemos la implantación de una Renta Básica Universal somos minoría aún, pero con abundancia de razones para convencer a quien preste oídos de que es un instrumento político eficaz en pro de la justicia como equidad, y que ayude a emprender políticas superadoras del crecentismo. Desde luego, la Renta Básica Universal (RBU) obedece a principios bien diferentes a los que sirven de inspiración de todas las rentas garantizadas, rentas mínimas, subsidios y ayudas implantadas desde hace muchas décadas. Estas son diseñadas y sostenidas para mantener la sumisión de la gente al Trabajo, lo que se viene utilizando a su vez de pretexto para legitimar políticas crecentistas (real o supuestamente creadoras de “puestos de trabajo”). Sin embargo, la RBU ha sido concebida para escapar al yugo del Trabajo, por lo que puede facilitar políticas no crecentistas y de reparto del trabajo socialmente necesario.
La implantación de la RBU no significará pues un paso más en la dirección política a que apuntan los subsidios y rentas vigentes. Eso piensan –o simulan pensar-- quienes temen su alto potencial impugnador, pues vienen arguyendo que la RBU comportaría un plus en la dirección que ya garantizan las rentas condicionadas y subsidios: incluir a más beneficiarios y más desembolso de dinero público; y que, aunque es atractiva por lo primero, es irrealizable por lo segundo. Simplemente no es así.









