16/4/20

Dejar a la Naturaleza tranquila, dejar de destruirla y dejar de hacer cosas para arreglarla

NO HAGAS NADA (Más bien, deja de hacer cosas)

La principal actitud que he encontrado ha sido la de negación. Cuando la gente está (o estamos) en esa fase me dice, sin ningún tipo de prueba, que todo esto no es así. Punto pelota. O aportan pruebas de dudosa fiabilidad: incluso hay ingenieros que te arrojan cientos de gráficas sacadas de informes de empresas energéticas, diciendo que no veremos esto, y que hay suficientes reservas de lo que sea o que están trabajando en mil cosas con las que nos salvarán los científicos. A esta fase la llamo la fase NONO: sería una primera fase por la que casi todos solemos pasar la primera vez que nos exponen el problema.
Otra actitud frecuente que he detectado es la del ataque personal al mensajero, como si yo fuera el culpable de lo que estoy contando y el problema se solucionara haciéndome sentir mal. Habitualmente la respuesta es “Pues tú hablas del fin de la informática pero usas ordenador”, o “Mucho criticar, pero ¿tú qué has hecho por mejorar el mundo?”. A esta actitud la denomino la de los OFENDEDORES y hay algunos que viven permanentemente en ella.
Finalmente hay otro tipo de actitud vital que es la de EL QUE HACE COSAS. Este tipo de persona ya está haciendo cosas por salvar el planeta, y lo que hacen debería ser ejemplo de lo que hacer —piensan ellos— y, por tanto, cuando estás en esta fase te encanta compartir con todos lo que haces tú u otras personas. Son las personas más implicadas y lo hacen pensando realmente en salvar el planeta.

Siendo EL QUE HACE COSAS la fase-actitud más interesante, voy a enumerar lo que se suele hacer, insistiendo en que todos podemos haber pasado por estas fases:
  • “Me he comprado un coche eléctrico o híbrido.”
  • “Me he puesto paneles en casa y baterías para vivir aislado de la red.”
  • “Reciclo.”
  • “Me he hecho vegano/a.”
  • “He comprado ropa o un bolso hechos con plástico recogido de la playa.”
  • “He cambiado las bombillas a LED.”
  • “Me he puesto una estufa de pellets, o de leña…”
  • “He puesto un sistema de frío/calor con bombas de calor, que es más eficiente…”
  • “He cambiado todos los electrodomésticos a A++++”
  • “He puesto… He hecho… etc. etc. etc.”
  • “Me he pasado a una empresa de energía que…”
  • “Ya no viajo en avión, ahora voy en tren…”
  • “He dejado de comer carne.”
  • “Me cruzo el Atlántico en un catamarán de fibra de carbono: p”
  • “Voy a plantar árboles el Día del Árbol.”
Y lo que yo les digo es que se pasen a la siguiente fase, los DEJAR DE HACER / NO HACER NADA, a.k.a. NO HAGAMOS NADA. Si realmente quieres reducir tu huella de carbono en el planeta, si quieres dar ejemplo de verdad y que tu actitud fuese replicada por otros, NO HAGAS NADADEJA DE CONSUMIR o haz menos  pero pensando en serio lo que haces, porque, en última instancia, hacer cosas significa energía recursos y CO2.
Ahora mismo quien lea esto estará primero identificándose con una de las 3 fases iniciales, o tal vez tenga ya en mente su propia fase. Probablemente estés pasando una de las primeras, tal vez estarás en varias fases a la vez, y puede que hasta estés en la fase OFENDEDOR pensando en lo mal que te caigo.
A ver si hay suerte y hago que reflexiones y cambies de grupo o, al menos, entiendas mi punto de vista y no me odies tanto.
¿Qué quiere decir estar en la fase HACER MENOS Y NO HACER NADA?.
No hagamos nada significa: dejar de consumir lo máximo posible, dejar de consumir para solucionar problemas, dejar a la Naturaleza tranquila, dejar de destruirla y dejar de hacer cosas para arreglarla. Simplemente deja de consumir, deja de viajar tanto, deja de comprar cosas que no sean imprescindibles, y lo que tengas que comprar para sobrevivir que sea algo que no genere residuos. No intentes arreglar lo que ya has roto, deja que la naturaleza se regenere, pero, eso sí, deja de contaminar.
Repasemos las cosas que hace la gente. Primero los NONOS, que simplemente no cambian nada, quieren seguir consumiendo y viviendo eternamente como viven ahora, y esperan que alguien les provea mágicamente y les da igual la ciencia, los límites físicos del planeta, el petróleo, etc… No seas un NONO, y eso ya será un primer paso.
Luego los OFENDEDORES, que son personas incómodas con sus vidas en la sociedad de consumo, pero a quienes —sin saber por qué— todo les parece mal, les digas lo que les digas, hagas lo que hagas. Atosigan a los que piensan diferente, a los NONOS por ser felices en un mundo de consumo, y a LOS QUE HACEN COSAS porque ambas opciones consisten en hacer cosas. A los que HACEN MENOS Y DEJAN DE HACER ni siquiera los entienden, pero no les faltan reproches también para ellos. No es una fase en la que yo recomendaría vivir: hay personas que viven permanentemente aquí y deberían ir a terapia, pero si estás cambiando de fase probablemente pases por aquí.
LOS QUE HACEN COSAS: estos son los que más intento cuidar cuando les intento explicar las cosas, porque se esfuerzan de verdad por salvar el planeta. Son personas que realmente quieren un mundo mejor, que piensan en sus hijos y en la gente y se esfuerzan para conseguirlo. Cuando les explico los motivos por los que creo que no van por buen camino, pueden pasar a ser OFENDEDORES o NONOS, pero la probabilidad de que pasen a DEJAR DE HACER Y NO HAGAMOS NADA es alta, y por eso son también objetivo que cuidar y ayudar en el siguiente paso.
Con los NONOS y los OFENDEDORES no hay nada que hacer, es un paso muy personal que cada quien debe dar: deben ellos mismos pasar de fase. Centrémonos en LOS QUE HACEN COSAS y en las cosas que hacen.
Comprar un coche eléctrico o híbrido
Esto es para mí una de las peores decisiones que puede tomar alguien que quiere  salvar el planeta. Si no tienes coche, no te compres un coche, intenta vivir sin él, usa transporte público o bicicleta, camina, o —como mucho— un patinete eléctrico, que aunque también contamina no tiene nada que ver con lo que se contamina para fabricar, mantener y reciclar un coche eléctrico, y tampoco necesita el espacio público, carreteras, etc. que demandan los coches.
Si no te queda otra que tener coche porque es totalmente imposible en tu zona vivir sin él, porque vives en el campo, en un pueblo aislado, no te compres un coche eléctrico, que suelen ser muy caros, repletos hasta las trancas de tecnología y materiales, con emisiones más que cuestionables en los híbridos, y que requieren muchísimos recursos procedentes de todo el planeta. En el caso de que no haya otra opción, cómprate un pequeño utilitario de gasolina que tenga el motor más pequeño y sencillo posible, sin turbos ni cosas raras, atmosférico. Y si es de segunda mano, muchísimo mejor: todo lo que no sea fabricar cosas nuevas siempre es mejor opción.
Poner paneles y baterías en casa
Mucha gente —normalmente residentes en chalets o adosados unifamiliares— piensa de corazón que está haciendo lo mejor por el planeta instalándose en casa paneles solares. Estas personas que persiguen el sueño de vivir aislados, se sienten realizadas cuando pagan un poco menos en su factura de la luz, o directamente desconectan sus casas de la red. El problema es que ambas opciones no salvan el planeta en absoluto: en el mejor de los casos te ahorras algo de dinero, y aun eso está por ver. ¿Por qué? La energía que hace falta para fabricar todo el tinglado e instalarlo en casa, más el mantenimiento —sobre todo si es un sistema con baterías— no compensa el CO2, minería y energía comparado con los que pueden ahorrarle al planeta. Es más, salvo que realmente vivas en una zona aislada donde la única alternativa sería hacer una inversión en hacer llegar la red eléctrica a tu propiedad, hacerte una instalación aislada en casa supone duplicar cosas que ya están en la red eléctrica que pasa por tu casa; es decir, que vas a usar cosas que no hacen falta puesto que ya las tienes si tienes conexión a la red. Los gastos energéticos y económicos de tener una red eléctrica que llegue a tu casa se reparten entre todos los usuarios, y desde un punto de vista medioambiental siempre será mejor que toda la red pertenezca a todos, que no que cada miembro de una manzana de chalets tenga sus propios equipos que hagan todo, sus propios inversores, sus propios paneles, molinos, etc. Una opción más limpia y renovable podría ser tener instalaciones renovables por pueblos, o por manzanas de una ciudad, y que se paguen los equipos comunes entre todos. Pero aun así, mientras haya un red eléctrica, siempre será mejor para el medio ambiente simplemente pagar tu cuota y no montarte una instalación entera para ti solo/a.
Falsa sensación de independencia
Si vives en una ciudad, con servicio de alcantarillado en las calles, con alumbrado público, con servicios de recogida de basura, ambulancias, hospitales, colegios, supermercados, fábricas, oficinas, agua potable… no tiene ningún sentido que quieras vivir aislado de tus vecinos con la inversión tecnológica y de recursos que ello requeriría. En lugar de eso, lucha por mantener los servicios públicos y que no se deterioren, que ya están hechos, lucha porque sigan siendo de propiedad y gestión públicas.
La postura NO HAGAS NADA al respecto de la electricidad
Entonces, ¿qué se puede hacer con la electricidad para un mundo mejor? La postura NO HAGAS NADA en este caso es sencilla: no uses tanta electricidad, simplifica tu consumo, reduce la potencia contratada, vive con menos de 3 kW, o sea baja a 2,7, a 2,5 o incluso a 1 kW. Si todos redujéramos nuestra potencia contratada, y nuestro consumo, harían falta menos centrales de gas natural (ciclo combinado), menos carbón y menos de todo. Usa la electricidad para lo justo y necesario: comida y no pasar frío o calor, y todo lo demás ya según tu conciencia. Entonces, “¿mejor me paso a una empresa más comprometida con el medio ambiente?”, podrás pensar. Realmente no vas a cambiar nada con eso, aunque si te sientes mejor pues está bien, pero las renovables que dicen usar estas empresas precisan de petróleo para ponerse en marcha y su tasa de retorno energético no es buena, se suelen producir a cientos o miles de kilómetros de donde vives y si no existiera la red convencional no podrían existir, dependen totalmente de la red normal.
Pero el punto más crítico es que no se puede mantener la actual civilización con renovables. Es decir, que por muchas renovables que tengas y aunque te apuntes a una de estas empresas, no te va a servir para mantener tu actual ritmo de vida, no vas a solucionar nada consumiendo la misma cantidad de kW·h de una empresa comprometida con el medio ambiente.
Lo que sí marca una diferencia es que consumas menos: menos electricidad, menos aparatos eléctricos y electrónicos, que reduzcas la potencia instalada. Esto es lo único que sería realmente positivo, que si vives con 10 reduzcas a 5, con independencia de la empresa que te lo suministre. Sí que hay una ventaja contratando con este otro tipo de empresas, pero no tiene nada que ver con el medio ambiente, aunque es algo bueno: que el control de la distribución minorista de la energía lo pierden un poco las grandes empresas con intereses políticos de dudosa ética, pasando a manos de cooperativas. Lo que quiero decir es que sí que es positivo pasarse a una cooperativa de energía renovable, pero no porque sean mejores para el medio ambiente, sino porque ayudas a reequilibrar el reparto de riqueza.
Electrodomésticos
La postura del que HACE COSAS es tirar los nuevos aparatos (que pueden aún funcionar perfectamente) para comprar/consumir nuevos A++++. Todo lo que sea tirar cosas que funcionan para comprar cosas nuevas, es emitir más CO2  absurdamente en la fabricación. Por tanto, no tires electrodomésticos (lavadoras, frigoríficos, lavavajillas) que funcionan y, si no funcionan, intenta repararlos, puede que sean piezas sencillas de reparar. Si tienes necesariamente que comprar alguno, mira a ver si hay cosas interesantes de segunda mano cerca de ti. Tú también vende lo que no uses en tiendas de segunda mano. El mercado de las televisiones en este sentido es demencial: la gente tira televisores que funcionan perfectamente solo porque no tienen la última tecnología smart, o 4k y cosas así, e incluso van comprando cada dos años un aparato nuevo.
En cuanto al tema de las lavadoras, en muchos países no tiene cada quien su lavadora en casa, y no pasa nada. En España nos gusta tener todos lavadora en propiedad, aunque se use una sola vez por semana o cada 15 días. Es una especie de tabú usar lavadoras ajenas. Pero de nuevo, lo más importante es reducir el número de electrodomésticos: por ejemplo, una secadora en España es casi innecesaria, tender la ropa al sol siempre ha sido la mejor opción desde hace miles de años.
Las persianas normales tampoco necesitan motores eléctricos. No necesitas la última versión de móvil: cualquier móvil de segunda mano debería servirte igual, y aunque te diría que no usases móvil por muchos motivos, por desgracia para trabajar, para el banco hasta para el cobrar el paro es necesario un móvil. Y lo mismo vale decir para un ordenador: repáralo e instálale Linux en vez de tirarlo a la basura porque te va lento Windows.
Frío y calor
Mucha gente me cuenta lo que hace para pasar los inviernos y los veranos con la mayor dignidad posible. Las opciones que primero me plantean suelen implicar  tecnología y más tecnología: estufas, aires acondicionados, bombas de calor… Por desgracia el ser humano es muy sensible a la temperatura y lo empieza a pasar mal con temperaturas de menos de 15 grados o de más de 25. Fijaos lo serio que es el cambio climático para nosotros si las temperaturas se mantienen por encima de 25 grados y llegan a 50: no estamos diseñados para sobrevivir a eso, el Homo sapiens  está diseñado específicamente para el clima actual. Hemos podido conquistar otros climas, pero por defecto necesitamos un clima amable.
Lo primero que hay que hacer antes de plantearse meter más tecnología en nuestros hogares, es diseñarlos para que requieran la menor cantidad de energía para mantener las temperaturas entre 15 y 25 grados. Tristemente, en los últimos 50 años hemos mirado justo hacia la otra dirección, pues por culpa de tener energía aparentemente infinita hemos desoído la racionalidad y nos hemos puesto a solucionar todo con máquinas y electricidad a chorrón. Los pisos y casas con cerramientos y ventanas eficientes térmicamente han dejado de ser una prioridad para dejar paso a calefacciones centrales y aires acondicionados.
Todo esto nos pasa ya factura en forma de consumo de luz, gas, leña, gasoil… y nos la pasará más cuando estos recursos vayan escaseando.
Lo que sí se puede hacer en cualquier vivienda es aislar bien. Es algo muy manido, pero estoy aburrido de ver casas y pisos con ventanas correderas que dejan pasar el aire, el ruido y la contaminación y que requieren mucha calefacción en invierno y mucho aire acondicionado en verano. Un buen aislamiento en PVC o aluminio, unas ventanas de cristal doble o doble ventana, es algo que tiene su coste medioambiental, pero es muchísimo mejor que poner calefacción o climatización, porque su obsolescencia es de muchas décadas.
En cuanto al aislamiento de paredes exteriores, en principio las casas nuevas ya se hacen en España con huecos para rotura de puente térmico, y se puede mejorar más esa rotura si se añade aislamiento, todo esto también tiene un coste medioambiental que, repito, siempre será menor que consumir energía continuamente.
Por desgracia, esto ya es imposible de solucionar en muchísimas casas construidas, y, por tanto, cuando llegue la escasez, serán demolidas y reemplazadas por otro tipo de construcción.
Vayamos ahora con las persianas y toldos que evitan que entre la luz directa en verano y que aportan un poco de aislamiento extra en invierno. En España llevamos cientos de años teniendo persianas hechas con varillas de madera en las puertas y ventanas donde da el sol en verano, aunque ya nadie parezca acordarse de ellas. Pero es una tecnología simple que evita la entrada de insectos y de la luz directa, algo muy low tech y efectivo. Luego ya evolucionamos a las persianas de plástico y aluminio, que siguen siendo buenas aliadas para la climatización.
Abrigarse, calcetines de invierno y bata (¡si es que ya está todo inventado!), en vez de ir en manga corta por casa y tener la calefacción a 22 grados. Se vive muy bien bajando la temperatura del termostato a 20 grados y vistiendo tu ropa de invierno.
Hacer tu vida en habitaciones pequeñas, es otra buena recomendación. He visto casas modernas con comedores inmensos, incluso casas con dos plantas de espacio diáfano para que la planta de abajo se vea desde la de arriba. Todo esto es terriblemente costoso de calentar o enfriar; sí, la casa es muy moderna, pero los pasillos y habitaciones se inventaron precisamente para poder aislar unas estancias de otras. Se puede vivir muy bien climatizando solo una habitación de tu casa, lógicamente la que más uses. Y el resto tenerlas cerradas con sus puertas de madera si no las usas.
Lo de las puertas de madera merece también un comentario. A lo largo de las últimas décadas se ha ido poniendo de moda poner cristal en las puertas y hacerlas de otros materiales, pero resulta que usamos puertas de madera desde hace siglos por un motivo: la madera es aislante acústico y térmico. Estoy harto de ver comedores con vistosas puertas con cristales que hacen que salga todo el calor de la estancia a través de los cristales o por los puentes térmicos de sus materiales metálicos.
Las estufas de pellets y de leña son una mala idea, aunque se está poniendo de moda como una forma barata de climatizar la casa en invierno. Los pellets son un producto que requiere de energías fósiles para triturar y empacar la madera y requiere estufas con demasiada tecnología. También están de moda las estufas de leña: el problema es que poca gente se pregunta de dónde viene esa leña. Últimamente abundan en ciertas zonas empresas madereras que de forma dudosamente legal van cortando árboles aquí y allá para satisfacer la demanda, aunque luego aleguen que proceden de restos de podas y cosas así. Además, todo esto produce muchísimo humo que en un pueblo o ciudad acabaría contaminando el aire si todo el mundo lo usara, como pasaba antes.
Mientras haya otras opciones en pueblos y ciudades no es una buena idea. Otra cosa sería si vives aislado y la leña, restos de poda o incluso sobras de la producción agrícola la usas para calefacción: eso ya sería otro asunto, que podría justificar la elección como algo positivo. Así, por ejemplo, usar las cáscaras de las almendras o desechos de la oliva, aunque también podría ser más interesante crear fertilizantes naturales con todo eso.
Reciclar
He aquí uno de los puntos más polémicos de este texto: ¿es bueno reciclar? Pues desde el punto de vista de salvar el planeta, recordamos una vez el criterio básico: deberíamos utilizar la mínima cantidad de recursos posible. Entre tener una botella de cristal y usarlas cientos de veces o una de plástico y usarla una sola vez para después tirarla, no hay comparación. Es una locura lo que hacemos: ¡si incluso tiramos las botellas de cristal! Es algo enfermizo. Una gran parte del sistema mundial de reciclaje es controlado por las mismas empresas que fabrican estas botellas y residuos, y de alguna manera es una forma de poder seguir generando desechos con la excusa de que ya hay quien se encargue de recogerla.
Toda esta parte del reciclaje es demoníaca, y supone gran parte del problema al que nos estamos enfrentando.
Luego está el coste energético de reciclar: algunas cosas se pueden reciclar más fácilmente y otras menos, pero normalmente se van produciendo productos de peor calidad en cada reciclado, como se aprecia en los casos del plástico o del papel.
Aquí la clave está en centrarse en buscar la manera de no necesitar toda esta potencial basura, y es donde no se suele entrar porque afecta a las cuentas de beneficios de las empresas que fabrican los envases.
Si reciclas no estás salvando el planeta. Sí que haces algo por él si no consumes  productos que generen basura, algo harto difícil a día de hoy, pero no imposible.
Sí que existen ciertas materias primas que, puestas en la balanza de reciclar vs. extraer de nuevo de una mina, pueden aconsejar por rentabilidad energética su reciclaje. Primero habría que ver de qué objetos de un solo uso se puede prescindir, y ver cuáles que no son de usar y tirar se puedan reciclar o bien incorporar a procesos biológicos de reutilización para, por ejemplo, fertilizar. Pero en la filosofía del NO HACER NADA, lo mejor es siempre no producir basura a base de consumir muchísimo menos y siempre productos que no generen desechos que no sean fácilmente asimilables por los ecosistemas.
Hay muchísimo dinero en juego, de empresas muy importantes cuyo negocio consiste en vender productos empacados en plásticos y otros materiales (algunas tienen sus propias ONG’s y fundaciones medioambientales como denuncio en el artículo “Greta, thanks for coming“) que llevan décadas intoxicando y manipulando y atacando a todo aquel que cuestione el sistema. Si al final este texto tiene cierta repercusión esa gente irá a por mí sin piedad. Tienen a empresas de marketing y de opinión pública a sueldo, con trolls en Facebook, Twitter y blogs, que crean webs y webs falsos e interesados, asociaciones para hundir a todo aquel que no reme en su dirección.
“Me he hecho vegano”
Este es otro punto delicado pues hay mucho fanatismo contra todo aquel que mente el veganismo y no sea para decir cosas buenas. Ser veganos es una opción existencial, cuyo pilar fundamental es evitar todo sufrimiento animal, incluido el que tiene su origen en la alimentación humana. Desde mi punto de vista es algo que  solamente se puede permitir alguien del Primer Mundo: por desgracia, si eres pobre y tienes hambre comerás lo que puedas, sea de origen animal o no. Aun así, considero que una persona vegana es una persona QUE HACE COSAS, aunque habría que ser muy crítico acerca de muchos artículos que consumen los veganos que no son precisamente poco dañinas para el planeta.
Pero veamos: ¿ser vegano o vegana es mejor para el medio ambiente que ser omnívoros? Esa es la pregunta que hay que hacerse, sin pensar en el sufrimiento animal sino en la huella de contaminación y energética y ser pragmáticos. Y otro aspecto de la cuestión sería: ¿ser vegano/a es ser mejor para el futuro de la sociedad que no serlo?
Mi respuesta es que en absoluto ser vegana o vegano es mejor ni peor: la decisión de no comer carne o productos derivados de animales no convierte, por sí sola, al individuo en mejor o peor para el medio ambiente.
¿Por qué? Porque cada persona tiene un efecto en el sistema que depende de múltiples factores, no sólo de lo que coma. Un vegano con móvil, ordenador, coche, que compre en Amazon y que viaje fuera de su país a menudo, ¿es mejor que una persona que come pollo dos veces a la semana y que no viaje tanto, o que no tenga coche? Pues el vegano de este caso es claramente peor para el medio ambiente.
Pero pongamos otro caso: en igualdad de condiciones, pensemos en una vegana con móvil y coche vs. una omnívora con móvil y coche.
Pues de nuevo hay que responder que depende. Depende, porque si los productos vegetales de la vegana se producen destruyendo ecosistemas, y si la omnívora come pollo de la granja de un vecino y huevos… perdería de nueva la opción vegana.
Y ¿un vegano con su propia huerta ecológica vs. un omnívoro con su propia huerta ecológica y con animales de granja?
Pues, habría que analizarlo en detalle, pero una granja pequeña mantiene un equilibrio: animales que tienen una función y unos ciclos internos a la granja, además de aportar unos nutrientes que una granja vegana puede tener o no. En cualquier caso entramos en ambos casos, vegano y omnívoro, en los que sí se están preocupando de verdad de reducir el daño al planeta. Entonces, aunque hubiera una diferencia, no supondría ninguno de los dos un problema ecológico pues todo es producido de forma local. Los animales de granja tienen varias utilidades en la misma: no sólo aportan alimento en forma de leche, carne o huevos, también fertilizan, se comen los insectos que dañan las huertas (las gallinas son increíblemente útiles), e incluso durante mucho tiempo, cuando los animales vivían en la parte de abajo de la casa, aportaban calefacción. A día de hoy nos resultaría un poco desagradable y antihigiénico, pero hace 50 años era habitual que los animales vivieran con sus excrementos y su suciedad en la planta de abajo de la vivienda de sus dueños humanos.
Así pues, la cuestión no es que seamos mejores o peores siendo veganos u omnívoros, y por tanto no debería haber enfrentamiento ni competición al respecto, nada de superioridades morales. El verdadero problema consiste en habitar en el Primer Mundo siendo consumidores de ropa, tecnología, comida (ya sea animal o vegetal) producida con dudoso respeto al medio, etc. Después cada quien que coma lo que quiera, pero lo importante para analizar la realidad en este plano es  cuestionarse de dónde viene lo que comemos y qué coste energético y medioambiental supone para el planeta.
La cuestión de si son seres que sienten o no, y eso nos debe llevar a renunciar a alimentarnos de ellos, supone otro plano diferente que cada persona debe analizar desde su punto de vista pero que nada tiene que ver con la destrucción de los ecosistemas por culpa del consumo.
“He dejado de comer carne”
Centrándonos concretamente en el tema cárnico, que está constantemente en la palestra mediática, son muchas las preguntas que hay que hacerse. En principio cuesta menos energía producir vegetales que carne, eso es más o menos incuestionable. Por otro lado también costaría menos producir hongos que plantas… y no por ello vamos a dejar de comer plantas, ¿no? El tema es que el ser humano es por diseño un animal omnívoro, y podemos comer de todo y ello nos mantiene sanos. ¿Que quieres comer solo plantas, hongos o carne? Eso es una elección personal, pero si lo queremos analizar desde el punto de vista de nuestra responsabilidad ecológica, debemos preguntarnos: ¿es malo consumir carne para el medioambiente?
Partamos de que tenemos que comer para sobrevivir. Podemos dejar de tener coche, o de usar aviones, pero el ser humano necesita comer y el hecho es que la inmensa mayoría de nosotros comemos carne, y es algo que difícilmente nos podemos quitar.
Dicho esto, cuando se habla de que la producción de carne es mala para el planeta  considero que se está simplificando muchísimo un tema complejo.
Las preguntas que yo hago son: ¿De qué tipo de carne hablamos?, ¿quién la consume?, y ¿donde?, ¿cuánta energía necesita su producción?, ¿cuánta agua y tierras, según el tipo de carne?
La FAO informa de que el consumo de carne está cayendo en muchísimos países desarrollados en paralelo a la caída de la natalidad, y España es uno de esos países. Esto es muy positivo. También afirma que en Europa y en España se consume sobre todo carne de ave y de cerdo, y mucho menos de vaca.
La carne de vaca es la que más agua y energía requiere para producir un kilo de carne, siendo la de ave la que menos.
Entonces ¿se puede tener una dieta equilibrada en carne y vegetales que sea menos perjudicial para el planeta? La respuesta es que sí, y de hecho no creo que España sea el problema ni la mayoría de países pobres, ni los europeos ni los asiáticos.
El problema desde mi punto de vista son los países cuya dieta está basada en carne de vaca: los anglosajones y Sudamérica. Estos países deforestan mucho más que el resto para tener una gran cantidad de reses que alimentan con soja y otros cultivos que quitan espacio a cultivos de alimentos humanos vegetales, además de requerir enormes cantidades de agua y producir grandes cantidades de metano.
En mi opinión habría que atacar el problema desde aquellos que más consumen y producen, y no hablar simplemente de carne en general.
En España, por ejemplo, producimos muchísimo cerdo y la mayoría se exporta. Así pues, estamos contaminando España para que otros países no contaminen… eso es una externalización de la contaminación en toda regla.
“He comprado ropa o un bolso hechos con plástico recogido de la playa”
A esto es fácil responder: si has comprado, ya empieza mal la cosa. Si alguien en Australia ha recogido plástico de la playa, lo ha calentado, moldeado y fundido para hacerte un bolso, luego lo ha enviado por avión hasta Europa, pasando por una tienda o por Amazon y un mensajero te lo ha llevado a casa… poco has salvado el planeta con tu gesto, la verdad. Mejor sería si redujeses el plástico en tus compras del día a día.
“He cambiado las bombillas a LED”
Para empezar a analizar este asunto, recomiendo leer mi artículo “Cuántas personas hacen falta para enroscar una bombilla“.
Primero: si lo que vas a hacer es tirar bombillas que funcionan para poner otras nuevas, habría que tener en cuenta que el consumo de una LED respecto a una normal es de 1 a 5 como mínimo, es decir está muy bien el ahorro de energía, pero el coste de fabricarla y ponerla en tu casa, podría ser mayor que dicho ahorro. Esto es tremendamente habitual en ayuntamientos que están cambiando las luminarias por LEDs y realmente no están ahorrando nada, porque no cambian las normales que se van fundiendo, sino que tiran bombillas perfectamente funcionales, para cambiarlas todas por unas LEDs que duran 8 años como mucho y, a veces, iluminan menos.
Entonces, la postura NO HAGAS NADA sería cambiar las bombillas según se vayan estropeando y, si se puede, reducir el número de bombillas en casa: eso sí que sería bueno.
“Ya no viajo en avión, ahora voy en tren…”
Usar transporte público está bien, es mejor que usar tu propio coche. Dentro del transporte siempre es mejor usar transportes que estén pegados al suelo porque elevar algo tiene siempre un consumo de energía superior para desplazar cosas pues tienes que luchar contra la gravedad. Dicho esto, hay trenes que van con diesel, otros eléctricos, los hay con baterías… Lo ideal siempre sería los trenes eléctricos y sin baterías.
Pero este no es el problema. El problema es que viajar (el turismo de masas tal como se entiende hoy día) implica destruir: irte a cualquier sitio del mundo donde te hayan hecho un resort donde antes había naturaleza, para que desconectes de tu vida de consumidor(a), es peor para el medioambiente que irte a un pueblo de Extremadura a pasar unos días con la familia o con los amigos a una casa rural. Y si además tu destino está cerca de casa, mucho mejor. Esto llega el punto de que los recursos que utilizan los turistas pueden llegar a ser superiores a los que usan los propios locales. Además, el turismo va muy ligado a consumir y comprar masivamente… porque hay que mantener la economía nacional, que es el turismo. Pero todo esto, aunque sea bueno para el PIB, no es bueno para el medio ambiente. Entonces, ¿no hay que irse de vacaciones? Desde un punto de vista save the planet lo mejor es lo más sencillo: viajar cerca y pasarlo bien con los amigos sin tener que comprar cosas. Sin embargo, las vacaciones muy a menudo son algo enfermizo donde vas solo o casi solo (con tu pareja) con el objetivo de consumir cosas: son vacaciones consumistas, buscando lo que podrías tener en casa (amistades y experiencias). Y al final lo único que te acabas llevando son cosas compradas y comidas.
“Plantemos árboles para salvar el planeta”
Plantar así porque sí no tiene por qué ser bueno. Hay zonas que siempre han sido zonas de cultivo y que deberían seguir siéndolo para producir comida, y hay zonas que no necesitan más reforestación. El tema es muy sencillo: para NO HACER NADA, simplemente, dejemos de deforestar. Mientras algunos se plantean si plantar más o menos árboles, seguimos deforestando en todos los rincones de la tierra. Dejemos de destruir ecosistemas como el Amazonas y otros numerosos lugares del planeta, mucho mejor que plantar árboles sin ton ni son. Además la naturaleza es mucho más sabia a la hora de elegir qué árboles, pues ella misma se va autogestionando. Las campañas de reforestación suelen ser de unas especies muy concretas, a veces incluso pensando en vender de forma sostenible la madera.
También con nuestros hábitos de consumo podemos ayudar a no deforestar, por ejemplo no comprando alimentos cultivados en zonas deforestadas, ni muebles cuya madera procede de dichas deforestaciones. Una deforestación no significa sólo cortar árboles, sino que se destruye completamente el ecosistema, las cadenas tróficas que ha costado millones de años diseñar por selección natural. Cuando reforestamos no reconstruimos ese ecosistema, ni vuelven las cadenas tróficas originales; es más, muchas veces estas reforestaciones se usan para producir simplemente madera.
Es imprescindible parar de deforestar y dejarnos de tonterías reforestando lo deforestado. La naturaleza con tiempo se irá reconstruyendo del daño que hemos hecho, eligiendo los árboles correctos, las plantas correctas y la vida correcta; nosotros no podemos hacer lo mismo. Dejemos de hacer cosas, y sobre todo dejemos de destruir. He ido el Día del Árbol a plantar pinos y carrascas, y he visto cómo, para que cada familia tenga su pino plantado, se ha aplastado completamente toda la vegetación que estaba empezando a brotar en el área, todos los arbolillos que estaban saliendo y la vida que estaba regenerándose, para que los humanos planten un día sus arbolitos donde les venga bien a cada uno, cuando la naturaleza elegiría mejor por selección natural dónde va cada cosa. Por desgracia, además, la mayoría de estos árboles plantados de mala manera mueren en verano.
En fin, para los que me digan que solo me dedico a señalar problemas y que no doy soluciones (que no tendría por qué) creo que esto es un buen comienzo. Cualquier mejora, duda o incorrecciones en las que haya incurrido os invito a dejarlas como comentario al pie de este artículo.
PS: Hay otra forma de existir que no sé si es mejor o peor que el NO HACER NADA: intentar crear una nueva forma de sociedad y de entender la relación del hombre con el medio, pero es terriblemente complicado de hilar. Si puedes, lucha por un mundo mejor, pero con cabeza, no hagas cosas por hacer. Si estás en posición de tomar decisiones consulta a la gente que sabe, usa estudios científicos sobre consumos reales que implica cada opción y no te dejes llevar por las noticias pagadas por los que tienen interés en que todo siga igual.
Félix Moreno
(Texto publicado en el web del autor, e incluido en su libro Relatos colapsistas. Fue remitido por el autor en diciembre de 2019 y ha sido revisado por Manuel Casal Lodeiro para su publicación en 15/15\15.)

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