Una de las partes más enigmáticas de la película V
de Vendetta es aquella en la cual la joven Evey es torturada y
encerrada durante días, sin más comunicación que las cartas que intercambia con
un desconocido por un agujero en el muro de su celda. Cuando ella, ya sin
esperanza de salir con vida de aquella prisión, pregunta sobre ello al
desconocido, éste le responde: sal cuando quieras, la puerta está
abierta, ha estado siempre abierta. Evey se acerca a la puerta, la empuja,
y, simplemente, sale por su propio pie.
En estos extraños meses de pandemia, todas las distopías de la literatura parecen cobrar vida y a mí me llega con frecuencia a la cabeza esta escena de V de Vendetta. ¿Y si este interminable encierro del Covid-19 que nos está haciendo tocar todos los límites de nuestra resistencia colectiva fuera como la prisión de Evey: una celda con una puerta que nunca ha estado cerrada?
