LA CULTURA OCCIDENTAL
Hay quién afirma que Jesús era judío y que, con él, empezó
eso que hoy llaman “cultura judeocristiana”. Pero lo más sorprendente es que
hay también quién “pasa de rollos religiosos” y, aun así, está dispuesto a
defender, a muerte, esa misma “cultura”. ¿Cómo puede ser eso?
Para poder asegurar que Jesús era judío, antes habría que saber qué es ser judío. ¿Es el judaísmo una raza? No, porque a la vista está, que hay judíos semitas y no semitas. ¿Es un credo? Tampoco porque hay muchos judíos que se reconocen ateos (mayormente los askenazis). Ni siquiera podemos considerar judíos a los habitantes de Judea pues es una nación inexistente (Existe Israel, eso sí, pero ni todos los judíos son israelís, ni todos los israelís son judíos).
¿Cómo se puede explicar la existencia de judíos en todos los
países y en todas las épocas? ¿Cómo se explica que, cada país, haya tenido sus
propias juderías? ¿No tienen DNI español los judíos españoles? ¿No tienen DNI
los judíos de todos los demás países? Y en caso de conflicto entre los
intereses del judaísmo y del país que les concedió la ciudadanía ¿Qué interés
defenderían? ¿Por qué han sido expulsados los judíos de tantos países, a lo
largo de la historia conocida?
Los académicos que estudian el judaísmo reconocen que
puede incorporar elementos idiomáticos, étnicos, religiosos, pero sin ser
ninguno de ellos fundamental. La verdad es que el judaísmo no puede
entenderse más que como un modo de vida, una forma de vivir basada en el
interés, en la especulación. Consiste en comprar lo más barato posible y vender
lo más caro posible, haciendo lo que haga falta para conseguirlo
(Según ellos, el fin justifica los medios). Jesús decía -ama a tu prójimo-
Los judíos dicen -trata de liarlo, de confundirlo, de engatusarlo, de
engañarlo. Trata de “colocarle” lo que no necesita y aún de crearle nuevas y
falsas necesidades- ¿Quién trataría así al amado?
Es del todo imposible que Jesús fuera judío porque la
cultura del amor que él predicaba es incompatible con la cultura del interés
que estos predican. Él no creía que hubiera pueblos elegidos sino todo lo
contrario. Él creía en la igualdad, en que todos somos emanaciones divinas
(Hijos de Dios) y merecemos, por tanto, el mismo respeto.
¿De dónde surgió esa clasista cultura judía? De Egipto, según la Biblia. En ese libro se cuenta que un judío llamado José (Hijo de Jacob) desposeyó a todos los egipcios, especulando con los alimentos. También dice que sus descendientes ocuparon las tierras de los filisteos (palestinos) y allí levantaron un gran templo, al que todos debían ir, regularmente, a sacrificar, comprando los animales que les vendían unos sacerdotes con el dinero que les prestaban otros
Si Jesús la emprendió a latigazos con ellos
fue, precisamente, porque aborrecía ese “negocio”. Para él no eran
más que hipócritas.
Hoy los herederos de aquellos hipócritas dominan el mundo, son mayoría; pero tampoco es que importe mucho pues lo verdaderamente importante es ser tendencia y los hipócritas no lo son (cualquiera puede ver que están cayendo, víctimas de sus propias patrañas, atrapados en sus propias redes, en sus propias leyes).
Son judíos, aunque no lo quieran, porque
comparten plenamente la cultura del interés. ¿O debería decir culto al
interés? Comparten ese modo de vida que lleva a ver al otro como un
pardillo, como un ser inferior, como alguien a quién colocarle lo que no
necesita, a quien crearle nuevas necesidades, nuevas dependencias.
-Más dependencia es menos libertad- señalaba Jesús; y Jesús
amaba, sobre todo, la libertad. Es por eso que valoraba la pobreza, que no
es otra cosa que poner el interés en segundo lugar. Eso lleva a sentirse
orgulloso de lo que se ofrece, más que de lo que se gana (como los buenos
hosteleros). Cosa distinta es la miseria, que es lo que sufre quién no puede
pagar lo que ofrecen los judíos.
Pero lo cierto es que aún los hay dispuestos a defender ese
modo de vida, a muerte, aun no identificándose con el judaísmo, y aun despreciándolo.
No son judíos y puede que tampoco cristianos, son la suma imposible de
ambos. Ellos dicen que defienden la “cultura judeocristiana”, a
la que también llaman “cultura occidental”.

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