VOLVAMOS AL HUERTO
CONSUMO CONSCIENTE
Todos idealizamos la
comida. Nos hartamos de ver programas de televisión de
recetas de cocina o concursos Masterchef y acabamos pidiendo
comida a domicilio.
La responsabilidad colectiva
Todos queremos la comida sin aditivos, el cielo sin gases tóxicos, el suelo sin metales pesados, queremos las ciudades limpias… y culpamos al gobierno, a los ayuntamientos, a las multinacionales como causantes de todos nuestros males, pero ¿y nosotros qué hacemos?
El 99% de la población, los millones de personas que poblamos este planeta, ¿no deberíamos hacer un “mea culpa” por habernos metido en este callejón sin salida de comida basura, de ciudades sucias, de población enferma?El poder de nuestras decisiones de compra
Existe la comida
basura porque la compramos con nuestro dinero, nadie nos obliga. Comida saludable la hay, y habría más
si la gente la buscara, la potenciara, pero preferimos ir al supermercado
y llenar el carro con comida
“bonita”, con mucho envoltorio, sin preocuparnos de la huella ecológica, de los químicos que contiene, de los plásticos que conlleva, de la influencia que tiene en nuestra salud o
de cómo nos enferma.
En busca del producto local y artesano
Debemos ir en busca del agricultor local, del alimento
artesano que no precisa ni de conservantes ni de químicos para
alargarle la vida porque su consumo es inmediato, no ha de recorrer largos
trayectos, no ha de permanecer en cámaras
frigoríficas ni en congeladores.
Debemos buscar el
producto que no usa aditivos. Debemos ser consumidores conscientes de lo que comemos. Debemos
valorar nuestra salud y
también la salud que nos da el
alimento. Debemos buscar el
producto que no ensucia.
Debemos buscar estos productos fuera de los grandes recintos comerciales y, en
cambio, vamos a lo fácil y nos olvidamos de toda la filosofía importante. ¿Por qué nos duele pagar un poco más por lo local, lo
artesanal, lo ecológico,
aunque sean productos un poco “más caros”?
No señores, no
son más caros, son muchísimo
más sabrosos, de muchísima
más calidad, aunque no sean tan relucientes, aunque tengan algún
bichito. Son más caros porque cultivar
sin pesticidas es más difícil, las cosechas no están aseguradas, el
producto a veces es precioso pero a veces no…
La limpieza empieza por nosotros
Nos gustan las
calles limpias, pero que nos las limpie el ayuntamiento. Y si tenemos un
papel en la mano, muchos no buscamos la papelera, lo echamos al suelo o por la ventanilla del coche y nos
quedamos tan anchos.
Decimos “el
Planeta está plagado de plásticos”, pero ¿cómo se puede limpiar este
Planeta si el consumo de envases
de todo tipo es acojonante? Hace 60 años vivíamos sin ellos y ¿éramos menos felices?
Si despreciáramos los productos demasiado envueltos, las empresas rápidamente buscarían
alternativa.
Consumo consciente y local
¿Por qué no reutilizamos
más y reciclamos más? ¿Por qué no preferimos los muebles, la ropa, el calzado, los
alimentos de producción local, regional o nacional ante los
procedentes del otro extremo del planeta, todos ellos producidos por grandes multinacionales que
carecen de criterio ecológico,
que usurpan la materia prima a regiones vulnerables del planeta a las cuales
condenan a la miseria y a nosotros también?
¿Necesitamos tanta
ropa en el armario? ¿Necesitamos tantos zapatos? ¿Por qué no una pieza buena de producción cercana antes que diez de baja
calidad procedentes del otro extremo del planeta?
¿Necesitamos comer cerezas o
fresas en invierno o naranjas
en verano?
Volvamos al huerto
Todos idealizamos la
comida. Nos hartamos de ver programas de televisión de recetas de
cocina o concursos Masterchef y acabamos pidiendo comida a
domicilio.
Rosa Mari Gracia

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