LA FELICIDAD HABITABLE
Hoy en día, la
felicidad funciona como un significante vacío explotado hasta el hartazgo.
Abarca significados tan distintos en los que cabe prácticamente de todo: desde
el consumo de Viagra hasta los libros de Paulo Coelho.
A pesar de la banalización del término, a lo largo de las últimas décadas el neoliberalismo impuso la creencia de que la felicidad es el resultado del esfuerzo y del talento individual, un premio que se obtiene por ser productivo y competitivo. Es el discurso típico de la meritocracia liberal, según la cual cada uno llega hasta donde quiere en base a su propia valía. Para ello la meritocracia inculca la necesidad continua del siempre más: formarse más, trabajar más, demostrar más, tener más seguidores en las redes sociales, etc. La felicidad queda, así, aprisionada en los fríos muros del cálculo y la eficiencia.
