LA GRAN BOFETADA
Durante décadas, en Europa y en general en las democracias occidentales, la vida se desenvolvió bajo un marco previsible. Estudiar, encontrar trabajo, formar una familia, prosperar y asegurar la vejez eran metas alcanzables, casi parte de un guion compartido e incuestionable.
Esa
estabilidad estaba sustentada en el crecimiento económico y demográfico, pero
también en una paz social basada
en la certeza de que el mañana sería, si no mejor, al menos igual de seguro que
el presente.
Pero si algo nos enseña la Historia es que nada dura eternamente. El primer gran temblor llegó con las crisis del petróleo de los años 70: inflación, desempleo y, por primera vez en muchos años, la desconcertante revelación de que la prosperidad no estaba garantizada.

