"Una
persona se educa, socializa y construye su visión del mundo inmersa
en un contexto socio-cultural determinado. Del mismo modo que una
ranita que vive en un pozo podría pensar que todo el mundo se reduce
a ese entorno, las personas asumimos las leyes que rigen nuestra
cultura, economía y política como leyes naturales o, según el
caso, leyes divinas. Asimilamos y reproducimos en nuestro interior el
sistema cultural e ideológico en el que nos criamos y desarrollamos,
y la clave de esta interiorización no es tanto la coherencia o
solidez del discurso aprendido como, sencillamente, la asusencia de
cuestionamiento"
(Pablo Batto)
Comenzamos aquí
una nueva serie de artículos, dedicada como indica su título a
los mecanismos psicológicos y sociales que tienen que ver con el
modo y la forma en que la clase dominante nos trasmite su
pensamiento, y cómo quedamos sujetos a él, si no somos capaces de
desarrollar cierta capacidad crítica. Y partimos tanto del engaño
como de la propia desidia del ciudadano, que ambas tienen que ver con
el éxito de dicha transmisión.
Podemos comenzar
poniendo ejemplos, que es quizá como mejor se comprenden las cosas.
Bueno, pues por ejemplo, véase con qué "naturalidad" se
ha dedicado recientemente el nombre de una madrileña plaza a
Margaret Thatcher, la que fuera Primer Ministro británica durante
muchos años, responsable de la puesta en marcha en el Reino Unido de
toda la oleada de medidas neoliberales que desmantelaron los
servicios públicos, redujeron los salarios, hicieron disminuir el
poder y la influencia de los sindicatos, y empobrecieron a la clase
trabajadora británica durante décadas.
