El
capitalismo ha convertido la vida en un privilegio al mercantilizar
los derechos más básicos como la alimentación, la vivienda, la
seguridad o la educación.
La
miseria devora la cara de los niños menores de cinco años más
pobres, se llama “noma”
y a nadie le importa. La enfermedad recibe su nombre del termino
griego devorar, porque eso hace, gangrena huesos, músculos y carne
de los enfermos. Tiene una mortalidad del 90%. Los supervivientes
viven de por vida en medio del ostracismo social debido a sus
cicatrices, problemas respiratorios y alimenticios. La OMS
estima
que 140.000 niños contraen noma al año en el conocido como
“cinturón del noma”, que va desde Senegal hasta Etiopía. ¿Por
qué la denomino “la miseria devoradora de niños”? Lo hago
porque afecta a aquellos que solo hacen una comida al día
consistente en gachas de trigo, carecen de higiene bucal y sufren
desnutrición. Es el “mal” de los más pobres y por ese motivo
las grandes farmacéuticas -privadas- no mueven ni moverán un solo
dedo o destinarán un solo euro en su erradicación.
El
capitalismo ha convertido la vida en un privilegio al mercantilizar
los derechos más básicos como la alimentación, la vivienda, la
seguridad o la educación.

