HOMO SOVIETICUS
La lectura de un libro extraordinario La
explosión de la soledad de Erik Varden (un monje noruego) me ha
traído a la memoria la expresión con la que encabezo este post. Varden se
refiere a ella de pasada al analizar la obra de Andreï Makine porque su libro
no es político en ningún sentido, sino que se ocupa con belleza y hondura de
las cuestiones últimas de la vida humana, la memoria, la soledad, el silencio,
el mal, el miedo, la esperanza, la fe y el perdón, pero en su análisis esa
expresión recuerda un lema irónico sobre el ideal que ha recibido lo que acaso
sea el más dramático desmentido de la historia.
La expresión Homo sovieticus fue acuñada por el disidente Alexander Zinoviev y según Makine resumía las vidas de los doscientos cuarenta millones de seres humanos que vivían condenados al fatalismo, la resignación y la ausencia total de libertad. El comunismo ruso postrevolucionario sustituyó las sangrientas matanzas ligadas al origen por una administración letal del control sobre la vida de sus súbditos que borraba cuanto podía su individualidad y los confundía en una masa dócil, triste, gris y sin esperanza.


